To the Wonder: el pasado es un contraplano del presente

La apertura de To the wonder se produce con imágenes de una textura granulada, procedentes de una videocámara con la que Neil (Ben Affleck) y Marina (Olga Kurylenko) filman algunos instantes de sus vivencias en París, captadas en concreto en un tren que une París con el Mount Saint Michel. Y sorprende que una película de Malick se abra con este tipo de imagen, pues supone la intrusión de una imagen de escasa calidad en una poética del vuelo, pues la videocámara ejercita las mismas piruetas que la steadycam con que filma el resto del film.

Crítica de To the wonder

El triángulo amoroso entre Neil, Marina y el posterior personaje de Jane (Rachel McAdams) no le resultó satisfactorio a mi compañero Luis, tal y como ha señalado en su crítica, pero a mí me convenció, e incluso me parece que aporta algunos elementos a su estética, más allá de la reiteración en estilemas como la steadycam o la voz en off. Y creo que la elección de la videocámara es fundamental, pues una de las conquistas de To the wonder es, en mi opinión, la conciliación de la poética de Terrence Malick con espacios de la vida contemporánea. Si revisamos su filmografía anterior, todas sus obras están ambientadas en el pasado: Badlands (Malas Tierras) en 1959; Days of heaven (Días del cielo) en 1916; The Thin Red Line (La delgada línea roja) en la 2ª Guerra Mundial; The New World (El nuevo mundo) en el s. XVII; y The Tree of Life (El árbol de la vida) en los años cincuenta.

Sólo el fragmento de Sean Penn en The Tree of Life, con la omnipresencia del acero y el cristal en los rascacielos, y con ese árbol de la vida estancado en un pequeño cerco de naturaleza en mitad del asfalto, estaba ambientado en la actualidad, y la cámara se concentra en ese espacio, buscando destellos de belleza en su transparencia. Y es que gran parte de su poética parecía justificarse por un ejercicio de memoria, como si cada vuelo de la cámara fuese el recuero de un instante preciso, un ejercicio de nostalgia que se aprecia, especialmente, en The Tree of Life, donde todo el relato era una remembranza del hijo interpretado por Sean Penn: cada recuerdo es una densidad de belleza.

crítica de to the wonder

En To the wonder, Malick parece prolongar el tono contemporáneo de Sean Penn, pero sacando la cámara a la urbe. Y busca esa poética no sólo en la naturaleza, sino también en las construcciones humanas: la cámara se sumerge en el metro de París, en gasolineras en mitad de la noche, recoge una conversación por skype o una radiografía; logra retratar belleza en una época simultánea a la nuestra, lo que implica una cierta confianza en el presente por parte de Malick. Pero, aún así, hay espacio para el pasado y la memoria, pues en realidad, pueden distinguirse tres partes en la película, o más bien, una especie de díptico con epílogo, todas ellas fijadas a través de los dos únicos fundidos en negro que encontramos en el metraje, que ejercen una violencia fundamental en la levitación de la cámara y, sin duda, marcan un punto y aparte.

La primera comienza con la relación que Neil y Marina establecen en París, que motiva a ella a trasladarse a EEUU con su hija, y finaliza con el regreso de Marina a Paris ante el agotamiento de la intensidad de las emociones. Esta parte está se corresponde, en realidad, con la evocación del pasado por parte de Marina, quien desde su vuelta a París, ciudad que ahora ve hostil, rememora su relación fallida con Neil: estamos, pues, en las cavernas de la memoria de Marina, que transforma en imágenes su vivencia y la reinterpreta con la voz en off.

crítica de To the wonder

Y esta parte es especialmente interesante por la visión del otro que desarrolla Malick, pues el director logra suspender su visión cotidiana de los espacios que constituyen su vida, Austin, y mirarlos con ojos de extranjero: es en la mirada hostil de Marina y su hija a EEUU donde el film logra algunos de los momentos más intensos, pues los espacios parecen filmados como si se tratase de una película de terror, con edificios que desbordan al ser humano y lo arrinconan, generando una inquietud en el seno de la imagen. Es en la incomunicación radical de sus personajes con el entorno y entre ellos mismos donde un drama centrado en las relaciones de pareja logra generar sensaciones próximas a la inquietud de un film de terror.

En el ecuador, el film cambia radicalmente de tono mediante el primer fundido a negro, pues Neil inicia una relación con Jane (Rachel McAdams), de nuevo fallida pues Jane está ligada al pasado, es incapaz de desprenderse de él para comenzar una nueva relación (es el contrapunto de Marina, pues su nostalgia choca con la personalidad creativa de Marina); y entonces, Marina regresa de Paris. Esta segunda mitad es un ejercicio de presente: Malick continua extrayendo la en off en sus personajes, pero éstas se refieren, en su mayor parte, a una vivencia inmediata de los personajes. Ahora, imagen y voz en off se solapan, ya no hay una escisión temporal entre lo visual y lo auditivo, pues la voz interpreta lo que ha acaba de suceder, de modo que entramos en otro paradigma de visionado, en el que también aumenta la frecuencia de los diálogos.

crítica de to the wonder

Y otra cosa es, ya, el epílogo, de escasa duración, y expulsado por un segundo fundido en negro del resto del metraje. Aquí, Malick logra quizá su mayor experimentalismo en la dialéctica entre presente y pasado, pues si bien en el resto del metraje hay flashes constantes del pasado, que asaltan a sus personajes como síntomas de una inadaptación al presente, ahora ambos tiempos encuentran una profunda imbricación. Las fronteras que separan, de forma nítida, un instante pasado y otro presente, se difuminan, y en dos planos parece condensar todo el conflicto del film: un plano de Marina al atardecer en Texas con un contraplano del Mount Saint Michel. Así, el pasado funciona como contraplano del presente, como una cara B del presente, en una interrelación de la que es imposible desligarse.

Y, sin duda, uno de los elementos que más llama la atención es el personaje de Ben Affleck, apenas una sombra en el encuadre, una figura fugitiva del plano. No habla y no accedemos a su psique, pues Malick ha prescindido de su voz en off y, por lo tanto, no llegamos a conocerlo por sí mismo. Lo miramos, en realidad, a través de sus mujeres, que interpretan la vida compartida con él mediante la voz en off. Así, To the wonder se convierte, en realidad, en una película de mujeres, en una auscultación de la psicología femenina, y el hombre existe en tanto que se relaciona con la feminidad. Parece reinvertir la frase de Novalis, para quien "la mujer es el fin del hombre", pues en realidad, aquí la mujer es el principio del hombre. De hecho, en su encarnación de la masculinidad heternormativa, Malick parece haber encontrado poco interés en su personaje, que sólo se define por su profesión, pues es en el espacio labora donde emite la mayor parte de sus opiniones sobre el cadmio y otros elementos químicos.

crítica de To the wonder

Bueno, en realidad es una película de mujeres y de curas, pues Malick encuentra un nexo entre todos estos personajes, el Padre Quintana (Javier Bardem). Este personaje parece procedente del universo de Miguel de Unamuno, pues se trata del arquetipo del párroco con dudas acerca de su fe, como el protagonista de San Manuel Bueno Mártir, o incluso extraído de Los comulgantes de Ingmar Bergman. Por ello, inicia sus paseos por el lugar, en busca de la gracia dentro de la naturaleza, los dos caminos que ya definió Malick en The Tree of Life, y que busca siempre conjugar. Y es en sus paseos donde la cámara retrata a personajes procedentes de la marginación, que permiten una inclusión del feísmo en la poética de Malick, otra novedad de To the wonder.

Se agradece que, en la voz en off, respete siempre el idioma original de los pensamientos, pues cada personaje piensa en el idioma materno: Marina en francés y el Padre Quintana en inglés. Y, quizá, la mayor fricción que encuentro con el film reside en las reflexiones del Padre Quintana, que en ocasiones estallan en ideas de extremada religiosidad. No obstante, estas palabras pueden reinterpretarse en un sentido amplio, con una divinidad entendida como amor, por lo que pueden encontrar todo tipo de público, creyentes o no. De todos modos, es una espiritualidad proyectada sobre la naturaleza, y sin duda, sólo a causa de esa visión panteísta del mundo, podemos disfrutar de este tipo de obras: la cámara vuela porque la naturaleza tiene sentido para Malick, en ella encuentra destellos de significado. Por eso, puede surcar los aires, iniciar esa búsqueda en el seno de la realidad y, ante todo, permitir que nos embarquemos en su vuelo. Y si el Padre Quintana es nexo entre personajes, la naturaleza es el nexo superior entre todos los elementos del mundo fílmico, es de nuevo, el personaje protagonista.

4 estrellas