The trip: duelo de cómicos con las manos en la mesa

Muchas veces se dice aquello de que no es necesario conocer nada (o mucho) de una película para poder disfrutar de ella. Sin embargo, aunque no sea estrictamente necesario, sí podría resultar mucho más reconfortante afrontar una película como de The trip sabiendo quienes son sus protagonistas, que sin saber absolutamente nada de ellos. Michael Winterbottom, uno de los cineastas británicos más eclécticos (y modernos) del panorama contemporáneo, nos ofrece una películas casi tan excéntrica como sus dos protagonistas, Steve Coogan y Rob Brydon, ambos cómicos, aunque cada uno de ellos a su propia manera.

Crítica de The Trip - cartel

Partiendo del hecho de que no contaron con un guión preestablecido, más que la premisa de lo que iban a desarrollar (supongo), resulta bastante difícil establecer un límite entre lo que es real y lo que es ficción en The trip. A primera vista podría parecer realmente una especie de capítulo piloto de un programa de televisión que finalmente no fue aprobado (salvo que sí lo fue), pero en ese caso, resultaría ciertamente comprometido (y algo duro) un análisis de los personajes. Michael Winterbottom establece una clara dualidad entre sus dos protagonistas, ambos representativos de dos maneras opuestas de ver la vida. Mientras que Steve Coogan es retratado como un intelectual con aspiraciones artísticas que se le escapan, Rob Brydon representa un tipo de cómico más cercano y popular. Si el primero está separado y mantiene una relación telefónica con su hijo, a la vez que esporádicas relaciones sexuales con mujeres a las que apenas recuerda después, el segundo es un padre de familia cuya esposa está continuamente pendiente de él. Lejos de ser esa típica relación de amigos en el que uno desea lo que tiene el otro, al contrario, en The trip, cada uno de ellos se empeña en demostrar que su forma de amar, de reír y de vivir es la que verdaderamente han escogido por voluntad propia. Y la defienden a capa y espada. En cierta manera me recuerdan a aquellos dos oficiales de The duellists en la que fuera la ópera prima de Ridley scout, a partir de una fabulosa novela de Joseph Conrad.

Las lecturas e interpretaciones que el espectador saque de uno y otro, dependerán asimismo de la manera en la que cada cual viva su vida. Todo lo más, pareciera que Winterbottom quisiera pinchar un poquito a Steve Coogan, con el que ha trabajado ya en tres largometrajes, de los que indirectamente cita uno de ellos, 24 hours party people, al incluir en la banda sonora el fabuloso tema de Joy Division, Atmosphere. Y está claro que la atmósfera debió de funcionar muy bien entre los tres porque tan peregrina idea acabó realmente convertida en serie de televisión, que ya va por su sexta entrega en estos momentos. Cualquiera lo diría cuando estamos hablando de un programa culinario en un país que carece en absoluto de gastronomía.

Crítica de The trip - Steve Coogan y Rob Brydon

Debo advertir que la mejor manera de disfrutar de The trip es en su versión original. Más que nada porque la efectividad de algunos de sus gags recae directamente en las voces de los protagonistas y su capacidad para imitar voces. Particularmente la de Michael Caine. Contribuye bastante haber visto algunas películas suyas, como The Italian job (1969, Peter Collinson) o la fabulosa Get Carter (1971, Mike Hodges), pero tampoco creo que sea imprescindible puesto que todos somos conscientes de la peculiaridad de su acento cockney. La campiña inglesa permite que podamos disfrutar del paisaje y, sin que resulten desternillantes, lo cierto es que el duo protagonista consigue hacer de the trip un viaje ameno y agradecido. Más como una rara delicatessen cinematográfica que como un plato de cine tradicional, pero bastante sabroso. Aunque siempre será una cuestión de paladares, porque este plato no está hecho, precisamente, para todos los gustos.

3 estrellas