The Lords of Salem: propongo un conjuro para alejar a Rob Zombie del cine

Hay guiones que si estuvieran escritos por adolescentes de 12 o 14 años, podrían tener algún interés. Más que nada por la posibilidad de que ante un relato prometedor, su autor pueda madurar y llegar a convertirse en un cineasta de calidad. No es, desde luego, el caso de Rob Zombie, de quien desconozco el resto de su filmografía (que ya no quiero descubrir), porque con The Lords of Salem tan sólo consigue articular el prodigioso truño de un cineasta empeñado en demostrar que está tan desfasado y caducado como el vestuario que luce la protagonista de su película, que pareciera directamente sacado de los restos de armario de la diseñadora del vestuario de The Doors (o del armario de la madre de la protagonista).

Cartel para la crítica de The Lords of Salem

Intentar explicar lo que Rob Zombie pretende con su película, sería tanto como preguntarle a un adolescente cómo escoge entre las diferentes tribus urbanas que le ha tocado vivir. Claro que el director de la película dista bastante de ser un adolescente. En el fondo, se me antoja que su propósito (por apostar algo) pudiera ser el de postularse como creador de videoclips para bandas y artistas como Nine Inch Nails, Marilyn Manson o David Bowie, aparte de para sí mismo. Si bien su relato es insoportablemente torpe, desesperantemente obvio y absolutamente previsible, su capacidad para crear imágenes interesantes no deja de llamar la atención. Eso sí, es una belleza carente de fuerza, sin estimulación alguna, porque sus delirios satánicos no llegarían ni a escandalizar a los conservadores más recalcitrantes.

Tedio, sopor y aburrimiento son, en definitiva, las señas de identidad de una propuesta tan rancia como el pelo rastafari de su protagonista. Lo único que consigue llamarme la atención, aparte de las alusiones visuales a George Méliès, el cine de terror en blanco y negro que se cuela por todas partes o los delirios de la Factory de Andy Warhol en Flesh for Frankestein, que no bastan para que me sienta identificado artísticamente con su creador, es la pieza musical que perturba a algunas de las mujeres que la escuchan. Resulta decepcionante que no consiga provocar el mismo efecto entre el público asistente a la proyección, porque habría sido mucho más divertido que todos nos desnudáramos y termináramos haciendo un aquelarre delante de a pantalla, en lugar de terminar de ver la película.

Tres brujas maravillosas en la crítica de The Lords of Salem

El único aliciente que realmente podría tener acercarse a ver The Lords of salem, aparte de la intervención de Bruce Davison, absolutamente entregado como siempre, sería la recuperación de actrices como Maria Conchita Alonso, que no había visto desde hace mucho tiempo, y el redescubrimiento de "brujas" como Judy Geeson, que se hiciera muy famosa a finales de los sesenta y principios de los setenta tras su participación en títulos como To Sir, with Love o 10 Rillington Place; Patricia Quinn, auténtica musa de la modernidad desde que interpretara a Magenta en The Rocky Horror Picture Show; o la entrañable Dee Wallace, que seguro que muchos recuerdan todavía de títulos como The Howling y E.T. the extra-terrestrial. Y ¿qué me dicen de Meg Foster? Lo que no me cabe duda es que Rob Zombie tiene criterio para escoger con gracia y estilo a los integrantes de su reparto, lástima que en lugar de torturarnos con sus delirios cinematográficos no se haya decidido por crear una agencia de casting.

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