The Labèque Way: las complicidades de un dúo de hermanas pianistas

Son simétricas y, a la vez, diferentes. Con un físico similar, un virtuosismo compartido, pero con distinto temperamento a la hora de abordar la pieza, se presentan las hermanas Labèque, uno de los dúos de pianistas más prestigiosos de la escena contemporánea. Apenas se llevan dos años de edad, pues Katia nació en 1950 y Marielle en 1952, y ambas se compenetran hasta unas profundidades poco atisbadas en los dúos de piano, pues sincronizan sus manos aportando, cada una, un carácter diferente: Marielle suele ejecutar los sonidos más bajos, el ritmo base de la melodía, mientras que Katia es la ejecutora de las florituras más sorprendentes. Y The Labèque Way, dirigido por el español Félix Cábez, producida por El Deseo y presentada en el festival Documenta Madrid 2013, pretende descubrir algunas de las claves de su éxito y de su personalidad.

El motivo desencadentante de The Labèque Way es la residencia artística que las hermanas desarrollaron en Valladolid durante 2 años, y que sirve como motor de la filmación de sus conciertos y del backstage. Y, para seguir sus pasos, contamos con un guía inmejorable: el escritor italiano Alessandro Baricco, amigo íntima de las hermanas, y que describe en algunas frases memorables el carácter de cada una. Eso sí, su voz ha sido trasvasada al español, y el encargado de leer sus descripciones es el periodista Iñaki Gabilondo. Así, el documental cuenta con un inquietante cóctel, Baricco doblado por Iñaki Gabilondo, y esta voz en off sirve para dar unidad a este tour musical, y a la vez ofrece dosis de lirismo al metraje:

Porque al final, todos somos artesanos. Somos artistas dos o tres veces al año, pero el resto de los días somos simples artesanos.

crítica de The Labèque WaySi en algo destaca The Labèque Way es, sin duda, en la filmación de los conciertos y ensayos de las hermanas pianistas, llevando el género de documental de música hasta sus últimas consecuencias: el documental respeta todas las piezas interpretadas y las instala en el metraje íntegras, sin fragmentarlas por motivo de ritmo. En esto se diferencia de Searching for Sugar Man, que pese a reivindicar su carácter musical, siempre quebraba la banda sonora e impedía la libre fluctuación de la música; aquí no, The Labèque Way es un ejercicio de dejarse llevar por la música y enhebrar un metraje en torno a las piezas interpretadas por las hermanas.

La selección musical es muy amplia, mostrando el eclecticismo de este dúo que se atreve tanto con la música clásica, como con el jazz, el rock o el flamenco. En el documental las vemos interpretar While My Guitar Gently Weeps de The Beatles, con un grupo conformado por guitarra, bajo, vocalista, batería y teclado, en el que Katia se integra con su piano. También interpretan una pieza de flamenco con voz femenina rasgada, o la magnífica pieza Nazareno, procedente de La pasión según san Marcos del compositor Osvaldo Golijov. Y el documental se despide con la obra que les dio la fama allá en los años ochenta: la interpretación de Rapsody in Blue, de George Gershwin, con un azul intenso de neón como única iluminación, que fulge tras los dos pianos.

Pero sin duda, la pieza más intensa del repertorio es Bolero, de Ravel, filmado con gran virtuosismo. Los planos se suceden de acuerdo con el ritmo de la pieza, y cada vez son más breves, en un in crescendo de intensidad que pretende soportar la intensidad creciente de Bolero. Pero lo más interesante es el juego con la simetría y la asimetría en la interpretación: la pantalla se divide en dos en un primer momento, señalando esta necesaria colaboración entre cuatro manos, y a continuación, crea planos simétricos de rostros y manos que se repiten, y que funcionan a la manera de una respuesta mutua en la interpretación, y a la vez se solapan sutilmente.

The labèque Way

Ahora bien, el documental sólo funciona con estas piezas musicales, mientras que entra en un declive cuando trata de transmitir la personalidad de las pianistas o reconstruir la vida que rodea los conciertos, pues el director recurre a secuencias y planos de relleno que no aportan nada a la cinta. Por ejemplo, el revuelo del público antes del concierto en varios planos, totalmente prescindible y que resta ritmo; sólo la voz de Baricco (bueno, la de Gabilondo solapándose con las palabras de Baricco) logra generar interés en las secuencias no musicales. Quizá el documental haya decidido hacer recaer toda su fuerza en las interpretaciones musicales, pero hubiese sido preferible evitar el resto del metraje para construir una gran sinfonía cinematográfica y hacer así, honor, a la maestría de las hermanas Labèque.

3 estrellas