In the Dark Room: descubrir la historia amorosa de Carlos «El Chacal»

Casi todo el mundo conoce a Ilich Ramírez. Bueno, quizá no tanto por ese nombre, pero sí por Carlos "El Chacal", el apelativo que resulta de sumar el nombre de guerra que se dio Ramírez cuando se sumó al Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP), Carlos, y el apodo con el que lo bautizó el diario The Guardian tras encontrar la novela El día del Chacal, de Frederick Forsyth, entre sus pertenencias. Es considerado un terrorista por numerosos países occidentales, a la cabeza por Francia, quien lo mantiene en cadena perpetua por el triple homicidio de policías en 1975 y varios atentados que causaron 10 muertos entre 1982 y 1983; en cambio, para otros es un héroe, especialmente para Palestina o Siria o algunos sectores de Venezuela, que lo consideran un defensor de la causa árabe en su deseo de dinamitar algunos pilares del confort occidental. Su hazaña de tomar como rehenes a los ministros del petróleo en una reunión de la OPEP en 1975 queda para el recuerdo, y su figura despertó el interés del director Olivier Assayas, que realizó una miniserie de 5 horas sobre su figura titulada Carlos. Conocemos bastante los sucesos de su vida, pero sin embargo, no conocemos tanto a Magdalena Kopp, su principal amante.

crítica de in the dark roomY el documental In the Dark room, dirigido por Nadav Schirman y presentado en el festival Documenta Madrid 2013, pretende llenar el vacío en la representación fílmica de la vida más íntima de Carlos, y lo hace tomando la figura de Magdalena Kopp como protagonista. Ella conoció a Carlos a través de las células revolucionarias de Alemania fundadas por Johannes Weinrich, por aquel entonces su amante, pues ella se encargaba de la falsificación de documentos en la organización. Tras conocerse, ella se unió al comando Boudia de Francia, pero en 1982 fue condenada a 4 años de prisión al encontrar bombas en su coche estacionado en Paris, y al salir, Carlos le llamó y le dijo una única frase: "¿qué tal estás?". Ella, como impelida por su voz, se trasladó a Damasco, donde él residía, y se casaron y tuvieron a una hija, Rosa. Tras vivir en Siria y en Líbano un tiempo, deciden separarse, y ella se marcha a Venezuela, país de origen de Carlos, mientras que él deambula por Sudán hasta que lo encuentran y lo detienen. Y, tras comprobar la inexistencia de cargos contra su persona, regresa a Alemania, donde se encuentra con su hija Rosa, que lleva una vida pacífica y alejada de la influencia de su padre.

Todos estos avatares de Kopp son narrados en el documental, y la gran virtud del metraje es contar con su presencia, quien a través de una entrevista directa a cámara, nos describe su pasado revolucionario en Berlín y, después, junto a Carlos. Y en el espacio donde se desarrolla la entrevista encontramos la explicación del título: Kopp es fotógrafa, y ella selecciona el lugar de revelado de las fotografías como espacio de intimidad para narrar su pasado. Y esta primera profesión, que le hizo huir de su lugar de origen, el pequeño pueblo alemán donde residía con sus padres, es una suerte para el film, pues tenemos acceso a numerosas instantáneas de su vida en solitario o con Carlos que, de otro modo, no habríamos podido descubrir.

El film se construye, en un principio, a la manera clásica de contraposición de entrevista con imágenes de archivo, y a su voz unen la de su hermana y la de un palestino que conoció a Carlos de primera mano. Pero en la segunda mitad del metraje, la película sufre una completa mutación, pues irrumpe Rosa, la hija de Carlos y Kopp, en el plano, de modo que el film se teje en torno a un baile de puntos de vista: ya no estamos en la visión monolítica de Kopp, sino en el conflicto de dos miradas hacia el mito Carlos.

Crítica de In the Dark Room

Esta es, sin duda, la parte más interesante de In the dark room, pues mientras Magdalena porta una visión idealizada de Carlos, y lo toma más por libertador que por terrorista, Rosa dispone de una mirada en grado cero: se encuentra en una tensión entre la visión de los medios, que convierten a Carlos en un asesino, y el idealismo de su madre. De este modo, Rosa es casi la figura del espectador ideal del film, un espectador que debería partir de la ausencia de juicios de valor, o del contrapeso de las dos visiones contradictorias, para enfrentarse con la película y decidir, así, su visión del personaje Carlos.

Porque, al fin y al cabo, Carlos es el centro del sistema, el sol alrededor del cual giran las vidas de Kopp y Rosa: sigue siendo el objeto de la película, aunque en un primer momento sea una especie de biografía de Magdalena. Y es que sin Carlos, no hay película al fin y al cabo. Y lo que pretende In the Dark Room es provocar el conflicto entre las dos visiones existentes de Carlos, aunque finalmente el director no se decanta por ninguna: ahí está, quizá, su gran debilidad, la ausencia de punto de vista, pues el director decide dejar la voz a los personajes. Por ello, el espectador sentirá libertad, pues no hay deseo de imponer una mirada; pero a la vez experimentará un punto de fuga en el discurso que deja la película sin completar.

3 estrellas