El otro día, de Ignacio Agüero: somos la suma de los espacios que recorremos

Uno de los primeros planos de El otro lado enfoca a una estantería plagada de ensayos sobre cine y literatura. Y, uno de ellos, sobre el que reposa la cámara un tiempo, se titula New Challenges for documentary (Nuevos desafíos del documental). Pues bien, este simple plano ya sintetiza los objetivos que el director, el chileno Ignacio Agüero, se ha propuesto con su documental: lanzarse a las fronteras del documental, representar zonas que este modo cinematográfico todavía no ha podido abarcar en su seno. Y para ello, ha realizado El otro día, presentado en el festival Documenta Madrid 2013.

Crítica de El otro día

Porque la propuesta es, cuanto menos, original: el director se propone filmar a todas las personas que llaman, alguna vez, en el timbre de su casa, ya sea el cartero, un vendedor ambulante, un mendigo o alguien solicitando trabajo. Para ello, ubica la cámara tras una puerta, y los filma con un plano fijo, mientras él abre la puerta, y siempre respetando una cierta distancia su primera irrupción en el plano. A todos les pregunta el lugar del que proceden, y a continuación, Ignacio construye un mapa de Santiago de Chile y ubica las residencias de todos los visitantes con chinchetas en el plano, con hilos que unen esos puntos con su casa. De este modo, el director construye un mapa de las relaciones personales que se tejen, de forma imprevista, en una urbe.

Y finalmente, se lanza fuera de la casa para filmar los espacios en que viven dichos personajes, y a través de una serie de entrevistas y de la filmación de sus hogares, logramos acceder a la psique del otro. Pero éstos son los únicos instantes que justifican el abandono de la cámara del hogar de Ignacio, porque a estos viajes al exterior se contraponen el resto de imágenes del documental: la cámara registra los espacios y los objetos personales del director, tratando de descubrir su personalidad a través de sus huellas en el espacio. Y es que él nunca aparece directamente en cámara, si acaso de forma accidental, porque cruza el encuadre, pero su lugar habitual es fuera de campo: el yo se define por sus vestigios, no por su presencia.

De este modo, el documental establece una fuerte hilazón entre dos términos: el espacio y la identidad. A ello contribuye la lectura de Especies de espacios, de George Perec, por el hermano gemelo del director en uno de los momentos de la película. Porque la cámara pretende recoger el segundo aspecto, pero para descubrirlo, debe conformarse con recorrer los espacios, que condensan y contienen en su seno la personalidad de sus habitantes. El espacio es el gran protagonista de la película, pues de él emana la identidad del sujeto: el hogar de Ignacio es su identidad, y el afuera es la alteridad.

crítica de el otro día

Esta asociación queda corroborada por la posibilidad de conocer la historia personal de Ignacio a través de sus objetos personales: mediante las fotografías del hogar, el director comienza una disertación sobre su pasado, y nos narra la vida de sus familiares y la tortura de su hermano durante el golpe de Estado de Pinochet; además, hay un discurso suplementario que procede de los videos grabados con anterioridad sobre su vida. Así, el espacio contiene una identidad que es, a la vez, la suma del pasado y del presente.

Pero, ¿qué identidad nos corresponde? Pues, a juzgar por la apuesta del film, el espacio intermediario entre el sujeto y el objeto, entre el yo y la alteridad. La cámara nunca se encierra en casa sin responder al exterior, y a la vez, nunca se aventura afuera sin dejar atrás el pretexto de la visita al hogar. Así, el yo se construye en el espacio fenoménico que definió Kant, pues no es posible conocer el sujeto ni el objeto en su pureza, sino en su interacción: somos en contacto con el objeto, y sólo podemos conocernos en el conflicto entre ambos polos. Así, la cámara filma ese contacto del dentro y el afuera, único lugar donde puede habitar el verdadero sujeto: somos en términos relacionales, como afirma Nietzsche, nunca somos en sí sino en relación con el otro.

crítica de el otro día

Por ello, siempre recoge los objetos de su casa modelados por la iluminación que procede de fuera, fundiendo en un sólo plano interior y exterior, materia dura del sujeto con influencias de lo externo, lo diferente, la luz solar. Del mismo modo, su cámara siempre mira hacia el jardín interior que dispone en su hogar: es un pedazo de naturaleza contenida por el hogar de Ignacio, donde se amontonan los pájaros y los gatos, cuyos gestos filma con mimo. Ellos son la mirada de la alteridad instalada en el seno de su hogar, que juzga el yo del director que ha dejado sus vestigios en los espacios.

Pero al final, es el mapa de Santiago, con las redes que unen su hogar con otros puntos de la ciudad, lo que mejor define la identidad del director-personaje. Porque su subjetividad es la tela de araña que le une al otro, y ese otro se ha introducido en su hogar por puro azar: hay una variable de imprevisibilidad en la construcción de la historia personal. Por ello, su reacción es filmar lo más íntimo del otro, su hogar, donde se sumerge con cautela, siempre con permiso, pues es un allanamiento de morada cinematográfico. Porque es en los espacios de los demás donde Ignacio se conoce a sí mismo. Así, el director ha creado un yo ficcional, suma de su hogar y de los hogares de los visitantes, y que sirve como un campo de pruebas para conocerse a sí mismo y, a la vez, recordarnos que, sin el otro, no puede definirse un sujeto.

4 estrellas