Secuencias favoritas: Wild at Heart y la exaltación del sentimiento con un beso al atardecer

En 1990 y contra todo pronóstico, David Lynch ya era un cineasta sobradamente conocido. Para unos era el director de obras de culto como Eraserhead o Dune, para otros el responsable de un clásico instantáneo como The Elephant Man, los que no habían entendido Blue Velvet en su momento ahora la aclamaban como obra maestra, y encima se había metido en el bolsillo a los televidentes del mundo entero que querían saber quien había matado a Laura Palmer en Twin Peaks. No contento con esto, ganaba la Palma de Oro en Cannes con Wild at Heart, no con cierto descontento, de nuevo. por parte de la crítica ante una película que no encajaba con el estándar del festival de cine francés.

Nicolas Cage y Laura Dern en Wild at Heart

Adaptación de una novela de Barry Gifford, Corazón salvaje, como se le tituló en España, era el sádico y truculento relato de una pareja, Sailor y Lula en su huída de la maliciosa influencia de la madre de Lula -metafóricamente la bruja mala del Oeste-, que quiere evitar a toda costa que su hija se relacione con un individuo capaz de asesinar a otro hombre con sus propias manos. Un asesinato es lo que lleva a Sailor a la cárcel, pero la propia Lula había sido testigo de que iban a atacarle con una navaja, por lo que quizás tan sólo se había excedido en su empeño por protegerle, al igual que su madre se excede en su afán por separarles. Algún que otro secreto se esconde detrás de un comportamiento irracional en una película que te arrastra emocionalmente sin que puedas evitarlo.

Protagonizada por Laura Dern y Nicolas Cage, el triángulo se completaba con Diane Ladd, auténtica madre de la protagonista en la vida real, que conseguiría una nominación al Oscar por su entregada interpretación en la película. Willem Dafoe, J.E. Freeman, Crispin Glover, Isabella Rossellini, Harry Dean Stanton o Graces Zabriskie completaban un espectacular (y excéntrico) reparto, que contaba con la aparición estelar de dos de las actrices más conocidas de su serie, Sherilyn Fenn y Sheryl Lee.

Muchas son las impactantes secuencias que podría escoger de la película. Como la del accidente de coche que se interpone una noche en ese camino de baldosas amarillas que siguen Sailor y Lula al son de Wicked Game, el tema de Chris Isaak -Lynch veía Sherilyn Fenn como si de una figura de porcelana se tratara, y en ese sentido le daría las indicaciones a su actriz para que se resquebrajara com si de una figura se tratara. O la arrebatadora secuencia en la que Marietta, la madre de Lula, después de haber confirmado la sentencia de muerte de su amante, Johnny Farragut (Harry Dean Stanto), simula que se ha cortado las venas con un pintalabios, embadurnándose después toda la cara en un arrebato de culpabilidad. Memorable es también el momento en que Nicolas Cage interpreta uno de los éxitos de Elvis Preisly, Love Me, en una de los numerosos homenajes que hay al "rey", así como todas las alusiones al universo que L. Frank Baum creara para The Wizard of Oz, que contaminan con inusitada gracia numerosos planos de la película.

Pero mi secuencia favorita es la que, al menos para un servidor, recoge toda la esencia de los personajes de Wild at Heart, de su pareja portagonista. Lula conduce el coche mientras Sailor se echa una siesta. En la radio no dejan de escucharse noticias tremebundas que atormentan el sensible corazón de Lula que, desesperada, detiene el coche a un lado de la carretera y salta como si le hubiera picado una serpiente, demandando a Sailor que busque música en alguna emisora de radio. Para suerte de ambos, comienza a sonar un salvaje tema de Powermad, Slaughter House, que comienzan a bailar en medio del desierto como si les fuera la vida en ello. El éxtasis de energía les lleva a abrazarse y mientras la música rock se mezcla con las exaltadoras notas de Im Abendrot, una de las "cuatro últimas canciones" de Richard Strauss, se funden en un ardiente beso bajo el cálido sol del atardecer.

No sé si es lo que hacen o cómo lo hacen, los planos que escoge Lynch o la habilidad para intercalar la banda sonora fusionando a la perfección una canción de rock con un tema clásico, pero no sólo es una de mis secuencias favoritas, sino que consigue emocionarme cada vez que la veo.