Jonas Trueba: «En este país, hacer una película con un joven leyendo un libro parece casi subversivo.»

En una de sus salas predilectas de Madrid, la Cineteca, la sala para el cine de lo real ubicada en el centro cultural del Matadero, entró Jonás Trueba, con todo el reparto de su segunda obra, para presentar Los Ilusos. Una obra autofinanciada, filmada entre amigos, algunas tardes entre noviembre de 2011 y junio de 2012, con actores casi desconocidos y muchos de ellos debutantes en el cine (como los protagonistas Francesco Carril y Aura Garrido). Una film que habla sobre el cine, sobre hacer cine sin rodarlo, es decir, sobre personajes que, constantemente, desean hacer cine y piensan y fabulan historias. Y Trueba filma sus anhelos porque considera que hacer cine también es eso, pero que nunca se muestra, porque lo significativo es el rodaje. Así, reivindicando la representación de zonas oscuras de la realidad, y jugando a mostrar el rodaje dentro del rodaje, nace Los Ilusos, donde encontraremos la presencia de Javier Rebollo haciendo de sí mismo. Y en una entrevista a Jonás Trueba, nos ha hablado sobre su película:

jonas trueba

El artista está presente

Jonas Trueba ha impulsado una nueva forma de distribución para su película, que hace de la carencia virtud: en lugar de impulsar el desembarco del film en salas convencionales, ha decidido hacer únicamente una copia del film, de modo que se vea obligado a trasladarse a todas las exhibiciones de la película, que se convierten en pases especiales, pues cuentan siempre con la figura del director-autor. De este modo, Jonás Trueba trata de adelgazar los procesos que parten del acto creativo y finalizan en la recepción, uniendo así las figuras de director y público en un único espacio, mostrando que el cine es algo vivo, no fijado en celuloide y desprendido de su creador, y que también se hace con el diálogo con el espectador:

La idea es que se vea en muchos sitios, pero yendo de uno en uno, acopañándola. Formato teatro, que creo que está bien, coger técnicas de exhibición del teatro y la música, que van por delante del cine casi siempre. Así concentras en un pase a toda la gente, porque si la distribuyes por los cauces habituales, en total obtienes 500 espectadores y pierdes dinero con la copia. Al final, te ajustas más a la realidad, algo muy importante, el cine a veces se sobredimensiona mucho, se pierde un poco de su función en la realidad. Además, en una distribución normal, lanzas varias copias que desaparecen a la semana, es mejor ir de uno en uno.

Vivir del cine o hacer de la vida cine

Las películas de Jonas Trueba están surcadas, en gran parte, de citas literarias y cinematográficas, y por ello se le ha tachado de un cine pedante. Pero nada más lejos de la realidad, pues su cine es muy emocional, y las manifestaciones artísticas están siempre del lado de esta búsqueda de la emoción. Además, en Los ilusos, los personajes son actores y directores, por lo que es inevitable hablar de cine o literatura en sus películas:

En este país, hacer una película donde sale un joven leyendo un libro parece una casi subversivo. Pero los personajes no son cultos del todo, sino que buscan tablas de salvación, se trabaja con todo eso.

los ilusos

El cine no es sólo el rodaje, sino también los espacios que figuran entre producción y producción, el tiempo vacío, muerto, en que se fabula, y donde verdaderamente nace el relato, la historia. Este tiempo de creación ha querido recogerlo Jonás Trueba en Los Ilusos, porque una película se construye cuando se habla de ella, aunque nunca vea la luz. Paul Schrader, por ejemplo, afirmaba que escribía sus guiones en apenas dos semanas, porque en las conversaciones con los amigos definía los personajes y la trama; y Trueba pretende representar esa búsqueda de la idea, a través del personaje protagonista, un joven director que quiere hacer una película sobre el suicidio. Por ello, Los ilusos es, también, una representación de la génesis de las ideas, no tanto de su realización, porque en su imaginación ya se viven como reales:

Tampoco muestra, en realidad, una manera de hacer cine, sino una manera de vivir el día a día siendo cineasta, porque propiamente, tú no los ves haciendo una película, ni lo ves a él hablando con un productor, todo eso no se ve. Se ve lo que normalmente no se ve, esas divagaciones, esa especulación previa donde se confunde más la vida y el cine.

Y Trueba reivindica un cine que haga visible lo que se oculta, tratando de otorgar el estatus de cinematográfico a acontecimientos que, normalmente, son considerados poco significativos: en su cine todo cabe, y en él encontramos numerosos tiempos muertos que, sin embargo, nunca son vacíos, sino llenos de sentido, de vida:

Hemos filmado muchos momentos previos, muy poco palpables, son estados de ánimo, situaciones muy ligeras, que normalmente se excluyen de las películas, que parece que se construyen con momentos fuertes. Hay una necesidad de zarandear lo que debe verse normalmente en una película.

los ilusos

Los ilusos o los ilusionistas

Uno de los elementos que más pueden llamar la atención es el título, Los ilusos, pues dispone de una ambigüedad radical en su significado. Y es que, en una primera aproximación, emite una connotación negativa, referido a alguien distante de la realidad. Pero en la entrevista a Jonás Trueba, ha afirmado que deseaba recogerlo en su faceta positiva, de soñador, de vivir de lo que uno quiere, aunque eso suponga una exclusión. Porque normalmente, el personaje se define a través de su profesión, pero ¿y si no tiene profesión? En estos espacios indeterminados, más allá de la dualidad trabajador-parado, quería moverse Trueba con su título, para designar a esos personajes que desean vivir del cine, lo que les gusta realmente:

El título os ilusos casi no puede traducirse, siempre tiene la connotación de soñador o la peyorativa, pero aquí tiene los dos significados. Aquí el iluso es un ilusionista, el ilusionismo del propio cine, juegos de malabares, vivir del aire, de la nada. Es una película positiva.

Formatos de rodaje

Los Ilusos es una película autofinanciada, sin recibir subvenciones estatales ni inscribirse en el ICAA para recibir financiación: por ello, tiene un aire de precariedad que, aquí, se convierte en virtud, pues emana un aire de frescura a lo largo de todo el metraje. Para poder realizarla, Jonas Trueba ha recurrido a una cámara de 16 mm, al blanco y negro y ha utilizado negativo prestado o caducado de directores como Javier Rebollo. Así, los medios no son un impedimento para el nacimiento del cine:

Se ha hecho en 16 mm porque había una cámara vieja de 16 mm. Quería hacer una película materialista, y en digital no podría transmitir lo mismo, aunque luego se va a distribuir en digital. Pero yo no soy reivindicativo de los viejos formatos, ni soy un cineasta nostálgico, simplemente creo que el cine hay que hacerlo y punto. Mi película anterior la hice con mi cámara de 3 megapíxeles del móvil. Y el cine es un arte materialista, posibilista, que cuenta con unos medios, y a partir de esto, hacer la mejor película posible. El blanco y negro, que le otorga una estética más retro, es más práctico, porque es más fácil cuando no tienes iluminación, no puedes intervenir en los exteriores, y el color no funciona. Hay negativo prestado, caducado y comprado.

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Jonas Mekas

Jonas Mekas es tocayo del director, y de él toma una máxima que siempre lleva consigo: "el mal y la fealdad se cuidarán solos; es el bien y la belleza lo que necesita de nuestros cuidados", y que reproduce en su blog, El viento sopla donde quiere. Y esta idea aparece en la secuencia inicial de Los Ilusos, donde la cámara se desprende de sus personajes para filmar los tejados de Madrid. De hecho, emana la propia voz de Trueba, afirmando su deseo de filmar el cielo de Madrid, con esas intervenciones directas sobre la imagen que el propio Jonas Mekas muestra en su cine-diario, donde la cámara enfoca a lo que desea en cada instante. Además, en Los Ilusos tiene una proximidad con un diario de rodaje, especialmente al comienzo y al final, donde el director se filma a sí mismo, en su cotidianeidad, y en su deseo de buscar la mirada hacia la realidad. En la entrevista a Jonás Trueba, el director ha hablado sobre el director:

Mekas es un director que lleva haciendo cine desde el año sesenta, pero se ha hecho famoso en los últimos 5 o 6 años. Ahora que todo el mundo puede filmar con cámaras, y entonces descubres que este hombre lo lleva haciendo desde hace 50 años. Él hace un cine diario, home movie, y afirma que hace obras maestras sobre la nada, que hace una película que se compone de todos esos momentos que en las películas no están. Eso está en los Ilusos, que también tiene de home movie, de película diario. Es el cineasta que me parece más importante en mi vida, porque me ha resultado más liberador.

No hay géneros puros

Las películas de Jonas Trueba están vivas, porque carecen de una estructura cerrada: están siempre en movimiento. Y es que parecen, más, un conjunto de instantes en presente ensamblados, lo que les otorga tal intensidad: al despojar al personaje de una historia, sólo queda una vivencia en presente, que te obliga a mirarlo de otra manera menos pragmática. Como forma de hilar la historia, recurre siempre a capítulos, que crean como etapas vitales que se suceden. Y, en Los Ilusos, esta estructura en constante transformación queda especialmente patente, pues la película vive constantes cambios de tono, desde el documental al comienzo, hacia el metacine, hacia el drama, la comedia, etc., hasta el punto de encontrar múltiples posibilidades de película dentro de ella. En la entrevista a Jonás Trueba, el realizador ha comentado sus motivos:

Empecé sin tener claro qué iba a hacer, iba rodando a tientas, poco a poco cogí confianza, y yo no quería sistematizar la película, y el film empieza siendo una película y termina siendo otra distinta. Porque empiezas el rodaje con un ánimo y terminas con otro. Hay un cambio total de ritmo y entra una ficción muy clara. La sensación es que he estado dando vueltas para llegar a lo mismo de siempre, para encontrar la película más sencilla del mundo, con dos que van juntos al cine. La ficción es lo que más me gusta de la película, pero funciona por ese previo, que le da otra entidad.

los ilusos

Y, para hacerla más viva, se ha propuesto no cerrarla: el film, aunque tenga una forma definitiva, es una forma primera, pues pretende seguir rodando más fragmentos de vida de sus personajes, ofreciendo así una continuidad del relato más allá del formato cine. Todo es ampliar barreras:

Una de las ideas de la película es seguir rodándola, le hemos puesto títulos de crédito, pero una de mis ideas es que la película estuviese siempre en marcha y siempre abierta.

Metacine

Los ilusos es una ficción que muestra sus costuras, y así deviene documental en ocasiones, pues la cámara recoge los instrumentos de rodaje y al director. Pero esta idea no parte del deseo de hacer consciente al espectador de que toda ficción es un constructo, sino que busca el efecto contrario: integrar la ficción en la realidad, como una de las posibilidades de lo real, casi como una necesidad, mostrando así el rodaje en las calles de Madrid:

Me gustaba mucho que el metacine fuese natural. Que el espectador sintiera, no sólo con las imágenes sino con los sonidos, que la película se está haciendo, que en cierto momento se confunde, sientes que hay alguien detrás, que entran, sales. Romper la pared es muy clásico, de Brecht, pero quería hacerlo de manera desacomplejada, no era tanto para mostrar la metaficción, sino que es algo más natural, y de nuevo creo que no está sistematizado.

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El cine como retrato

Y en Los ilusos, como en Todas las canciones hablan de mí, se habla de amor. Quizá en su anterior obra de forma más directa, pues aquí emerge el tema profesional, pero la búsqueda de uno mismo está indudablemente ligado a la búsqueda del otro. De ahí su concepción del cine como retrato, como captación de la alteridad:

Una de las primeras motivaciones de la película es el retrato. En la anterior película sentía que me había quedado un poco lejos de los personajes, tres pasos más lejos de lo normal, y en cambio, aquí me acerco más a las cosas. Me apetecía mucho el rostro, y el rostro femenino. Incluso rostros de personajes que después desaparecen. Por ejemplo, en la librería, hay planos robados de una persona, y me genera una tensión, piensas que va a pasar algo con los personajes, que ella va a salir de la librería y no sale, y así creas un momento fuerte que no se desarrolla más en la película. En la película hay una búsqueda del personaje femenino, pues el cine está unido a relacionarnos con la gente, al amor.

La música

La música es, siempre, una parte fundamental en su cine. No en vano, su primera obra se titulaba Todas las canciones hablan de mí, indicando cómo una vivencia personal remueve el gusto estético para asumir toda la música que se relaciona con lo vivido. Allí, Jonás Trueba afirmaba que su estructura estaba pensada casi como una proyección de Silence is the question, de The Bad Plus, que comienza con tibios acordes silenciosos y termina con una conjunción de sonidos. A ellos, le sumaba canciones de pop independiente que hablaban de amor. En Los ilusos también se revelan múltiples capas musicales, pues funde música de películas de Yasujiro Ozu, que genera una imagen de clasicismo en el film, pero después nos ofrece un concierto del grupo El hijo, en una escena que recoge la canción en su totalidad, sin cortes, algo que se agradece porque la música debe fluir en la secuencia sin cortapisas, y pocos directores se atreven a hacerlo:

Hay una música de Ozu de los años treinta, porque me gusta confrontar una imagen actual con un sonido antiguo, pero es muy intuitivo, yo trabajo mucho con la música en la búsqueda, otra cosa es que la incluyas o no. En Searching for Sugar Man no sale una canción completa, apenas duran 20 segundos, ya ni en un documental musical se atreve el director a poner una canción completa. Aquí hay un interludio musical, y ¿por qué no? En un momento, el personaje escucha una canción, y en nuestra vida nos pasa eso, y esos son momentos que el cine no suele retratar y pasa por alto, pero que en la vida real son brutales.

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El guión es una escritura constante

Los ilusos no tiene guión en el sentido convencional: la película se rodó durante varios meses, en días sueltos que suman 22 jornadas, y Trueba dejaba siempre espacio para el azar, pues se permitía recoger elementos que no estaban fijados de antemano. El guión lo decidía en el momento, salvo algunas escenas más elaboradas, pero en general, el proceso creativo estaba siempre abierto al cambio:

De nuevo, sin sistematizar nada. Muchas cosas están rodadas sin guión, tú que vienes paseando por aquí. Otras, sin que nadie se entere de que estamos rodando. Y otras secuencias más escritas. Por ejemplo, la secuencia final, especialmente la secuencia en la que van al cine.

El montaje crea

Y esto trae como consecuencia que sea el montaje el que haya definido la película, pues partimos de fragmentos de vida en bruto que luego encuentran un sentido en su engarce. Pero este sentido nace de su ordenación cronológica, pues Trueba quería respetar el proceso creativo:

La escritura real de la película ha estado en el montaje, pero intentando ser coherente con el proceso de rodaje, intentar mostrarlo en orden cronológico y con la misma pulsión con que se había hecho.