To the wonder: como una rosa sin espinas, como una postal sin sello

Amparado bajo la etiqueta de poesía visual (o cine abstracto como defiende su director de fotografía, Emmanuel Lubezki), después de la popularidad adquirida con The Tree of life, Terrence Malick estrenaba To the wonder en le pasado festival de Venecia recibiendo tan sonoros abucheos como ovaciones. Después de casi dos horas de divagaciones audiovisuales e inconsistencias narrativas que no tienen nada que ver ni con el existencialismo ni la religión ni la metafísica, no puedo más que sumarme a los abucheos que considero se quedaron cortos ante una propuesta que no consigue seducir ni cautivar ni emocionar, y que parece haber encontrado en los spots publicitarios de Isabel Coixet su mayor inspiración.

Crítica de To the wonder

Tener total libertad creativa resulta a veces contraproducente. Esto es lo que, desde mi punto de vista, le sucede a Terrence Malick desde que se ha embarcado en este tipo de proyectos semi-autobiográficos en los que parte sin más guión que sus recuerdos personales. Así sucede que pasan por sus rodajes actores y actrices como Rachel Weisz, Jessica Chastain, Amanda Peet, Michael Sheen o Barry Pepper, que después se quedan en el suelo de la sala de montaje. Y es que da lo mismo que estuvieran o no, o que hubieran eliminado el personaje de Javier Bardem, el de la niña o la amiga italiana de Marina (Olga Kurylenko), porque To the wonder seguiría siendo el mismo despropósito.

Javier Bardem en la crítica de To the wonder

Una cosa es el ejercicio que Federico Fellini hiciera en Amarcord, rescatando sus recuerdos, pero trasformándolo en algo diferente redimensionado por la distorsión de lo que fue y lo que quisiera hubieran sido. Otra muy diferente es coger a tu protagonista y ponerle a correr dando vueltas por el campo con los brazos abiertos delante de un operador de steadycam. Porque a eso tan simple se reduce To the wonder, a una serie de planos deslavazados de gente corriendo o detrás de una cortina, que juegan al columpio en diferentes espacios que se reducen a cuando yo estoy en la planta baja tú estás arriba, cuando yo estoy dentro tú estás afuera, pero no pretende contar absolutamente nada. Nada de nada. Porque como metonimia de la incomunicación de los personajes podría haber estado muy bien, pero cuando repite lo mismo siete veces, ya uno se cansa. Y qué puedo decir de esas frases. Letanías insufribles e insoportables que en lugar de contribuir al pretendido tono poético que se supone debiera tener la película sólo aporta una futilidad desesperante ¡Que alguien haga el favor de comprarle a Isabel Coixet un billete de avión a los Estados Unidos para que pueda explicarle a este hombre que ella ya sabe a qué huelen las nubes!

Corriendo en la crítica de To the wonder

Pero To the wonder no solo carece de guión, relato y personajes, es que es una obra hueca. Los espacios por los que se mueven los personajes están tan faltos de personalidad como ellos mismos. Pareciera como si les hubieran dejado las casas de una urbanización a medio construir para rodar su película. Sin fotos, sin libros, sin detalle alguno que indique la personalidad de las personas que las habitan. me recuerdan mucho a la casa en la que vivían los protagonistas de The adjuster, auqella magnífica película de Atom egoyan, salvo que aquí esa ausencia de detalles era una metafora del propio vacío existencial de sus protagonistas. Por no tener no tienen ni lavadora ¿o es que la secuencia de la lavandería era también una cita a Coixet y Cosas que nunca te dije? Por mucho que las casas sean maravillosas, los campos amplios y los supermercados repletos y limpios (¿y este síndrome de que en el resto del mundo no hay grandes superficies con las estanterías llenas?), sólo los planos de monumentos, como el monasterio de Normandía, son capaces de transmitir la profundidad dramática que, intuyo, buscaba el cineasta estadounidense. También cabe la posibilidad de que en realidad esté criticando su propia cultura en favor de la europea, lo digo por lo que dice Anna (Romina Mondello), la amiga italiana de Marina, que tiene toda la razón del mundo, pero desde luego, si ese era el caso, me parece que se quedó perdido en los campos de trigo.

Olga Kurylenko saltando por los campos - crítica de To the wonder

Ante tanta levedad e inconsistencia, no me extraña que las interpretaciones de ninguno de los protagonistas llegue a nada que no sea la apariencia, pero nunca la emoción. Podría parecer que Olga Kurylenko está enamorada de Ben Affleck, pero nunca lo llegas a sentir. Que el cura que interpreta Javier Bardem tiene dudas de fe puede entenderse, pero sólo porque te lo explica, nunca llegarías a descubrirlo por ti mismo. No sé si el personaje de Rachel MacAdams es o era, fue o volvió, pero por la manera en la que desaparece de la película, sinceramente, no me importa. Y Ben Affleck, bueno, agradezco mucho que Terrence Malick le haya mantenido callandito durante toda la película, pero ni aún así ha conseguido que parezca otra cosa que un tipo que va de un sitio a otro con un mapa en la mano. Su falta de expresividad me parece insultante y de tan mal gusto que consigue ensombrecer la belleza de la mayoría de los planos de la película. El caso es que si finalmente Christian Bale hubiera interpretado el mismo personaje habría ganado en credibilidad, pero me parece que poco más.

Desencuentros en la crítica de To the wonder

To the wonder no son más que las divagaciones de un cineasta sin rumbo que, si bien es capaz de exprimir toda la belleza existente en la naturaleza, pero que carece tanto de auténtica profundidad como de un sentido estético que no esté proporcionado realmente por su director de fotografía. Nada. No hay nada en To the wonder que no proceda de esa naturaleza que le fascina, pero que no aporta nada a su pusilánime relato. Si en El árbol de la vida exploraba las relaciones entre padres e hijos a través de unas divagaciones que parecían extraídas de un manual de existencialismo de bolsillo, en To the wonder reflexiona sobre las relaciones sentimentales a través de una pareja sosa, aburrida e insoportable, que no me extraña que rompieran porque no se llegan a decir absolutamente nada. Nada. Nada. To the wonder es como cualquier postal de una tienda de souvenirs, pero de esas que compras para enviar a tus amigos, pero que al final las entregas en mano porque te lo estabas pasando tan bien, que ni tuviste tiempo de ponerle el sello. Quizás haya algunos que puedan disfrutar de la belleza visual de la película, que la tiene. Pero a mi la belleza me gusta con espinas. Que duela. Y con To the wonder, no siento otra cosa que tedio y aburrimiento.

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