On the road: una carretera llena de curvas peligrosas, que termina en rectas aburridas

Unas veces nos quejamos de que una determinada película tarde tanto en llegar a las carteleras, On the road comenzaba su andadura por salas en Francia hace casi un año. Otras veces nos extraña que no haya cosechado ningún premio por los festivales que ha pasado, cuando partía como una de las favoritas. La respuesta a ambas cuestiones es bien sencilla. No será un servidor quien compare novela y película, siempre he defendido que son lenguajes diferentes y no tienen ninguna obligación en mantener una fidelidad a su origen literario pero, por mucho que estemos ante una película dirigida por Walter Salles, que adapta a la gran pantalla la novela de culto homónima de Jack Kerouack, la suma de los logros artísticos anteriores de uno y otro, no asegura ni garantiza una obra a la misma altura.

Cartel para la crítica de On the Road

Si bien no tenía dudas con respecto a la eficacia del director de películas tan asombrosas, visual y emocionalmente hablando, como Central do brasil o Abril Despedaçado, debo confesar que tenía mis reservas con respecto al trabajo que José Rivera, colaborador suyo en Diarios de motocicleta, pero responsable de un bodrio como Letters to Juliet. Y mis temores se confirmaron porque visualmente no le falta de nada a la película. La fotografía de Eric Gautier sigue siendo tan espectacular como lo fuera la de Into the wild, así como el diseñador de producción Carlos Conti, colaborador igualmente de su película sobre el joven Che así como de otros títulos míticos como 37º2 le matin, que consigue realmente hacernos creer que estamos a finales de los años cuarenta. Sin duda, la banda sonora de Gustavo Santaolalla contribuye en gran medida a dotar de ese empaque y consistencia a la ambientación de la película, terminando de limar cualquier tipo de incoherencia visual que pudiera haber. Que no las hay.

El caso es que ni siquiera estoy seguro de que el problema sea enteramente del guión, empeñado en recordarnos constantemente que no ha logrado alcanzar el espíritu de los personajes de la novela, sino en gran medida a causa de la ineficacia del reparto. Una cosa es que se reflejen en el relato todas y cada una de las contradicciones de los personajes, pero otra muy diferente es que los actores que les dan vida hayan conseguido captar realmente la esencia de sus respectivos personajes. Ninguna queja tengo Sam Riley, actor coherente y profundo como pocos, que ya me impresionó con su interpretación de Ian Curtis en Control. La torturada personalidad del líder de Joy Division nada tiene que ver con la desorientación y confusión del escritor más significativo de la generación beat, pero el actor inglés cumple su cometido a la perfección. Eso si, su compenetración con el personaje dista mucho de la de Garrett Hedlund, que se limita a pasearse haciendo caras y poniendo poses, incapaz de transmitir la futilidad y total ausencia de responsabilidad de su personaje, dando la impresión de que lo mismo podría tener relaciones sexuales con un hombre que con una mujer, que con el palo de una fregona. Mucho gesto pero ningún sentimiento.

Sam Riley en la crítica de On the Road

El mismo problema encuentro en la pareja de protagonistas femeninas, mientras Kirsten Dunst sí consigue transmitir con precisión el debate interior de una mujer que sabe que tienen la batalla perdida desde que empieza a jugar la partida, Kristen Stewart se limita a moverse por la pantalla como si fuera una loca histérica que no transmite ni sensualidad ni sexualidad ni nada que empiece por s, a no ser sosa y sucia, pero para nada salvaje. En otro lugar estarían las interpretaciones más pequeñas, las de Amy Adams, Vigo Mortensen, Elizabeth Moss o Danny Morgan, que aquí si creo que la culpa es del texto, quedando deslucidas sus interpretaciones por empeñarse el guionista en introducir personajes tremendamente emocionales en un relato que sólo tiene verdadero interés en las dos parejas principales. Es como si lo demás sobrara, guardando un par de secuencias para cada uno de los otros, en las que sí están muy conseguidos, pero que al faltar el apoyo emocional global que deberían aportar la mitad de los protagonistas, no terminan de encajar en el contexto, quedando como piezas sueltas de varios puzzles diferentes.

Garrett Hedlund en la crítica de On the Road

Y ni siquiera estoy convencido de que On the road consiga engañar a los que no hayan leído nunca la novela, porque ya digo que no es cuestión de acciones, sino de emociones. No pude evitar en todo momento acordarme de aquella película de 1980 dirigida por John Byrum, Heart Beat, protagonizada por John Heard, Sissy Spacek y Nick Nolte. Creo recordar prescindía del personaje interpretado por Kristen Stewart para centrarse en el triángulo amoroso entre Jack, Neal y Carolyn, que no eran los de la novela, sino los que sirvieron de inspiración. Una película con muchas menos pretensiones, pero que sí supo captar la esencia de unos personajes que te conmueven y te arrastran y que puedes entender perfectamente que haya personas que pierdan la cabeza por ellos. Algo que ni de casualidad podría suceder por los personajes que recorren las carreteras de On the road. No es que defraude, es que da la sensación de que podría haber dado mucho más de si.

2 estrellas