La nostra vita: el dolor y el dinero van, a veces, de la mano

La nostra vita comienza con un fondo difuminado en el que irrumpe, de forma súbita, el rostro de Claudio, en un primerísimo plano que invade la composición para acercarse a palpar con su cara la pared de una obra. Así se nos presenta la última película del director italiano Daniele Luchetti, sin tránsitos ni puesta en situación: todo es un torbellino al que asistimos desde dentro desde sus primeros compases. Y así nos adherimos al protagonista, y a lomos de las circunstancias que le tocan vivir, conocemos su entorno y comprendemos sus reacciones; porque lo que siempre permite este comienzo repentino es eliminar los juicios de valor hacia los personajes que desfilan frente a nosotros.

crítica de la nostra vita

A suprimir los juicios sobre el personaje contribuye la magnífica interpretación de Elio Germano de Claudio, de un portentoso naturalismo, y que le permitió conquistar el Premio al Mejor Actor en el festival de Cannes de 2010, en un galardón otorgado ex-aequo con Javier Bardem (premiado por su papel en Beautiful). Un personaje ubicado en una difícil tesitura, pues tras el fallecimiento de un ser querido, debe encontrar un soporte para colmar el vacío, y confía en sus hijos pero, ante todo, en su labor profesional, la construcción, para remontar del dolor. Pero el problema es que la construcción es un pozo de corrupción y especulación, de modo que el personaje se traslada de abismo personal a abismo interpersonal sin solución de continuidad, ubicado siempre ante dilemas de difícil salida; en ese frágil equilibrio se mueve siempre el film.

Además, La nostra vida erige un sistema formal que permite este involucrarse sin juicios en la vida del personaje, esta sumersión en su contexto social: continuamente, somos transportados por una cámara siempre al hombro, que evita los planos fijos, y por una movilidad extrema a la que no le importa cercenar rostros o brazos en el encuadre, pues todo es interrelación. La cámara parece ubicarnos en el espacio intermedio entre actor y actor, en el contacto y el intercambio, pues no en vano, la crítica de La nostra vita va dirigida hacia la opresión de una estructura social que está configurada, al fin y al cabo, por relaciones de poder. En este sentido, se vislumbra una herencia directa del cinéma verité y, ante todo, de su reinvención por parte del nuevo realismo de los hermanos Dardenne, cuya cámara no sabe de estatismos ni límites, y sigue y violenta al personaje en su turbia relación con el contexto. Y siempre con planos próximos, eludiendo los planos generales que permiten al espectador situar la escena y, por lo tanto, valorarla: todo es una convivencia con los acontecimientos.

la nostra vita

El mayor logro del film es asimilar el duelo del personaje principal ante la pérdida de su esposa con un proceso de metamorfosis en su posición social, logrando fundir así el conflicto del individuo con la estructura social, en un equilibrio que recuerda al alcanzado por algunas joyas del neorrealismo italiano. Y es que el film parece girar, en gran medida, en torno a la ambición humana y, más concretamente, en torno a la especulación y corrupción inmobiliaria, convirtiendo el relato en una perfecta representación del preludio de la crisis: La nostra vita nos permite asistir a las prácticas que han provocado, en gran parte, la hinchazón de la burbuja inmobiliaria, en un sin sentido de construcción a toda costa para poblar terrenos por el beneficio económico.

Pero esta crítica de La nostra vita a la desmesura de la construcción, este estudio de la ambición, es en realidad un efecto derivado: el motor primero es el duelo, y asistimos a las cenizas del fallecimiento, a las consecuencias que genera en la realidad un proceso psicológico. Este hecho, que ocurre fuera de campo, impulsa toda la narrativa de la película, de modo que toda imagen es una perfecta interrelación entre tragedia personal y posición en la jerarquía social: toda imagen está lastrada por el dolor del individuo, y es pura consecuencia el mismo, como también ocurre en Después de Lucía. Así nos hace partícipes La nostra vita de la perversa asociación que genera el capitalismo de dolor y dinero, convirtiendo al segundo en cura del primero.

crítica de la nostra vita

Y, como contrapunto, aparece la inmigración, pues los personajes procedentes de Rumanía son los únicos que logran salvarse de este deseo de redención a través del dinero, los únicos no contaminados por el ansia materialista y la competencia voraz que se ha instalado en la Europa de tradición capitalista. Todo ello sumado a las corruptelas del asociadas a la Europa mediterránea que el film desea explicitar. Eso sí, la crítica de La nostra vita se diluye por el deseo del director de construir, sea como sea, un final feliz, que derrumba todo el pesimismo que ha nacido en su metraje. Así se quiebra en parte un relato turbulento, aunque su amargor inicial es fácil que continúe en la memoria.

4 estrellas