La casa de Emak Bakia: en busca de las huellas de Man Ray

En 1925, el fotógrafo surrealista Man Ray filmó uno de las obras más bellas y líricas de la etapa del cine mudo, Emak Bakia. Un film que se convirtió en manifiesto contra la narrativa convencional, que por entonces estaba naciendo y no estaba codificada: de ahí que la oposición a algo que todavía no estaba definido no sea una ruptura sutil, sino la realización de su contrario, lo que él denomina un cine-poema. En apenas 15 minutos, Man Ray construye un film que permite el libre vuelo de los sentidos, creando formas hipnóticas con elementos reales unidos por la ley de libre asociación surrealista: ejemplo de ello es el alzacuellos que se convierte en un lazo que danza y se metamorfosea. Además, Emak Bakia es una fusión de diversos modos de representación: hay stop-motion, animación, película real y lo que él llama rayografía, es decir, la impresión directa en el celuloide de objetos, permitiendo la supresión de la cámara como mediador entre película y realidad. La rayografía está al comienzo del cortometraje, como unas sombras abstractas que cambian incesantemente. Todo ello para una obra que nunca se agota en su visionado:

Emak Bakia . Man Ray . 1926 from rbtal on Vimeo.

Y el director vasco Oskar Alegría, enamorado de esta obra, decidió entonces iniciar su búsqueda, no tanto del film sino de los espacios que, a través del filtro de la lírica o el surrealismo, se dejan entrever al fondo del plano. Y, ante todo, busca la casa que aparece en Emak Bakia, desde donde una joven con un collar de perlas mira el horizonte marítimo a través de un balcón. El resultado de su investigación es Emak Bakia baita (La casa de Emak Bakia), que en un principio parece una propuesta de documental sobre la historia del cine, en busca de los entornos que estimularon la creatividad de Man Ray.

Pero el gran valor de La casa de Emak Bakia es su transformación de un documental de investigación en un ensayo fílmico. Porque la búsqueda de la casa de Emak Bakia sirve de pretexto para vertebrar una estructura narrativa en espiral, que en su viaje al pasado inicia una serie de saltos entre ideas que llevan cada vez más al centro semántico del cortometraje de Man Ray. Y lo más destacado es que forma y fondo se interrelacionan, pues la búsqueda de Man Ray lleva a construir un ensayo tejido según el método de libre asociación que define en gran medida el surrealismo: por ello, el montaje del cortometraje original Emak Bakia sirve, también, para la narrativa de su doble contemporáneo, Emak Bakia baitia.

la casa de emak bakiaEjemplo de ello es el propio nombre del cortometraje, Emak Bakia, que significa en vasco Déjame en paz, y que lleva al director a fotografiar los nombres de todas las casas y componer un poema en vasco sobre el viaje, casi en un sentido homérico. O contratar modelos de párpados para imitar los planos centrados en ojos de mujeres que filma Man Ray. O la contraposición entre las piernas de una bailarina de jazz y la danza tradicional vasca junto a un vaso de vino. Y toda esta ley de asociación libre está tejida en torno a un viaje de ida y vuelta, siempre a través de la yuxtaposición de pasado y presente, que cada vez pierden más sus fronteras y crean una única capa.

Este camino de investigación se escinde en dos mitades, que dividen el film en su ecuador, momento en el cual aparecen, por primera vez, los créditos y el nombre del director. Dos mitades establecidas por un hecho clave: el encuentro de la mansión, que andaba perdida en el olvido colectivo. Así, la primera parte se erige en un viaje exterior, por el pueblo y los paisajes, donde la deriva y la pérdida son el principal motor: todo es deambular, vagabundear por el pueblo. En cambio, la segunda mitad encuentra una concentración en un único espacio, la casa, sus interiores, de modo que entramos ya en un terreno de intimidad, e iniciamos un viaje a la memoria.

Porque Oskar Alegría se esfuerza por encontrar los antiguos propietarios de la mansión, que ahora pertenece a un sindicato. Entrevista entonces a los vecinos del pueblo, que comentan testimonios directos de su conocimiento del hogar. Y así es como logra contactar con una princesa rumana, residente en Alemania, que perdió la casa en la 2ª Guerra Mundial al creer que había sido destruida por los bombardeos, y que viaja a Biarritz para visitar la mansión. Desde un espacio cerrado viajamos hacia las profundidades de la historia, recuperando la memoria del hogar, pues al fin y al cabo todo espacio se define por sus recuerdos.

Crítica de La casa de Emak Bakia

Y Oskar Alegría reconstruye toda la historia de la casa, desde su fundación hasta hoy, pues desea restaurar la memoria colectiva de la casa y, así, descubrir los motivos que, una vez, llevaron a Man Ray a crear Emak Bakia. A crear uno de los poemas fílmicos más libres y bellos del cine mudo.

4 estrellas