Combustión: conducción temeraria, pero sin riesgos y subiendo a podio

El cine español tiene curiosas maneras de reinventarse. Cuando hay cineastas que intentan emular el cine de género estadounidense, otros prefieren aprovechar fórmulas que otros medios como la televisión han demostrado fructíferas. Aún a costa de que no vayan a llegar a un gran sector del público, lo cierto es que una propuesta como Combustión sí parece tener un tipo de público asegurado. Pero lo mejor de todo es que las aportaciones de profesionales de muy diferente índole, como su director, sus guionistas y sus productores, consiguen proporcionan a la película una validez y coherencia que va más allá de ese público. Aunque podamos considerarla una poco poligonera, lo cierto es que estamos hablando de un película considerablemente entretenida, sorprendentemente coherente y totalmente despojada de prejuicios en favor de sus personajes y el relato que conduce.

Cartel para la crítica de Combustión

Convencido estoy de que para muchos Combustión debe soltar, a priori, un cierto tufo a éxitos recientes del cine español como Tres metros sobre el cielo -que a un servidor le gustó mucho, aunque no así a mi compañero- y Tengo ganas de ti -una de las responsables de los buenos resultados de taquilla el año pasado-, las adaptaciones de las novelas de Federico Moccia dirigidas por Fernando González Molina, según guión de Ramón Salazar. Y no van desencaminados, porque estamos hablando de una obra de los mismos productores, Mercedes Gamero y Francisco Ramos. Y si bien es cierto que en un principio pareciera que fueran a discurrir por ese mismo territorio, Combustión sabe tomar su propia ruta hacia caminos diferentes, aunque quizás teniendo en común con los personajes esas mismas ganas de vivir y sentir, que se contagian al espectador.

Si la televisión ha servido de "escuela" para muchos actores que han visto como florecían sus carreras en la pequeña pantalla para saltar después a la grande, muchas veces también sirve a guionistas para experimentar con lo que funciona y lo que no. Es el caso de Carlos Montero y Jaime Vaca, que coincidían en una serie como Física y química, pero que en Combustión consiguen desarrollar unos personajes mucho más adultos, en personalidad y comportamiento, pero con los que seguro muchos seguidores de la serie se podrán identificar. Menciono ésta porque es en la que han coincidido ambos, aunque su bagaje es mucho más amplio. Lo interesante es que aunque fuerzan la máquina de la credibilidad, nunca se estrellan contra la verosimilitud. Igual que el primer viaje de Ari (Adriana Ugarte) en el coche de Mikel (Álex González), en el que aunque se siente zarandeada, no percibe el peligro en ningún momento, el espectador puede disfrutar con unos giros de guión más allá de lo que cabría imaginar, pero siempre dentro de unos parámetros perfectamente coherentes. Algo que no siempre sucede en el cine español, que o termina quemando el motor o se sale en la primera curva, sobre todo cuando se trata de películas de género, aunque no sea este el caso de Combustión. Quizás sí aprovechen alguna convención dramática, pero está más encaminada a avanzar en el reato que a distraer al espectador.

Álex González en la crítica de Combustión

La mayoría de los integrantes del reparto también tienen un pasado televisivo, lo que no impide que precisamente sean ellos, María Castro, Adriana Ugarte y Álex González, los que estén incluso por encima que Alberto Ammán en sus respectivas interpretaciones. Más en concreto, Álex González vive uno de sus mejores momentos con el estreno hace un par de semanas de Alacrán enamorado, en la que también demostraba su entrega y compromiso en un personaje que si partía de un fondo relativamente similar, transcurre por rutas separadas, aunque igual de poligoneras.

Adriana Ugarte y Álex González en la crítica de Combustión

Quizás toda esta carrera no habría conseguido llegar a meta con tan buenos resultados si no hubiera sido por tener un director tan coherente y comprometido como Daniel Calparsoro. Seguro que debe haber defraudado a algunos que su trayectoria no haya discurrido por los caminos del cine de autor al que iba encaminada su primera y rotunda obra, Salto al vacío, pero lo cierto es que el cineasta vasco siempre ha sabido dotar a todas y cada una de sus películas del tono preciso y adecuado. Si ya lo hiciera en Invasor, aunque en ese caso no lograra convencerme del todo, acierta de pleno en el caso de Combustión. Una película con un enfoque visual tan trepidante como la vida de sus personajes, y que no descuida a estos en favor de la acción, sino al revés.

Alberto Ammann en la crítica de Combustión

Si a esto sumamos un diseño de producción completamente adecuado a cada uno de los ambientes en que se mueven los diferentes personajes, la contundencia y eficacia de las secuencias de acción -limitándose en este caso a las carreras y persecuciones-, y una banda sonora basante certera aunque demasiado ordinaria en algunos momentos -Carlos Jean nuca ha sido santo de mi devoción- pero bastante acertada a las necesidades del relato, tendremos la emocionante receta para disfrutar de una película tan cañera y trepidante como las carreras ilegales que muestra.

3 estrellas