Bullet to the Head: la decadencia se acentúa con la edad

Es posible que muchos vean un título como Bullet to the Head como la última película de Sylvester Stallone, que lo es. Pero a un servidor lo que más le llama la atención de la adaptación cinematográfica de la novela gráfica de Alexis Nolent, constituya el retorno de un cineasta como Walter Hill a la dirección después de una década. Aunque, por un lado, Sly consiga crear un personaje algo particular, no demasiado parecido a sus precedentes (hacia los que se lanzan algunos guiños), Hill trata de desarrollar un thriller de acción clásico siguiendo la fórmula de las buddy movies, que si bien no deja de ser entretenido, tampoco acaba de desmarcarse de otro tipo de productos similares mucho más interesantes, terminando por diluirse en sus propias premisas, que pretendiendo ser originales, resultan odiosamente reiterativas y predecibles.

Cartel de la crítica de Una bala en la cabeza

Vinculado siempre a trepidantes películas de acción, no sólo como director sino como productor, y ya desde que comenzara a escribir guiones para cineastas como Sam Peckinpah o John Huston, quizás Walter Hill diera lo mejor de sí mismo en su primera etapa, cuando firmara títulos como Hard Times, The Warriors, Streets of Fire, 48 Hrs. o incluso Red Heat. Una época en la que unos toques de humor conseguían hacer de una película de acción un éxito seguro. Visto el gran partido que cineastas del calibre de Michael Mann consigue sacar al cine de acción contemporáneo, reincidir en aquella misma fórmula no es suficiente para hacer de Una bala en la cabeza, título de la película en España, una película que encaje tan bien como sus títulos de antaño en el panorama cinematográfico contemporáneo.

Sylvester Stallone y Sung Kang en la crítica de Una bala en la cabeza

Cierto es que no es el director el responsable de la adaptación cinematográfica de la novela gráfica original, alguna de las carencias debe ser obra de Alessandro Camon, el guionista de la película. Pero aunque tenga una interesante trayectoria como productor, en la que descubrimos títulos como The Crow: city of Angels, American Psycho, The bad Lieutenant: Port of Call o Wall street: Money Never Sleeps, como guionista su trayectoria es mucho más escasa, lo que explica que los personajes queden reducidos a estereotipos y que las acciones resulten aburridamente previsibles.

Jason Momoa y Sylvester Stallone

Aunque en definitiva el propio Hill fue quien en primera instancia aceptó el texto, siendo incapaz de imprimirle ninguna personalidad. Carente de cualquier doble lectura que proporcione profundidad al relato, también adolece de una falta de estilo y estética que pudieran haber hecho más estimulante el breve metraje de la película. La obviedad del título no basta para explicar el uso de algunos mínimos recursos, como el flashforward inicial que, finalmente, tampoco sirve para explicar ni definir en absoluto el vínculo de los personajes, como parecía debería haber sido. En todo caso, unido a los tatuajes que luce el protagonista en su cuerpo, más parece una referencia a quella espléndida película dirigida y protagonizada por Takeshi Kitano, Sonatine. Sobran las palabras.

Jason Momoa en la crítica de Una bala en la cabeza

Lo que sí me queda claro con Una bala en la cabeza es que Sylvester Stallone puede sacar bastante de sí mismo cuando se lo propone porque me siento en la obligación de confesar que, a su lado, Jason Momoa no es más que un armario móvil, incapaz de insuflar a su personaje algo de carácter y personalidad. En un ambiente así no es de extrañar que un actor como Sung Kang, que muchos recordarán de algunas entregas de Fast & Furious, Live Free or Die Hard o Ninja Assassin, consiga ser el actor mejor parado en esta evaluación, porque de Christian Slater ya ni me acuerdo, aunque debo decir que disfruté mucho con la manera en la que termina su personaje.

Me habría encantado que Walter Hill permaneciera otra década -la última película que había dirigido se estreno en 2002, Undisputed- desarrollando su carrera en otras tareas que no sea la de dirección, pero ya se han iniciado los primeros trámites para la producción de su siguiente película, St. Vincent. Espero que, al menos, cuente con un guionista mejor y más experimentado. Lástima que haya perdido él mismo su destreza escribiendo, porque se nota igualmente esa línea descendente entre sus primeros trabajos y los últimos. Y una pena que incluso a la hora de producir películas tampoco haya conseguido mantener el listón alto porque por mucho que Prometheus haya sido una superproducción, dista mucho de Alien y sus secuelas, o incluso de aquel descaro que se podía encontrar en Alien versus Predator. Yo entiendo que algunos cineastas tengan la necesidad de seguir haciendo cosas, pero a veces, habría sido mejor dejarlo antes que fomentar su propia decadencia, porque la venganza no conocerá de edad, pero la creatividad, en algunos casos, está visto que si.

2 estrellas