La ingenuidad se apodera de Oz the Great and Powerful

Al menos a un servidor le resultaba difícil hacerse una idea de lo que podía esperar de una película como Oz the Great and Powerful. Dirigida por un cineasta de culto como Sam Raimi, por mucho que no fuera su primera incursión en el cine comercial después de Spider-Man y sus secuelas, y avalada por un interesante reparto que incluía a actrices como Mila Kunis, Michelle Williams y Rachel Weisz, finalmente lo que más ha pesado en este producto no ha sido otra cosa que la productora que estaba detrás: Walt Disney.

Cartel para la crítica de Oz un mundo de fantasía

De entrada decir que se trata de una película dirigida al público infantil y familiar. En ese sentido no hay ningún tipo de engaño porque en ningún momento pretende convertirse en otra cosa que lo que es. Un producto que trata de aprovechar la vistosidad de éxitos recientes, como Alice in Wonderland, transmitiendo la ternura que despierta un clásico imperecedero como The Wizard of Oz. Porque los personajes estarán sacados de la misma novela de L. Frank Baum, pero la película está diseñada para rendir tributo a The Wizard of Oz, la versión dirigida pro Victor Fleming y protagonizada por Judy Garland. Aquella en la que todos pensamos cuando mencionamos al mago de Oz.

En este sentido, quizás pueda resultar divertido comprobar cómo se las han ingeniado para vincular la película de 1939 con esta superproducción, tanto por los efectos visuales como por los avatares que van a hacer de un embaucador un mago hecho y derecho. La pega es que el candor y aquella ingenuidad que despertaba Dorothy respondían a una jovencita alejada por primera vez en su vida de su casa y este mago es un adulto que debería tener la capacidad de salir adelante sin parecer un papanatas, aunque lo sea. Porque una cosa es que la película esté dirigida al público infantil, pero otra muy diferente es que el guión de la película no haya sabido proporcionar unos personajes sólidos y un argumento algo más elaborado.

James Franco

Así como el arranque de The Wizard of Oz, la parte en blanco y negro, establecía perfectamente la personalidad de los personajes y lo que en la parte posterior desarrollarían en sus respectivos personajes, aquí sólo ofrece un boceto, una especie de caricatura de unos personajes que no consiguen ni caer bien. Y si el viaje de un mundo al otro da la impresión, por un momento, de que vamos a disfrutar de una viaje realmente estimulante, la ilusión se diluye a medida que se expande la pantalla. Porque una vez entramos el mundo de fantasía de Oz, ya no sólo están las cuestiones argumentales, es que no puedo entender la baja calidad técnica de algunos momentos en los que se percibe perfectamente cuando estamos en un decorado reproducido con técnicas de animación o un decorado. Y no se trata de una opción estética, que tratándose de Sam Raimi podría haber escogido que se notara el efecto, lo más probable es que el director de Evil Dead estaba decidido a realizar el trabajo, coger la pasta y salir corriendo. Más o menos lo que le hubiera gustado hacer al propio mago. Y hablando de este, mira que le cuesta ahuyentar a las brujas, con lo fácil que lo tendría Dorothy para cargarse a ambas. Es posible que una la eliminara por azar, pero la otra se la carga ella solita.

Rachel Weisz y Mila Kunis

Y puestos a enlazar una película con otra, ¿¡cómo no hacen referencia finalmente a los zapatos que lucirá Dorothy y que le transportarán a casa con un leve toque de tacones!? Tanta fantasía, tanta fantasía para tan poco imaginación. Tampoco puedo deshacerme en elogios para ninguno de los miembros del reparto. Si James Franco se limita a ofrecer su habitual limitado catálogo de muecas, ninguna de las otras tres actrices protagonistas consigue imprimir a sus respectivos algo de personalidad. Quizás Mila Kunis gane muchos puntos a partir del momento en que se vuelve verde, pero casi más por la simpatía que puede despertar reconocer la bruja que interpretara Margaret Sullivan que por méritos propios de esta otra bruja. Y si Rachel Weisz se pasa de histriónica, Michelle Williams se queda corta. Pero de boba. Aunque quizás el más ingenuo fue un servidor, que esperaba ver otra cosa algo más original.

2 estrellas