Once upon a Time in Anatolia (Bir zamanlar Anadolu’da): un lugar al Este, muy al Este

Ganadora del premio del Jurado en Cannes, compartido con Le gamin au vélo, es posible que Once upon a Time in Anatonlia (Bir zamanlar Anadolu'da) no consiga la misma aceptación popular que consiguiera la Palma de Oro de ese mismo año, The Tree of Life. Pero pretendiendo la película dirigida por Terrence Malick ser una especie de tratado metafísico de bolsillo que olvidabas una vez se encendían las luces, no consigues librarte de lo que se esconde detrás de la película dirigida por el cineasta turco Nuri Bilge Ceylan. Igual que vaga la comitiva que trata de encontrar el lugar donde un par de desgraciados han enterrado un cadáver, divagará la mente del espectador repasando todos y cada uno de los punto clave de una obra intensa y emocionante, tanto en su forma como en su contenido.

Cartel para la crítica de Once upon a time in Anatolia

De la misma manera que este peregrinaje nocturno está plagado de relatos que se intercalan en la historia principal, el espectador tendrá que buscar por sí mismo su significado, así como las claves para determinar lo que ha sucedido y las consecuencias que estos hechos tendrán en los familiares del individuo asesinado. ¿Por qué dicen que el muerto era una persona mala si le vimos al principio dando de comer a su perro, al que después descubrimos velando su tumba? ¿Si han sido este par de desgraciados sus asesinos, por qué se aparece en casa del alcalde? Estamos ante un relato que hace de la deixis su seña de identidad hasta en lo que al pasado y el futuro de algunos personajes se refiere, como el médico que, con sus propias dudas y especulaciones, va convirtiéndose poco a poco en el verdadero protagonista de la película, el que empuja al espectador a sacar sus propias conclusiones.

Por mucho que la vocación estética sea realista, Érase una vez en Anatolia se antoja más una película metafórica en la que un médico, un comisario y un juez representan la civilización avanzada, la cultura, en un mundo que sigue sumergido en la superstición. Algunos, como el comisario, quizás siguen viviendo a medio camino entre esos dos mundos, de ahí sus reacciones emocionales en las que se deja llevar por el sentimiento. Metafóricas resultan también muchas imágenes de la película, como la imagen grabada en la piedra que sobresalta al médico en la oscuridad de la noche, el viaje que sorprende a las manzanas cuando las ramas del árbol del que penden son agitadas, o ese momento en el que sirven el té en casa del alcalde, con aparición incluida del muerto. Pareciera como si el propio Nuri Bilge Ceylan nos estuviera diciendo que Anatolia no es Turquía. Al menos no esa que pretende integrarse en la Comunidad Económica Europea. Este es un mundo en el que todavía imperan los rituales ancestrales y en el que todo se sigue resolviendo con violencia, ya sea física o psicológica. Un lugar que pareciera hubiera quedado colgado entre el Este y el Oeste.

Firat Tanis en la crítica de Once upon a time in Anatolia

Gran parte de la extraordinaria fuerza de la película proviene de la entrega y aportación de todos y cada uno de los integrantes del reparto, desde Muhammet Uzumer que interpreta al médico, hasta Firat Tanis, en los zapatos del reo acusado del crimen, pasando por Taner Birsel como un juez que inusitadamente integra algunas dosis de humor en un contexto absolutamente desprovisto de él, o Yilmaz Erogan, que consigue hacer de su comisario un individuo tierno y entrañable a pesar de sus reacciones. Ese realismo formal que mencionaba anteriormente también choca de frente con las elecciones de estilo del director, que escoge un formato tan espectacular visualmente como el cinemascope, que cual lienzo pictórico, es invadido por las extraordinarias luces y sombras de la fotografía de Gökhan Tiryaki.

Crítica de Once upon a time in Anatolia

Que elogie de esta manera la película no quiere decir que vaya a ser disfrutada por todo el público de la misma manera. Como sucede en toda película que requiere la colaboración del espectador para completar su discurso, no habrá quien se sienta abrumado por el dilatado tempo de la película, difunda en detallas y parca en acción. Todavía pero si la relacionan con películas como Once upon a Time in the West o Once upon a Time in America, a las que alude el título de la película en homenaje al Sergio Leone, podrían quedar bastante defraudados. Pero es que Anatolia está al Este, muy al Este, y eso también habría que tenerlo en cuenta.

3 estrellas