Marina Abramovic: The Artist is present o el arte como vivencia

El documental Marina Abramovic: The Artist is present, dirigido por Matthew Akers y Jeff Dupre, toma como título el nombre de la exposición retrospectiva que el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York organizó en 2010 como homenaje a esa artista serbia que tanto ha modificado los cauces de expresión artísticos, Marina Abramovic, quien se llama a sí misma, no sin ánimo irónico, "La abuela de la performance". Pero aunque tome el título de la muestra temporal, lo cierto es que una crítica de Marina Abramovic: The Artist is Present no puede obviar el hecho de que el título muestra una división entre dos términos, lo que genera consecuencias estéticas dentro del documental: se trata de un doble documental, o de dos documentales en uno, como lo es Searching for Sugar Man con la trama de intriga y la trama del biopic, y aquí separados por el signo de los dos puntos.

Marina Abramovic

Por un lado, disponemos del término Marina Abramovic, pues este documental se erige, en su primera mitad, en un biopic retrospectivo sobre su vida, en un breve repaso a sus hitos como artista del pasado, y donde Marina Abramovic está presente con nosotros y con el director a través del diálogo y la entrevista. Pero lo sorprendente de esta parte del documental es su síntesis y su sutileza, pues sólo narra aquellos hechos fundamentales en su carrera como artista, y están enhebrados a partir de la exposición actual: una explicación de la muestra del MOMA obliga a un viaje al pasado para entender a la artista y sus formas de expresión.

Y en torno a ella se construye un relato perspectivista, gracias al recurso a las entrevistas. Porque no es un relato monolítico, donde Marina Abramovic ahonda en su vida desde su punto de vista. Y es que el gran acierto de los directores ha sido incluir las voces de aquellos que la han acompañado a lo largo de su carrera, de modo que accedemos a una visión polifónica de la artista, donde los distintos puntos de vista confluyen entre sí para llegar a comprender a Abramovic. Así, por ejemplo, un manager que dispone nos enseña cómo se ha construido la marca Marina Abramovic, mediante la publicación de ediciones limitadas de libros con fotografías de sus performances, sin ocultar la parte de marketing que todo artista lleva consigo en la actualidad.

De gran relevancia es la aparición de su ex-pareja, el artista holandés Ulay Perdonen, con quien desarrolló una intensa colaboración artística, mostrando en sus performances la lucha de los sexos y la imposible comunicación perfecta, sin ruido, que se debe aceptar en toda relación amorosa. Célebre es su performance Relation in Time, donde corren el uno y el otro en distintas direcciones hasta golpearse mutuamente y caer; o la titulada AAA AAA, donde se gritan con toda la potencia de sus voces el uno frente al otro; o Imponderabilia, donde se sitúan desnudos en los dos lados de un pasillo, obligando a los visitantes a palpar los cuerpos desnudos para pasar de una sala a otra; o Light/Dar, donde se abofetean mutuamente cada vez a mayor velocidad. Y, especialmente, destaca el proyecto de recorrer la muralla china, cada uno desde un extremo en dirección diferente, hasta toparse en mitad de la muralla. Esta relación duró 12 años, y tras la ruptura, pasaron más de 23 años con escasa comunicación hasta que la muestra los reunió de nuevo, y Ulay ofrece su vivencia de la relación.

Por otro lado, el documental es una obra centrada en la exposición retrospectiva del MOMA, donde Marina Abramovic está presente junto al público, en una performance que desarrolla durante 3 meses, y donde se ubica paralizada, sentada en una silla, dispuesta a observar a todos aquellos que se atreven a sentarse frente a ella. Aquí cobra todo su sentido el segundo término del título y el título de la exposición, porque si algo caracteriza a una performance es que el artista está presente con su público, de modo que los cauces de la comunicación en el proceso de creación y exhibición artística adelgazan hasta ser un único instante: el de la performance, el de la representación.

El artista emite su discurso en el mismo instante en el que el público lo recibe, emisor y receptor comparten tiempo (instante de la performance) y espacio (el museo), y esta comunicación directa, sin intermediarios, es la que reivindica Marina Abramovic en su exaltación de la performance como arte. La crítica de Marina Abramovic: The Artist is Present va dirigida hacia los obstáculos del arte tradicional, en una especie de lucha por un arte sin barreras entre los dos extremos de la comunicación.

marina abramovic

Pero la artista está ahora presente con el público de la exposición, pero ya no con el espectador del documental: el tránsito de una parte a otra del documental provoca la desaparición de Marina, quien ahora exhibe su performance sin pronunciar palabra, sin explicarse. Ahora domina el silencio de la representación, lo visual se convierte en hegemónico, y el espectador debe encontrar el discurso en la propia performance de Marina Abramovic, que se ofrece sin más preámbulos, en el desarrollo temporal en el museo.

Lo más bello es que este documental logra emocionar a pesar de que, en nuestro caso, hay una distancia entre artista y espectador, pues en el cine todo es diferido, nada en presente. Aún así, esa focalización en los rostros de la gente, que sufre intensas reacciones emocionales en su convivencia con Marina Abramovic en las sillas durante unos segundos pueden provocar un contagio del espectador. Aquí quizá encuentro el único reproche al documental: el exceso de música, aunque sigue siendo bastante sutil.

Porque Marina es, en esta performance, una mirada vacía, sin habla ni movimiento: es una confrontación directa con la alteridad. Y el público experimenta distintas reacciones: puede encontrarse en la mirada de la alteridad, y lograr armonía; puede ver la mirada de Marina como la mirada del sujeto sobre sí mismo, como el ideal del yo juzgándose, y creando un trauma; puede ver la mirada de Marina como la mirada de la alteridad depositada sobre su conducta; puede ver la mirada de Marina como un abismo insondable, como el imposible conocimiento de lo otro; puede ver la mirada de Marina como el reconocimiento del yo en la alteridad... Porque lo mejor del documental y de la exposición es dejar la interpretación y permitir el acceso de cada espectador a una reacción emocional diferente, dependiendo de su experiencia personal.

4 estrellas