Great Expectations: grandes esperanzas, grandes decepciones

De la mano de Mike Newell (Harry Potter and the Goblet of Fire) llega la enésima adaptación al cine de la novela homónima de Charles Dickens, producida por la BBC con motivo del bicentenario del nacimiento del autor británico. Si uno hace un repaso a la filmografía más reciente de este director, la verdadera sorpresa hubiese sido que Mike Newell hubiera sorprendido con este drama de época. Pero la sorpresa no está entre su vocabulario fílmico. A pesar de la pereza que me produce escribir sobre un film tan anodino, en cierto modo agradezco a Newell que me permita incrementar mi criticismo en esta crítica de Grandes esperanzas en la que puedo ahorrarme cualquier clase de alabanzas. Porque, ¿cómo alabar la desidia de este director en la revisión de este clásico de la literatura? Hacerlo supondría un insulto no sólo a la obra de Dickens, sino también a toda adaptación al cine de grandes obras de la literatura realizada con éxito.

Grandes esperanzas (2012), de Mike Newells

Great expectations narra la historia de Pip (interpretado por Jeremy Irvine), un joven huérfano criado por su malvada hermana, quien le desprecia tanto como a su marido, Joe, herrero de profesión y único apoyo del pequeño Pip. Pip es enviado a la tenebrosa mansión de la Señorita Havisham (Helena Bonham Carter), donde es obligado a jugar con la despiadada Estella, quien ha sido educada por la Señorita Havisham para odiar y torturar a los hombres. Su obsesión por conseguir el amor recíproco de Estella conduce a Pip a un nuevo ideal de vida: ser herrero y llevar una vida sencilla no es suficiente, aspira a convertirse en caballero y poder así conquistar a Estella (quien, según el relato, es bellísima, aunque en este caso la elección de Holiday Grainger para este papel no se ajuste a la descripción, desde mi visión subjetiva de la belleza). Años más tarde, siendo ya un joven apuesto, Pip recibe una importante suma de dinero de un anónimo benefactor para estudiar en Londres y convertirse en un caballero. En ello Pip encuentra la oportunidad de su vida para lograr el amor de Estella.

Helena Bonham Carter en Great Expectations (2012), de Mike NewellSi la fuerza de esta historia depende en gran medida de sus personajes, las interpretaciones de los protagonistas están faltas de cualquier atisbo de conexión y carisma. Cuando Holliday Grainger dice no tener corazón, no hay nada que me haga dudarlo: su inexpresivo rostro no logra transmitirme siquiera esa frialdad que se le atribuye a su personaje. La relación cuasi-obsesiva entre Pip y Estella que se crea durante su infancia no adquiere el peso suficiente en este film que, a pesar de su larga duración, no logra transmitir al espectador lo que verdaderamente importa.

Si hay algo que realmente no entiendo de este film es el afán de Newell por convertir la historia y sus escenarios en algo tan tenebroso, por acercar un drama de época romántico al terror gótico sin resultar satisfactorio en ninguno de los géneros. El Londres que construye se asemeja al que uno imagina era el Londres de Dickens: sucio, pobre, caótico, pero por algún motivo en manos de Newell su ambientación resta cualquier posible atractivo a la estética de este film. Ni siquiera el vestuario causa la impresión que se espera de un drama de época: no hay una pizca de elegancia en sus personajes. La versión de este clásico dirigida por Newell peca de un clasicismo exacerbado y rancio. Eso sí, debo alabar la interpretación de Ralph Fiennes, que consigue despertar verdadera repulsión. Así como la de Jason Flemyng en su papel del noble herrero, el único personaje que logra transmitirme algo. Sin embargo, Helena Bonham Carter en su papel de la perturbada por un amor pasado Señorita Havisham alcanza lo grotesco, y el flashback de la boda fallida de su personaje es sencillamente espantoso.

Jeremy Irvine y Holliday-Grainger en Great-Expectations (2012)

¿Qué hay de novedoso en esta nueva adaptación? ¿qué la hace necesaria? A cualquier nueva versión de este clásico de la literatura inglesa se le exige, como mínimo, estar a la altura de la, hasta el momento, mejor valorada adaptación: la realizada por David Lean en 1946, traducida en España como Cadenas rotas. O al menos ofrecer una nueva visión de la historia, que aporte al espectador una perspectiva alternativa del relato. Si les digo que la versión moderna de Alfonso Cuarón, protagonizada por Gwyneth Paltrow y Ethan Hawke en 1998, me entretuvo y logró transmitirme mucho más que la de Newell, creo que comprenderán el escaso valor de esta película.

Sólo me queda decir que las grandes esperanzas del director y su reparto no logran causar en mí como espectadora más que una gran decepción y un tremendo tedio del que no logro deshacerme en ningún momento. Sus 128 minutos de metraje no son sino una gran pérdida de tiempo.

1 estrellas