Anna Karenina: las infidelidades de Mr. Wright

En toda adaptación al cine de obras literarias del calibre de Anna Karenina existen peligros difíciles de esquivar: el peligro de cometer una infidelidad imperdonable hacia su original o el de caer en la banalización queriendo crear un producto atractivo para las masas. Joe Wright, quien desde su entrada en el mundo del cine se ha especializado en las adaptaciones literarias al cine, sabe bien de estos peligros. Y aún así, después de firmar películas de la calidad de Proud and prejudice (2005) o Atonement (2007), ha caído en la tan temida banalización (para los amantes de la novela adaptada) a costa de ser fiel al dios de la innovación que goza de tal veneración en el cine actual. Sin embargo, innovación no es sinónimo de éxito. Y aún alcanzado el éxito, éxito no es sinónimo de calidad.

Cartel Anna Karenina (2012), dirigida por Joe Wright

Anna Karenina es la historia de una mujer valiente, capaz de enfrentarse al rechazo de toda una sociedad por el amor pasional e inesperado que surge por un Vronsky mucho menos atractivo de lo que una lo había imaginado entre las páginas de la novela de Tolstói. La infidelidad de su hermano, Stepán Arkádievich Oblonsky (Stiva), a su mujer Dolly lleva a Anna Karenina a emprender un viaje desde San Petersburgo a Moscú con el propósito de salvar su matrimonio. Por su parte, Anna está atrapada en un matrimonio de conveniencia en el que la relación con su marido, el ministro Karenin (interpretado por un impasible Jude Law) carece de la pasión y el enamoramiento que Anna (como cualquier otra mujer) ansía. Así, el primer cruce de miradas entre Anna (interpretada por Keira Knightley) y el conde Vronsky (interpretado por Aaron Taylor Johnson) en la estación de tren de Moscú es el germen de una atracción que conducirá a Anna a cambiar su destino impuesto por una sociedad convencional y a decidir, en su lugar, arriesgar la vida que conoce para experimentar el amor verdadero. Sin embargo, su historia está abocada a la tragedia (pero tranquilos, no habrá spoilers en este artículo en caso de que alguno de nuestros lectores haya tenido la suerte de no haber oído nunca hablar del final de Anna Karenina).

Kitty, interpretada por Alicia Vikander, en Anna Karenina (2012)

También abocadas a la tragedia están las altas expectativas de esta apasionada espectadora que imaginaba a Joe Wright capaz de hacer con esta novela lo que ya hiciese con Proud and prejudice: una adaptación inolvidable. Y lo cierto es que Joe Wright era capaz de ello y la adaptación es inolvidable, aunque ninguna de estas afirmaciones deban entenderse en el sentido expuesto. La decisión de convertir a Anna Karenina en una pantomima es propia del director en un ataque de inspiración con la intención de desmontar, precisamente, las expectativas de los amantes de Proud and prejudice. Por otro lado, el término inolvidable en este caso hace referencia al alejamiento de la adaptación de Joe Wright de lo esperado, pero también de lo deseable.

La Anna Karenina construída por Joe Wright es puro teatro, y en el más estricto de los sentidos. El film al completo está rodado en un escenario en los estudios londinenses Shepperton: en la adaptación de esta novela realista no hay localizaciones exteriores, todo es pretendidamente falso. Con cada uno de sus movimientos, los personajes parecen bailar a cámara lenta al ritmo de la música. La línea que divide al drama de época del musical se diluye a medida que avanza la película hasta llegar el momento en que uno no sabe si los personajes se arrancarán a cantar y dará comienzo un número musical. Pero no se preocupen, que el director no es Baz Luhrman y de moderno, aunque lo intente, Joe Wright no tiene mucho.

Anna Karenina (2012), de Joe Wright

Por suerte para el espectador mareado ante tal cantidad de acontecimientos narrados a un ritmo inconexo y frenético, la segunda mitad del film ofrece al menos un descanso y un mayor detenimiento en la historia de amor y escándalo de Anna Karenina. Sin embargo, la historia de amor central es narrada con cierta frialdad a pesar de que el adulterio cometido por Anna Karenina con Vronsky es causado por una pasión y un amor verdaderos. El juego de seducción entre los personajes interpretados por Keira Knigthley y Aaron Johnson es atractivo, pero algo caótico y acelerado. Es, sin embargo, la historia entre Kitty y Levin la que se lleva toda la ternura de este film y la que logra transmitir un amor más sincero y conmovedor.

Levin (interpretado por Domhnall Gleeson) es el verdadero protagonista en la novela de Tolstói, y también se hace con el protagonismo en la segunda mitad del film. Levin es un hombre sencillo que rechaza la vida en la ciudad y los grandes acontecimientos sociales y encuentra la felicidad en el campo, en una vida tranquila y familiar carente de ornamentos. Este personaje es considerado el alter ego del propio Tolstói, cuyo primer nombre es Lev. A través de este personaje Tolstói muestra su rechazo y critica a la aristocracia rusa de finales del s. XIX. Una sociedad sumida en la falsedad, la doble moralidad, y el vacío bajo las ricas telas de su vestimentas. Esa misma sociedad que permite a Vronsky reincorporarse a la vida social al tiempo que deja en el más oscuro ostracismo a Anna Karenina por el hecho de ser mujer y estar siendo infiel a su marido.

Anna Karenina, interpretada por Keira Knightley

En esta historia se produce un choque entre la sociedad tradicional rusa y los nuevos valores liberales procedentes de Occidente. Mientras que la infidelidad de Anna es duramente criticada por la anquilosada sociedad rusa, su infelicidad dentro de un matrimonio de conveniencia en el que se siente atrapada no supone un atentado contra la libertad de elección y la felicidad individual para la mentalidad de la época. Así, la infidelidad de Anna es únicamente importante en el sentido de que traiciona la sagrada institución del matrimonio (sin embargo, la infidelidad de su hermano Stiva no es un atentado contra el matrimonio: la infidelidad en la época no era sino un pecado femenino).

El personaje de Stiva interpretado por Matthew Macdafyen es una parodia del personaje creado por Tolstói. Es él el personaje que se encarga, desde su primera aparición en pantalla, de mostrar al espectador el tono de esta adaptación. A pesar de contar con un atractivo elenco, ninguno de los actores me convence en su papel, y esta decepción no puedo sino achacarla a la perversión de las adaptaciones de obras literarias, ya que en pocas ocasiones se adaptan a la imagen creada en la mente del lector acerca de los personajes (especialmente cuando el director decide, como en este caso, dar una vuelta de 180º al tono de la narración). Keira Knightley está bellísima en esta película y su interpretación está dotada de una fuerte expresividad que, sin embargo, carece de credibilidad cuando se trata de momentos dramáticos y de tal profundidad como son los conflictos planteados por el personaje de Anna Karenina.

Keira Knightley y Aaron Taylor Johnson protagonizan el intenso romance entre Anna Karenina y Vronsky

Si por algo puede criticarse la adaptación de Joe Wright es por haber relegado una historia potente a un segundo plano en pos de la estética y lo formal. Y eso está muy bien, yo soy la primera en admirar la estética en el cine, pero no cuando se superpone a una historia tan maravillosa como lo es Anna Karenina. Entonces todo se vuelve superficial, exagerado y se convierte en parodia una obra tan profunda sobre una mujer de incomparable valor y pasión por la vida. Aunque algunos agradezcan que la versión cinematográfica de la novela de León Tolstói no se haya convertido en un nuevo drama de época al estilo de Pride and prejudice, yo sinceramente echo de menos algo de aquél romanticismo.

A los potenciales espectadores de este film les aconsejo librarse de toda clase de expectativas y, a ser posible, no haber leído la novela para limitarse así a disfrutar de su cadencia rítmica y de su magnífico vestuario, merecedor del Oscar al Mejor Vestuario en la pasada edición. Como película, Anna Karenina es bella, entretenida e incluso ligeramente innovadora, pero como adaptación cinematográfica es odiosa. A los amantes del Joe Wright de Pride and prejudice, este film les dejará fríos. Y a todos aquellos que disfrutaron con la lectura de la obra sublime de Tolstói, desearán no haber leído con tanto amor cada una de sus páginas o, en el mejor de los casos, no haberse dejado llevar por el poder de atracción de las adaptaciones y haberse perdido este bello destrozo fílmico.

3 estrellas