Un coloquio con Michael Haneke

Michael Haneke acaba de recibir la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes, un galardón que suele destinarse a grandes figuras del pensamiento y de las artes, y que han recibido otros cineastas clave del cine europeo como el griego Theodoros Angelopoulos y el portugués Manoel de Oliveira. Esta entrega ha tenido lugar dentro de un marco especial: el estreno, en el Teatro Real, de la ópera Cosi fan tutte, de Mozart, en una versión dirigida por el propio Haneke. El director austriaco, minucioso y detallista en el trabajo, ha permanecido casi encerrado en los ensayos desde que desembarcó en la ciudad el pasado 2 de febrero, tal es la entrega que imprime en cada proyecto. Y, en una breve interrupción de su enclaustramiento, donde el arte se cuece cerrado a cal y canto, para emerger el próximo sábado proyectado hacia el espectador, ha tenido lugar un coloquio con Michael Haneke en el CBA.

haneke

Concepción del cine

Haneke se ha mostrado tal y como es: con esa parsimonia, esa seguridad y ese humor austriaco, tan negro y pesimista, que subyace en lo más profundo de algunas de sus obras. Un humor seco, que se dice en total seriedad, con los labios sellados e integrado en el discurso como un dato más, pero del que emana una visión pesimista que, a la vez, es una disección de la condición humana. Es fácil observarlo en su primer largometraje dirigido para el cine, y en mi opinión una de sus mejores obras: El séptimo continente, donde los personajes observan un accidente sucedido en la carretera como auténticos voyeurs mientras Madonna suena en la radio del vehículo. Un humor del contraste entre lo humano y lo deshumanizado, y que es la clave de gran parte de su cine, pues para él, el arte es una guerra civil, pero una guerra civil entre pequeños detalles contrapuestos:

La guerra civil de la que hablo en relación a mis películas no es una guerra de clases ni una lucha social, sino de detalles pequeños del día al día, que está en lo cotidiano, y que causan, en su suma, una guerra mayor.

Este humor ha emergido, principalmente, cuando un periodista ha señalado uno de los rasgos que más identifica el gran público al acercarse a su cine: el sufrimiento del espectador al ofrecer, a través de planos fijos de extrema sencillez y sinceridad, la realidad más cruda en bruto. Pero el sufrimiento no es una finalidad, sino un proceso inevitable en el propósito de Haneke de retratar la sociedad:

Yo no hago películas para que el espectador sufra. Si sufre, es que él tiene sus razones.

Michael Haneke

En el coloquio con Michael Haneke, el director ha ubicado la génesis de sus guiones en la confrontación con la realidad, pues nacen a partir de una situación de incomodidad e inadaptación:

Muchas veces son cosas que me molestan, entonces pienso sobre eso y así nace alguna cosa.

Y, para aprehender la realidad, se recurre a la mirada, pues la mirada funda al sujeto. El cine es su principal medio de expresión, más que la ópera, según ha señalado, porque la mirada a la realidad es un medio fundamental de análisis:

En principio le debo todo al cine porque uno aprende mucho a través de la mirada, soy fruto de lo que veo. Yo veo mi propio lenguaje como en oposición, como una reacción, al mainstream.

Pero su cine, fundado en el distanciamiento del espectador respecto de lo que contempla en el film, y a pesar de su aspecto intelectual, busca ante todo provocar la emoción. Porque la distancia que impone sirve, no para evitar una emoción, sino para reinventarla, para evitar el camino estímulo-respuesta y proceder a una emoción más analítica, que permita la conmoción y el temor, a la vez que el conocimiento:

Cuando hago una película, quiero que las personas se emocionen, y si lo he conseguido, es algo positivo, es algo que deseo como cineasta.

Michael Haneke, fotografía de Ruth Rubio

Pero nunca dará Haneke claves de interpretación de su cine, ni dirigiriá la mirada, pues esta emoción, individual de cada espectador, debe impulsar un distinto camino de exégesis:

Una de las razones por las cuales no quiero hablar es que prefiero hablar sobre el cine, pero tampoco quiero dar un manual de instrucciones para interpretar sus películas, espero que eso lo haga el espectador con sus propios ojos.

La música en su cine

El coloquio de Michael Haneke también se ha centrado en algunos estilemas característicos de su cine, y que sin duda han sido las respuestas más fructuosas que ha dado cuando el periodista no se ha centrado en preguntas prescindibles como "¿Qué sientes delante de tantas cámaras?". Y se ha señalado uno de los rasgos fundamentales de su estética: la ausencia de música extradiegética, pues siempre que emerge la música hay una justificación dentro de la diégesis, y tiene una función muy definida. En ningún momento obtendremos en Haneke música prescindible y, ante todo, buscando colmar vacíos: la música tiene una función de comentario, produce una intensificación de la densidad formal y semántica del film, creando nuevos sentidos y correspondencias internas:

Es una relación muy ambigua. Odio la música extradiegética, que está para esconder debilidades del guión. Pero la música puede ser una cosa maravillosa de una película, sobre todo si elige una música que ya existe y puede ser una cita en una situación dentro de la película. Por ejemplo, en Amour, Jean Louis Trintignant escucha una música de Bach, “yo te llamo Jesús Cristo de mi desespero”, y si uno conoce está música, es una forma de enriquecer la música. Pero, por ejemplo, en las películas de género, se necesita la música de Ennio Morricone, pero hablo de películas realistas, con lenguaje más débil.

La dirección de actores

Sin duda, uno de los aspectos fundamentales del cine de Michael Haneke es la dirección de actores. No en vano, recurre a planos fijos que permiten una enorme fijación de la atención del público en la interpretación, así que Haneke otorga una importancia fundamental al papel del actor en su cine. Y en breves palabras ha esbozado la importancia del papel de los actores en su cine:

He dirigido a mis actores en todas las películas. El deber principal de un director es trabajar con sus actores, saber cómo hacerlo, pero también hacer películas es una cosa muy compleja, y hay que centrarse en el aspecto técnico, porque si los filma mal, el resultado no se ve. Con los actores, lo que ellos dan en el momento de trabajo pueden ir más allá de lo que él, en cuanto guionista, ha previsto. Es un regalo, y uno puede ir muy feliz a su casa al final del día.

El cine y la ópera

Y aunque Haneke es conocido principalmente por su filmografía, también tiene a sus espaldas una trayectoria como director de escena teatral y operística, y su presencia en Madrid se debía a la ópera de Mozart. Así, ha sido preguntado por las diferencias y similitudes entre el cine y la ópera, y ha señalado su coincidencia en la supremacía del ritmo sobre la obra:

En principio, el cine y la ópera tienen más que ver uno con el otro que, por ejemplo, el cine y el teatro. Se debe a la hegemonía del ritmo, y cuando uno tiene que hacer una escena en cine, hay que condicionarse por el ritmo del montaje, como en la ópera hay que someterse al ritmo de la música. No quiero juzgar si la ópera es un arte total, no se debe hacer una comparación. El cine quizá puede tener algunas propiedades más que la ópera, pero en el nivel acústico, la ópera tiene una cierta ventaja. El cine, en la demostración y la representación de la realidad, tiene su ventaja. Pero no se puede comparar porque el cine tiene apenas 100 años, y la ópera lleva 500 años de trayectoria.