Las 7 películas oscarizadas más sobrevaloradas de los últimos años

La historia de los Oscar es una historia muy particular. Algo así como una mezcla entre intriga política y sci-fi (pero sci-fi del malo). En cualquier caso, la historia de los Oscar no es la de unos premios otorgados a un cine de vanguardia (a no ser que se entienda vanguardia como vanguardia en el plano técnico), novedoso, que arriesga. Es más bien la de un cine clásico, anclado en la tradición y, por encima de todo, asequible. Precisamente porque la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas no arriesga y por su sumisión al Dios de la recaudación en taquilla, los productos con la marca Oscar responden con frecuencia a criterios de marketing y no de calidad (aunque no falten en la larga historia de los Oscar magníficas películas).

Sin embargo, en lugar de alabar las decisiones de la Academia (de esto ya se encargan ellos mismos y los súbditos del Imperio de Hollywood), este artículo se centra en las malas decisiones, en aquellas películas que, en las últimas décadas, han obtenido el Oscar a la Mejor Película sin tener suficientes méritos para ello. Las malas decisiones de las que hablo responden a una fórmula establecida por estos galardones que ha sido la creadora de la categoría de grandes olvidadas de los Oscar, películas que merecían hacerse con la estatuilla pero que no lo hicieron por no responder a este patrón. He aquí una selección de las películas oscarizadas más sobrevaloradas de los últimos años.

7. Titanic (1997), de James Cameron

James Cameron está abonado a las taquillas: si hay algo en lo que es especialista es en vender, y con ello no me refiero únicamente a vender entradas, que lo hace muy bien, sino también a vendernos sus películas como obras maestras cuando en realidad no son más que productos que, una vez quitado el envoltorio, quedan completamente vacíos. Así es Titanic, una de esas películas a las que, pasados los años, no queda sino el nombre y sus 11 inmerecidas estatuillas.

Titanic (1997), de James Cameron

Pocas cosas le gustan más a la Academia que las superproducciones, películas que, como Titanic, tratan de impresionar al espectador (y lo logran) a través de la técnica. Lo peor de películas como Titanic, que ya ha pasado a la historia como una de las películas más oscarizadas, no es su existencia, sino que arrebatan el preciado galardón a la Mejor Película a otros filmes que rompen con el gusto (rancio) de Hollywood.

En 1997, también nominadas a la categoría de Mejor Película, se marchaban sin este galardón películas como Good Will Hunting, de Gus Van Sant que, a pesar de mi aversión hacia Ben Affleck, es una película que tiene al menos un mensaje que aportar a su público del que Titanic carece (así como a un entrañable Robin Williams). También se quedaban en la antesala en esta 70 edición de los Oscar As good as it gets, de James L.Brooks, que al menos se marchaba con unos merecidos premios al Mejor Actor y Mejor Actriz para unos inolvidables Jack Nickolson y Helen Hunt; así como L.A. Confidential, de Curtis Hanson, un ejemplo de cine noir reciente del bueno.

6. American Beauty (1999), de Sam Mendes

American Beauty (1999), de Sam MendesEsta irónica crítica de la insatisfacción de la clase media estadounidense y sus conflictos ofrece una visión alternativa de la sociedad americana. Mi problema no es tanto con American Beauty como con el olvido de la magnífica Being John Malkovich, de Spike Jonze. Spike Jonze es sin lugar a dudas uno de los mejores creadores de las últimas décadas, y el breve pero exitoso binomio Spike Jonze-Charlie Kaufman ha hecho las delicias de los amantes de la perfecta unión entre un guión brillante y una dirección única alcanzada por estos dos genios del cine. Being John Malkovich se marchó del entonces Kodak Theater sin una sola estatuilla, a pesar de sus tres nominaciones (entre las que no se encontraba la nominación a Mejor Película). El caso de esta fantástica película es un claro ejemplo de las dinámicas que mueven a la Academia en su toma de decisiones, así como de su rechazo por las historias excepcionales: al fin y al cabo, para qué complicarse si las historias simples, que no sencillas, son las que más complacen al gran público.

5. Chicago (2002), de Rob Marshall

Este año se cumplía el 10º aniversario del Oscar a la Mejor Película de Chicago, y la 85ª edición de los Premios Oscar quiso rendir homenaje a este celebrado musical reuniendo a su elenco en el teatro Dolby y ofreciendo una interpretación de sus números más conocidos. Con 13 nominaciones y 6 estatuillas, Chicago se convertía en el musical de la década, un título que, sin minusvalorar su calidad, resulta excesivo.
Chicago (2002), de Rob Marshall
Con este largometraje, Rob Marshall realizaba la única película decente de su filmografía (recuerden si no el fiasco provocado por su último musical, Nine), un homenaje al género musical y a la década de los años 20 que adaptaba a la gran pantalla el exitoso musical de Broadway de Bob Fosse (quien también realizase Cabaret en 1972, con una maravillosa Liza Minelli, y convertido quizá en uno de los mejores musicales de la historia del cine). Sin embargo, el resultado no es sino un producto para el gran público: una película musical de ritmo frenético, con un elenco propio de las mayores producciones de Hollywood y un resultado que deja frío una vez pasa el momento de excitación posterior al visionado.

Ese mismo año, Chicago compartía nominación a la Mejor Película con películas de la talla de The pianist, de Roman Polanski o The hours, de Stephen Daldry, dos filmes que cuentan con grandes interpretaciones (la mejor Nicole Kidman que haya visto nunca), que logran conmover al espectador con la intensidad de sus relatos y que, además, están aderezadas por maravillosas bandas sonoras (especialmente recomendable es la banda sonora de The hours, compuesta por Philip Glass). Cualquiera de estas dos películas merecían más la estatuilla que la sobrevalorada (aunque entretenida) Chicago.

4. El señor de los anillos: el retorno del rey (2003), de Peter Jackson

El señor de los anillos: el retorno del rey (2003), de Peter JacksonSi hay un año prolífico en la historia del (buen) cine reciente, ese es 2003. La industria cinematográfica nos sorprendía con películas como Lost in translation, de Sofía Coppola; Mystic River, de Clint Eastwood; 21 grams, de Alejandro González Iñarritu; Big Fish, de Tim Burton o Girl with a pearl earring, de Peter Webber que, a pesar de ser todas maravillosas, se marchaban a casa sin la ansiada estatuilla, que fue a parar finalmente a Peter Jackson y su última entrega de la trilogía de The lord of the rings. Soy consciente de que será en este caso en el que encuentre mayor número de detractores, amantes incondicionales de esta trilogía. No puedo poner en duda la calidad visual de este film, ni siquiera pongo en duda que sea una película brillante (aunque he de confesar que esta clase de cine no es my cup of tea), pero el hecho de que sus 11 estatuillas la hayan convertido, junto a Titanic y Ben Hur, en las películas más oscarizadas de la historia no hace sino cumplir con el patrón de Hollywood, guiado por la espectacularidad y las cifras de recaudación en taquilla, y dejarme con la insatisfacción de quien espera que se valoren películas de menor tamaño pero con la calidad de las mencionadas unas líneas más arriba.

3. The hurt locker (2010), de Kathryn Bigelow

Haciendo zoom en las ediciones más recientes de estos premios al cine más del gusto de la industria de Hollywood, que no al mejor cine, se encuentran ejemplos escandalosos de películas sobrevaloradas por los Oscar, como es el caso de The hurt locker, de Kathryn Bigelow, que se hizo con 6 premios, incluído el Oscar a la Mejor Película. En este caso no me voy siquiera a molestar en alabar su calidad técnica o espectacularidad. The hurt locker me parece un insulto a la inteligencia del espectador. Realizar una película sobre la guerra de Irak durante la guerra de Irak para el público estadounidense no es, que digamos, una idea brillante. Es más bien una idea facilona para llevarse al público nacional de calle y, con ello, a una Academia tan posicionada con la causa estadounidense.
The hurt locker (2008), de Kathryn Bigelow

Al margen de que la película se deje ver e incluso logre captar la atención del espectador más escéptico, no puedo defender que un film como este se hiciese con el Oscar a la Mejor Película porque eso supondría estar de acuerdo con el hecho de que los Oscar no premien sino un cine hecho por y para ellos. Las grandes olvidadas de este año fueron Inglorious Bastards, de Quentin Tarantino, una película brillante en todos los sentidos y que se marchó a casa con un único Oscar al Mejor Actor de Reparto para Christoph Waltz, así como An education, de Lone Scherfig que, aunque sólo sea por la interpretación de Carey Mulligan, merece la pena.

2. The artist (2011), de Michel Hazanavicius

La pasada edición de los Oscar "sorprendía" entregando el Oscar a la Mejor Película a un film francés, The artist dirigido por Michel Hazanavicius que, sin embargo, no podía ofrecer una historia más del gusto del Hollywood nostálgico. Esta película muda y en blanco y negro que quiso innovar haciendo cine clásico en 2011, es de todo menos innovadora. The artist logra entretener sin palabras, y eso en los tiempos que corren es un logro. Pero de ahí a ser la mejor película del año, hay un largo trecho. The artist es una película complaciente con la Academia, que no puede resistirse ante un film que, como este, trata de enaltecer al gran cine de Hollywood. Pero es, sin duda, una de las películas más sobrevaloradas de la historia reciente de los Oscar (si no me creen, hagan la prueba del doble visionado: si una película no encanta en el segundo tanto como en el primero, es que no era más que un amor a primera vista, cuando se profundiza en ella no tiene nada que enamore). Entre las nominadas a Mejor Película de este año echo de menos la que fue, en mi opinión, la mejor película del año: Beginners, de Mike Mills, a la que ya alabé en su momento y que merecía una mayor presencia de la que tuvo.

The artist (2011), de Michel Hazanavicius

1. Argo (2012), de Ben Affleck

El origen de este artículo se encuentra en esta película y en mi indignación ante la victoria de este film en la categoría de Mejor Película. No pude evitar mi sorpresa al conocer la noticia, a pesar de las predicciones y de saber que todo apuntaba a que Argo se haría con la estatuilla, pero el hecho de que fuese un premio esperado no disminuye mi indignación ni mi desencanto (no sé por qué extraño motivo cada año recupero mi fe y pienso que los Oscar nos darán sorpresas, y no me refiero a la sorpresa de darle el Oscar a la Mejor Actriz a Jennifer Lawrence, me refiero a la clase de sorpresa que habría sido que le hubiesen hecho justicia a Amour entregándole el premio a la Mejor Película).

Argo (2012), de Ben Affleck

Argo es una de esas películas con potencial que se quedan en eso: en un embrión que nace de parto prematuro y con todas las carencias que ello implica. Pero ya he hablado suficiente de este film, y no quiero repetir mis críticas ni hacer referencia de nuevo a esa caída en picado que sufre desde su momento álgido que dura únicamente los minutos iniciales de la película. Este Oscar es entre una broma de mal gusto y una ofensa para el buen cine. A mí personalmente me ofende que quieran venderme Argo como un film redondo cuando sus artífices trazaron el círculo sin compás y muy con poco pulso.