Especial San Valentín: 10 películas de amor no convencionales

San Valentín es un invento de la sociedad de consumo, eso decía mi madre. Y como tal invento, el también llamado Día de los Enamorados, es una excusa para consumir. Así que, ¿por qué no pasar este 14 de febrero consumiendo (más) cine?

Les amour imaginaires (2010), de Xavier Dolan

Las carteleras están plagadas cada temporada de comedias o dramas románticos que siguen un esquema repetido hasta la saciedad y que no ofrecen al espectador sino la complacencia de saber qué ocurrirá al final: que los protagonistas volverán a encontrarse a pesar de las adversidades, que habrá boda o que Richard Gere aparecerá en limusina y subirá por la escalera de incendios a rescatar a Julia Roberts a pesar de su miedo a las alturas.

Pero por suerte para nosotros, los Enamorados del Cine, hay quienes se atreven a abandonar ese patrón y ofrecernos pequeñas (o grandes) joyitas. Hoy os ofrecemos diez películas de amor poco convencional para que, celebréis o no este día como tal, terminéis la noche del jueves con una buena película en vuestras pantallas. En Extracine usamos el Día de San Valentín como un motivo más para celebrar que el cine, el buen cine, y las historias de amor que no terminan con un beso apasionado y un fundido a negro, también existen.

10. The sessions (2012), de Ben Lewin

La que ocupa la última posición en este ranking de cine romántico elaborado por una romántica empedernida, es quizá la historia de amor menos convencional y la que expresa este sentimiento con una mayor sutileza: The sessiones es la tragicómica historia de un tetrapléjico que, a las puertas de la cuarentena, decide perder su virginidad y para ello contratar a una terapeuta sexual que le ayude a superar sus complejos e inseguridades y a aprender a disfrutar de su sexualidad.

A pesar de mis tentaciones por introducir spoilers, me contendré y únicamente diré que no os dejéis engañar por las apariencias: lo que comienza como una relación fría en la que la peculiar situación que viven los protagonistas se trata con delicadeza pero tratando de evitar de crear otra clase de vínculos, creedme, es una historia de amor de lo más tierna.

Además de haber pasado por más de media docena de festivales, las actuaciones de Helen Hunt y John Hawkes merecen mucho la pena, por no hablar del reverendo William H. Macy. Y sí, está basada en una historia real.

9. Seeking a friend for the end of the world (2012), de Lorene Scafaria

Sí, como su título indica, Seeking a friend for the end of the world es una película apocalíptica. Pero si lo que esperas es una más de la miríada de filmes sobre el fin del mundo que han ocupado las carteleras de nuestros cines en los últimos años, entonces vas mal encaminado. Seeking a friend for the end of the world es una película extrañamente romántica. Una historia de amor que surge en condiciones extremas entre dos personas que no podrían ser más diferentes (interpretadas por Keira Knightley y Steve Carell, creo que este dato permite entender un poco de lo que hablo), pero que en el momento de la llegada del fin del mundo se encuentran y emprenden juntos una búsqueda que les llevará al encuentro de si mismos como individuos entre los que surge una conexión que durará hasta el fin de sus días (y nunca mejor dicho).

8. Nothing personal (2009), de Urszula Antoniak

Nothing personal no es una película romántica. Es una película sobre la soledad y la incomunicación. Este film holandés de ritmo pausado (para muchos lo será en exceso) expresa con sus simples imágenes una sensibilidad tal que conduce al espectador paciente que aguarda frente a la pantalla a que el amor surja entre los protagonistas (porque sabemos que es una historia de amor), a un estado de paz inexplicable (en caso de no haber producido tedio).

La sensación que a uno le invade al abandonar la sala es la de la certeza de que el amor no tiene por qué ser siempre apasionado y grandioso, sino que puede haber amores delicados y sencillos que no por ello dejan de llamarse AMOR (hoy me permito escribirlo con mayúsculas). Nothing personal carece de sentimentalismos y algunos incluso podrán decirme que por mucho empeño que pongan no encuentran esa historia de amor de la que hablo. Y entonces les diré que sí, que ese leve roce de manos entre los protagonistas, es al menos el surgimiento del amor.

7. Perfect sense (2011), de David Mackenzie

En Perfect sense lo único que aún tiene sentido es el amor entre los protagonistas, en un mundo en el que paulatinamente todos sus habitantes van perdiendo sus sentidos. Una metáfora inteligente y al mismo tiempo aterradora sobre la pérdida de sensibilidad de nuestras sociedades. Perfect sense lleva al extremo lo que Blindness (2008), de Fernando Meirelles y basada en la novela de Saramago, trataba de transmitirnos: el mundo hacia el que nos dirigimos es uno en el que la ceguera es una enfermedad contagiosa (y en este caso no se queda sólo en eso), y no somos capaz de percibirnos unos a otros. El dueto Ewan McGregor-Eva Green contribuye a hacer de esta película algo irresistible.

6. Like crazy (2011), de Drake Doremus

Like crazy es la historia de amor más real que haya visto nunca en pantalla. La verdad que hay en las interpretaciones de sus protagonistas permiten al espectador sentir no sólo esa química tan fuerte entre Anna y Jacob, sino adentrarse de lleno en su proceso de enamoramiento y vivir con ellos los contratiempos que han de atravesar para mantener su relación a flote. El único motivo por el que esta maravillosa película no ocupa una de las primeras posiciones en este ranking, es por ser quizá la más convencional dentro de las historias de amor no convencionales que hoy os propongo.

Lo que la diferencia de cualquier otra película con temática similar es su delicadeza, su ternura y su manera de llegar al espectador de una manera tan profunda. Eso sí, aviso a aquellos a los que las relaciones a distancia les sean familiares: es (muy) probable que no podáis reprimir las lágrimas (o cuanto menos ese escalofrío recorriendoos por entero). Pero yo, personalmente, no encuentro razón más bonita para las lágrimas que una buena película, como Like crazy, que es capaz de despertar emociones de tal intensidad. Imprescindible.

5. De rouille et d'os (2012), de Jacques Audiard

Ver a Marion Cotillard con aspecto demacrado y la cara lavada es, cuanto menos, una sorpresa (aunque a mí, personalmente, me siga pareciendo igual de perfecta). Dejando a un lado el hecho de que dos horas de película viendo actuar a esta mujer sean un placer en sí mismo, Rust and bone (en su traducción al inglés) es quizá una de los mejores filmes que haya visto en los últimos meses. Y como de lo que hoy quiero hablaros es de amor, Rust and bone ofrece una visión dura de este sentimiento que, sin embargo, en el caso de esta brillante película tiene efectos terapéuticos en quienes lo viven (aunque no haya una pizca del sentimentalismo al que nos tiene acostumbrado el cine romántico mainstream). Aunque no venga a cuento, no puedo dejar de recomendar al último Jacques Audiard, cuya breve filmografía se caracteriza, precisamente, por una perfecta combinación de dureza y ternura en todas sus historias.

4. Ruby Sparks (2012), de Jonathan Dayton y Valerie Faris

Jonathan Dayton y Valerie Faris vuelven seis años después de Little Miss Sunshine con una metanarración que recuerda al Spike Jonze de Adaptation (2002), aunque sin Charlie Kaufman (para lo bueno y lo malo). Una historia de amor entre la realidad y la ficción, en la que el protagonista, escritor devastado por una relación anterior y carente de inspiración, comienza a escribir sobre su mujer ideal que abandona las páginas y se convierte de la noche a la mañana en su novia de carne y hueso. Una reflexión sobre el amor que analiza todos los aspectos de una relación en la que los problemas, los celos y las dudas escapan al control incluso del propio creador del personaje. Zoe Kazan (también autora del guión de esta película) aporta un toque de frescura e ingeniudad que convierten a Ruby Sparks en un pequeño diamante.

3. Beginners (2010), de Mike Mills

Hacía mucho tiempo que una película no me mantenía despierta hasta tan tarde. Además de su insuperable reparto (Ewan McGregor, Christopher Plummer y ¡Mélanie Laurent!) Beginners es sobre todo una historia de encuentros. De encuentros con uno mismo y con la vida que se había había negado durante 75 años, en el caso de un inmejorable Christopher Plummer, o de encuentros entre dos almas destinadas a cruzarse, en el caso de un Ewan McGregor disfrazado de Freud y una Mélanie Laurent vestida de mimo parisiense. Beginners ofrece una visión del amor en la que la conexión entre dos personas y la comunicación que se produce entre ellos va más allá de las palabras y en la que este grupo de principiantes aprenden a disfrutar de la vida. Especial atención a la bellísima banda sonora.

2. Me and you and everyone we know (2005), de Miranda July

Miranda July es indie, y con mayúsculas. Y no hablo sólo de su cine, hablo de ella como un personaje en sí misma. Y su cine, he de decirlo, es de lo más raro que he visto en los últimos años (pero es cine raro del bueno). Me and you and everyone we know es su ópera prima y obtuvo la Cámera d´Or en Cannes a, valga la redundancia, la Mejor Ópera Prima, así como el Premio especial del Jurado en el festival de Sundance.

¿Lo mejor de esta película? La maravillosa e inolvidable escena en la que los dos protagonistas de esta historia de amor caminan en busca de sus respectivos coches y, por el camino, todo se convierte en una metáfora de las distintas fases de una relación amorosa a las que su relación aún no ha siquiera llegado hasta llegar al final, Tyronne Street, que supone el fin de la relación y el momento en el que se separan: el final de una larga vida juntos. Creedme, no hay nada más romántico que esos escasos 3 minutos de película. Y las historias paralelas que surgen en torno a esta pareja no tienen tampoco desperdicio.

1. Les amours imaginaires (2010), de Xavier Dolan-Tadros

Xavier Dolan-Tadros es uno de esos milagros que ocurren una vez cada cien años. Y su segunda película, la que aquí os propongo, rodada cuando su guionista, director, productor, actor protagonista y diseñador de vestuario tenía solamente 21 años, es probablemente la obra más brillante que haya visto en los últimos años (sí, soy de las que se deja influenciar en exceso por la estética, y en ese sentido a este filme le daría un 11).

Les amours imaginaires, traducida al inglés como Heartbeats, no es una historia de amor. O sí. Pero es más bien una reflexión sobre el enamoramiento (o en algunos casos la obsesión), los amores platónicos y, en definitiva, los límites a los que el amor nos empuja con sus fuerzas sobrenaturales en distintas situaciones. El autor plantea una concepción del amor que, sin caer en estereotipos propios de Hollywood, no tiene nombre, edad ni sexo. Por no tener no tiene siquiera el color rojo que especialmente en días como hoy inunda todos los comercios. El amor para Xavier Dolan es de todos los colores, de todas las épocas. El amor, según Dolan, no tiene nombre. Y al mismo tiempo, tiene todos los nombres posibles.

¿Por qué Les amours imaginaires es mi recomendación número 1 para este Día de los Enamorados? Porque hoy a quienes me dirijo en particular es a los enamorados del buen cine, y el cine de este joven director (y todo lo demás arriba mencionado) canadiense es maravilloso, especialmente en el plano estético. Les amours imaginaires ofrece una historia de amor pero también la historia de una amistad perdida y reencontrada en este proceso de surgimiento del amor y desencantamiento que toda historia de amores platónicos tiene. Y, por qué no, Les amours imaginaires es mi recomendación número 1 porque cualquier película que emplee el Bang Bang (My baby shot me down) de Nancy Sinatra, (aunque en su versión italiana interpretada por Dalida) como tema recurrente merece la pena ser vista. Repetidas veces.