Kon-Tiki: la aventura noruega hacia los Oscar

Adoro el cine nórdico

Son las palabras que invaden mi cabeza al ver esos primeros minutos de película y pensar en cómo dar comienzo a mi crítica de Kon-Tiki. El primer plano del joven protagonista y sus ojos del azul del océano Pacífico que más adelante será el protagonista de una importante parte de su vida, atraviesan el alma y son el presagio de una gran película. La sensación de que algo inolvidable va a ocurrir hace que uno se incorpore en la butaca y abra los ojos, casi tanto como los del pequeño de ojos color Pacífico, a la espera de que la gran aventura dé comienzo.

Cartel de Kon-Tiki

A uno le hablan de cine nórdico, y lo último que espera es una película de nombre exótico y parcialmente ambientada en la Polinesia. Pero si hay algo que caracteriza a los nórdicos es su espíritu viajero. Y su buen hacer, del que Kon-Tiki es buen ejemplo: su factura es impecable.

Pero vayamos a la historia, por no alabar en exceso su perfección técnica y quedarnos sólo en la superficie (aunque en cierto modo la película peque un poco de eso, precisamente). Kon-Tiki es el relato basado en hechos reales de un episodio de la vida de Thor Heyerdahl, antropólogo noruego que en 1947, y tras haber vivido en Polinesia y haber llevado a cabo sus investigaciones, emprendió un viaje a través del Pacífico para demostrar su teoría según la cual la Polinesia podría haber sido poblada ya en la etapa precolombina desde Sudamérica, y no desde Asia, como se había creído hasta el momento.

Para ello, Thor reclutó a un heterogéneo grupo de aventureros, formado por cuatro noruegos y un sueco, a quienes diferentes motivos llevaron a aventurarse en este peligroso viaje de destino incierto. Durante 101 días la tripulación atravesó el Pacífico desde el puerto de Callao, en Perú, recorriendo cerca de 8000 km, con el objetivo de alcanzar la Polinesia, dejándose llevar por las mareas y el rumbo del viento. Como medio de transporte Thor y su tripulación emplearon una balsa de madera construida siguiendo el modelo de embarcación peruana precolombina y que fue bautizada Kon-Tiki, en honor al dios del sol inca.

Kon-Tiki
Pero, más allá de la historia que narra, Kon-Tiki es también la historia del viaje emprendido por Noruega hacia los Oscar. Con Kon-Tiki, Noruega ha querido lanzarse al mercado internacional, en el que su cine es ciertamente desconocido, con un título cuya producción ha superado en inversión a cualquier otra película noruega realizada en la historia de su cinematografía: 88 millones de coronas noruegas (cerca de 12 millones de euros) fueron necesarios para poner en marcha esta ambiciosa empresa. Y he aquí el resultado: una superproducción que nada tiene que envidiar a las producidas por otras cinematografías de mayor renombre.

La historia de este film, que ha sido un éxito de taquilla en su país de origen, está construida a retales. El metraje combina la dramatización de la expedición liderada por Thor Heyerdahl con la inclusión de fragmentos del documental que el propio Thor rodó durante la travesía. Así, el espectador acompaña a los aventureros tanto a lo largo de los preparativos y el viaje en sí mismo, como del resultado cinematográfico de aquella expedición, que fue Kon-Tiki, documental que mostraba los detalles de la aventura y que se hizo con el Oscar al Mejor Documental en 1951.

Kon-Tiki, nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa

El comienzo de Kon-Tiki logra captar la atención del espectador y mantenerle expectante, con la mirada fija en la pantalla, ante lo que promete ser una película sorprendente. Y así lo es durante su primera media hora, en la que Joachim Rønning y Espen Sandberg logran mantenerse a la altura de las expectativas. Sin embargo, a medida que el film avanza, uno tiene la sensación de haber visto esta película antes. El modo en que el film narra la apasionante aventura de Thor Heyerdahl cae en convencionalismos formales que, a pesar de su perfección técnica, no dejan de resultar poco innovadores. Y uno siempre espera más, en especial cuando se trata de películas con tanto potencial como Kon-Tiki, tanto por la historia que narra como por su inversión millonaria así como las capacidades técnicas demostradas por su equipo. Sin embargo, a Kon-Tiki le falta algo.

Una tiene la tentación de caer en estereotipos y hablar de la frialdad propia de los países nórdicos. Pero si dijese que Kon-Tiki no logra transmitir, estaría mintiendo: su inicio logra emocionar al espectador e introducirle en esta ambiciosa aventura, y la fuerza de voluntad y empeño de su personaje principal transmite una forma de ser muy propia de los países nórdicos con su mensaje de que la ambición y el esfuerzo tienen recompensa. Pero la emoción no se mantiene a lo largo de todo el metraje y cuando la historia llega a su fin uno tiene la sensación de haber obtenido una resolución fácil y altamente predecible a una película que había creado en el espectador la ilusión de ser un film redondo.

Pål Sverre Valheim Hagen y Agnes Kittelsen interpretan al matrimonio Heyerdahl en Kon-TikiA pesar de sus carencias, Kon-Tiki es un film de calidad y altamente satisfactorio si uno tiene en cuenta que se trata de una película de aventuras. Sin embargo, mi mirada deformada de cinéfila en busca de historias con algo más que entretenimiento (en lo cual Kon-Tiki podría considerarse un gran éxito), observa las carencias con mayor detenimiento y se detiene a lamentarse por lo que esta película podría haber sido y no es. Rodada en dos idiomas, noruego e inglés, Kon-Tiki es, a pesar de todo, un éxito mayúsculo en sus principales objetivos: recaudar en taquilla y llegar a los Oscar.

Con Kon-Tiki, Noruega logra su 5ª nominación al Oscar a la Mejor Película Extranjera en toda su historia, y de hacerse finalmente con el galardón, sería su primer galardón en esta categoría. ¿Repetirá la historia de Thor, esta vez en la ficción, con otra estatuilla? Para conocer la respuesta habrá que esperar hasta el próximo 24 de febrero.

2 estrellas