Les Misérables: una obra contada y cantada

Tras el fulgurante éxito de The King's Speech, era obvio que Tom Hooper iba a necesitar algo más que sobriedad narrativa para su siguiente proyecto. Al menos si no quería convertirse en uno de esos cineastas que hacen una película, ganan un Oscar, y no vuelves a verles por la alfombra roja en su vida. Quizás por eso se ha preocupado de que su siguiente proyecto tuviera asegurada una gran expectación desde el momento en que se decidiera a filmarlo. Nada como escoger un musical tan popular como Les Misérables, con un reparto en el que se integran nombres como los de Hugh Jackman, Anne Hathaway, Russell Crowe, Amanda Seyfried, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter y Eddie Redmayne. Si encima les colocas en una fastuosa y maravillosa escenografía, les embutes dentro una fabuloso vestuario creado por Paco Delgado, les pones a cantar y haces que la cámara gire por ellos, ninguna duda me cabe de que los que disfrutaron con la representación teatral, volverán a hacerlo con la película. Y mientras tanto, los demás ¿qué hacemos?

Les Misèrables

Siempre hay algunos que se quejan de las adaptaciones literarias por aquello de los muchos detalles del libro que no aparecen en la película. Les Misérables es una ejemplo perfecto, pero no por lo que se excluye del libro, sino porque parece que nadie se lo ha leído. Ya sé que no se trata de una adaptación de la novela de Victor Hugo, para qué hacer eso si ya nadie lee. La estrategia comercial está dirigida única y exclusivamente a los que pagaron por ver el musical. Y si éste funcionó, ¿para qué cambiarlo? Pues precisamente, porque no es lo mismo el cine que el teatro, igual que tampoco teatro y prosa. Entiendo que para realizar la adaptación de la novela de Victor Hugo, los creadores del musical original, Alain Boublil y Jean-Marc Natel, tuvieron que condensar la historia para hacerla creíble dentro de los límites de un escenario. Tenían que conseguir que los personajes dijeran y mostraran lo que no podían explicar más allá de los decorados que podían crear en un teatro. A la hora de convertirlo en película, me parece fenomenal que aprovecharan las canciones, pero no me parece que fuera tan necesario seguirlos al pie de la letra. ¿No se les ocurrió que podían romper la cuarta pared y las unidades de tiempo, espacio y acción?

Anne Hathaway en Les Misèrables

La sensación que me transmite Les Misérables (la película), es la de que estamos ante un relato que empieza cuatro veces. Primero con Jean Valjean (Hugh Jackman) y su conflicto con Javert (Russell Crowe), después con Fantine (Anne Hathaway) y su conflicto con la vida, una tercera vez con Cosette (Isabelle Allen) y lo que será de ella, y una cuarta vez cuando entra en acción Marius (Eddie Redmayne) y la revolución francesa. Me pierdo, ya no sé si el tema de la película es la redención del primero, la santidad de la segunda, la educación de la tercera o la elección entre el amor y la guerra del último. Ni siento el vínculo entre Fantine y su hija, ni veo el que se supone desarrolla Cosette con Valjean, ni mucho menos el amor entre Marius y Cosette. Sí, sé que está ahí, pero como espectador de la película, no lo he visto, me lo han ocultado detrás de enormes elipsis que probablemente fueran necesarias para hacer comprensible el argumento en un espectáculo teatral, pero no en uno cinematográfico. Y si lo sé es porque me lo han contado los personajes.

Russell Crowe y Hugh Jackman en Les MisèrablesComo película musical, Les Misérables me resulta una obra tremendamente anticuada. Los los actores ni siquiera bailan, sólo cantan. Estamos ante una obra de teatro musical filmada en toda regla, en la que Tom Hooper suelta su cámara como una peonza que sube y baja, pero no al servicio del relato, sino de los decorados. Un espectáculo fastuoso, pero estático y anclado a esa concepción antigua de contar una historia cantando. En ese sentido, el trabajo del reparto de la película me resulta particularmente grotesco, casi más propio de la commedia dell'arte que de otra cosa. Es como si fueran clowns que exageran el gesto y confunden exaltación con sentimiento, seguramente por eso Sacha Baron Cohen se encuentra a sus anchas y en su salsa. Al menos Tom Hooper no pierde su más clara seña de identidad y saca el mayor número de paredes raídas que puede.

Isabelle Allen, Helena Bonham Carter y Sacha Baron CohenMe pregunto qué hubiera sido de Les Misérables si la hubiera dirigido Sofia Coppola. ¿No le habría sentado mejor la música de Siouxie and the Banshees, Aphex Twin, Air o Kevin Shields? Al fin y al cabo el tono de la versión de Hooper es tan pastelosa como la suculenta colección de sustitutivos del pan que proponía Marie Antoinette. Pero mientras esta última me encantó verla, la otra hubiera sido lo mismo sin tan sólo me la hubieran contado.

2 estrellas