Cirque du Soleil: Worlds Away, la llamada del circo

James Cameron sigue concentrado en el desarrollo del 3D a sus máximas posibilidades. Y en Avatar logró un perfecto casamiento entre relato y 3D, en el sentido de que ese film justifica su existencia por la auscultación del 3D, pues sin él, sólo asistimos a una historia algo caduca, la del contacto entre indígenas y colonizadores, y a un mensaje ya bastante explotado, el ecologismo universal: es el 3D el que permite sostener el visionado. Ahora desplaza su papel desde la dirección a la producción, y desde ahí ha sacado adelante otro film que pivota su efectividad también en el 3D: Cirque du soleil: worlds away (Cirque du soleil: mundos lejanos). Lo cuál no es bueno ni malo, pero es preciso señalarlo: es una obra destinada a ser vista con gafas adicionales.

En esta ocasión, la dirección ha recaído sobre las manos de Andrew Adamson, quien se ha encargado de la realización de Shrek y Shrek 2, y de dos obras de la saga The Chronicles of Narnia: The Lion, The Witch and the Wardrobe (El león, la bruja y el armario) y Prince Caspian (El Príncipe Caspian). Por lo tanto, en su trabajo como director ha lidiado con lo sobrenatural, lo fantástico y la magia. De ahí que sea una buena elección para Cirque du soleil: worlds away, un film que pretende ser una sumersión en los espectáculos del Circo del Sol, tratando de capturar

El film parte de una historia mínima, pues lo que le interesa es la captación del espectáculo, de la acrobacia: la plástica está sobre la historia. Por eso, convendría reivindicarlo más como un documental que como una ficción: se dramatiza mínimamente para captar el trabajo y el espectáculo del Circo del Sol. Seguimos los pasos de una joven que, tras surcar un mundo circense que le provoca extrañamiento, por la fusión entre lo grotesco y lo monstruoso, es devorada por un abismo en la arena. Y este paso es la frontera entre el realismo y lo fantástico: una vez que emerge el síntoma sobrenatural, el relato entra en otras reglas, ya no busca la verosimilitud, sino el espectáculo. La protagonista inicia un descenso a los infiernos, pasando desde el realismo terrestre hacia la magia que habita bajo tierra encarnada por los circenses.

Y el espectáculo es prodigioso, logrando un perfecto trasvase del arte circense al arte cinematográfico: se yuxtaponen planos generales de las acrobacias con planos insertos en el dinamismo de los acróbatas, de modo que nos ubicamos en la perspectiva de un espectador de circo e, inmediatamente después, en la acción del protagonista. Vemos y vivimos: eso es lo que logra este film, involucrarte en la magia desde la mirada hasta el tacto, aunque eso sí, una proximidad lograda en gran medida gracias al 3D. Y durante todo el visionado se tiene la constante sensación de que, el verdadero valor del film descansa en su materia prima, esto es, en el circo del sol, y la cámara y el film son un mero añadido, una mera reproducción de la belleza.

Guiada por un payaso, la joven inicia un conocimiento de ejercicios de arte a través del cuerpo: las contorsiones del cuerpo se reivindican así como medio de ejercicio de la libertad, alejados de las normas de la sociedad racional. Bajo la arena, en el inframundo del Circo y la magia, todo es posible, y todo ser humano debe ejercer su voluntad plena. Allí conoce a otro joven acróbata del que se enamorará, y la historia pretende mostrar tres etapas del amor: la conquista, la pérdida y la consolidación. Una pérdida que se produce en un segundo descenso a los infiernos, a un estrato inferior, donde allí sí, habita el mal. Un mal que quiebra el amor momentáneamente, pero un mal tan atlético como la belleza primera.

Cirque du soleil pretende buscar la belleza del cuerpo humano y de sus potencialidades. Y lo logra en gran manera, pues se siguen con asombro algunas acrobacias, y el uso de colores, yuxtaponiendo el rojo de plenitud con el azul en los momentos de mayor tensión, es un disfrute para los sentidos. No obstante, el minimalismo del relato hace que todo el aparato visual llegue a fatigar; de hecho, es obvio que la historia es un pretexto, y por ello cae en profundos estereotipos y sigue el arquetipo de la relación heterosexual. Pretende ensalzar el espectáculo por el espectáculo, algo que me parece idóneo aquí porque no va camuflado bajo un guión pretencioso. Pero ante todo, es casi imprescindible el visionado con gafas tridimensionales, pues son la única manera de intensidad de la llamada del circo.