Las claves de la gala y de los ganadores de los Globos de Oro

Los ganadores de la 70ª edición de los Globos de Oro, los premios entregados por la asociación de críticos internacionales en Hollywood, han sido sin duda alguna Argo y Les misérables. Si bien es cierto que este doble triunfo ha sido posible por la escisión de las categorías de los premios en candidaturas de película drama, por un lado, y de película comedia o musical, por otro lado. Así, Argo obtuvo el Globo de Oro a Mejor película drama, además del Premio a Mejor Dirección a Ben Affleck, mientras que Les Misérables obtuvieron los Globos de Oro a mejor película comedia/musical, mejor actriz principal (Anne Hathaway, quien se desmelenó de la emoción, casi explotando en el escenario al dar el discurso de recogida del premio a mejor película) y mejor actor principal (Hugh Jackman, quien por poco debe recoger el premio por Skype, pues padecía de gripe).

Aún así, los premios estuvieron bastante repartidos, pues casi todas las favoritas obtuvieron algún galardón importante: Life of Pi a mejor banda sonora, Zero Dark Thirty a mejor actriz principal (Jessica Chastain), Lincoln a mejor actor principal (Daniel Day-Lewis) y Django Unchained a mejor guión, y que pilló desprevenido a Quentin Tarantino, quien no recibía un premio en Hollywood desde 1994 por Pulp Fiction. Y, por supuesto, la magnífica pieza de Adele para Skyfall se alzó con el Premio a Mejor Canción, totalmente merecidísimo pues su ritmo permite sumergirnos en esa caída desde el cielo junto a Daniel Craig.

De todos modos, en mi opinión, los Globos de Oro se han decantado por la comercialidad y la seguridad, no han arriesgado lo suficiente. Argo es una película correcta e interesante, pero para nada fascinante: Ben Affleck realiza, desde mi punto de vista, una puesta en escena funcional, pero bastante mediocre en comparación con el resto de asistentes, donde podíamos encontrar la precisión de Kathryn Bigelow, la ironía de Quentin Tarantino y la lírica de Ang Lee. Además, tiene un cariz propagandístico, pues aunque pretenda criticar la boda entre Hollywood y CIA, lo que consigue al final es ensalzar el papel de la CIA en el rescate de los rehenes, representando únicamente una victoria de EEUU, y obviando la muerte de varios soldados en la operación de rescate paralela. La curiosa paradoja es que Ben Affleck se alza con el galardón a Mejor Director y, en cambio, no está nominado al Oscar en la misma categoría: pronostico que la Academia va a obviar este film, aunque es cierto que se ha convertido en el film clave en la cosecha de premios a Mejor película en los Círculos Críticos de EEUU, e incluso ha sido nombrado por Obama como una de sus obras predilectas del año. Y es que Zero Dark Thirty, que al principio parecía la gran favorita, ha ido perdiendo fuerza con el paso del tiempo. Al menos, Ben Affleck ha sido excluida de las categorías a mejor actor; no en vano, Terrence Malick prefiere filmar los árboles a su interpretación.

Por otro lado, Les misérables logra emocionar, pero es preciso señalar que parte de una materia prima portentosa preexistente, y el trabajo de ingenio y originalidad no es tal en comparación con la presencia de Moonrise Kingdom, también nominada a mejor película comedia o musical y, sin duda, una de las obras clave del cine independiente de EEUU del año. En todo caso, como conclusión cabe señalar que para los Oscar es posible prever una inversión en cuanto a los premiados, pues aquí la existencia de doble categoría permite un mayor reparto de los premios. Pero antes de lanzar pronósticos, os dejo con una crónica de la gala, con los momentos culmen y los momentos abismales de esta noche de premios y champán:

Crónica

Las actrices y cómicas Tina Fey y Amy Poehler eran las encargadas, este año, de presentar la gala de los Globos de Oro, tratando de continuar con la vertiente subversiva e irónica que aportó Ricky Gervais en la presentación de las dos últimas ediciones. Y lograron mantener el nivel, pues se lanzaron a la caza y captura de algunos de presentes y ausentes, hasta el punto de que se permitieron el lujo de criticar a su predecesor:

Ricky Gervais no está este año en la gala porque es posible que ya no sea una estrella.

Y es que Tina Fey y Amy Poehler no defraudaron, aunque es cierto que no se atrevieron a una crítica tan directa como Ricky Gervais. Aún así, hubo referencias memorables, como la dedicada a Kathryn Bigelow, pues en referencia a la polémica acerca de la explicitación de las torturas de la CIA en su film Zero Dark Thirty, Amy Poehler afirmó que

Yo me fío de una persona que ha estado casada con James Cameron 3 años.

Incluso a Meryl Streep fue aludida, nominada a mejor actriz en categoría comedia o musical por Hope Spring (Si de verdad quieres), y que se quedó en casa por una gripe, algo que agradece, según dijeron las presentadoras, porque así no tiene que quedarse sentada y sonriendo hacia las cámaras cuando otro se lleve el premio al que estaba nominada, como le ocurre normalmente. Y Poehler también le dedicó un momento a Ben Affleck:

Tus dos primeras películas se desarrollan en Boston, y en la tercera te has ido a Irán porque allí son mucho más amables con los extranjeros.

Quizá el ataque más directo fue a la gala de presentación de los Oscar del 2011, guiada por James Franco y Anne Hathaway y donde el primero adquirió un papel de galán estático y rígido, dejando todo el peso de la gala sobre Hathaway. Por eso, Tina Fey ironizó refiriéndose directamente a ella:

Me encantó tu actuación en Les Misérables, no había visto a alguien tan absolutamente solitario y abandonado como cuando estuviste en el escenario con James Franco.

Pero la crítica era bidireccional, también dirigida hacia ellas mismas:

Los juegos del hambre han sido los que he tenido que pasar durante seis semanas para poder meterme en este vestido.

En la gala se sucedieron momentos brillantes, como el monólogo inicial, con otros que sumían la noche en el abismo, como el desafinado canto de Catherine Zeta Jones. Aunque, en cuanto a las presentaciones de premios concretos, destaca la aparición estelar de Kristen Wiig y Will Ferrell, por quienes apostamos como pareja idónea para presentar la próxima gala de los Globos de Oro. Iniciaron su discurso imitando al tándem Anne Hathaway-James Franco, con Will Ferrell despistado y mirando hacia atrás, y después ironizaron sobre sí mismos, fingiendo haber visto las 5 películas nominadas en la categoría a Mejor Actriz de Comedia.

Michael Haneke, que salió a recoger el Premio a la Mejor Película extranjera, puso la nota de lucidez y dolor en el discurso, como no podía ser de otro modo: "todos nosotros moriremos pronto algún día", precisamente el discurso soterrado que impregna cada plano de la magnífica Amour. Y, en el fondo, reposaba la pregunta: ¿Qué pensaría Haneke de la gala y del imaginario hollywoodiense, este año que ha conquistado al público mayoritario de EEUU? Yo opto por una gala dirigida por él con planos fijos y sostenidos en el tiempo y fueras de campo.

Pero la gran noticia fue el ambiguo discurso de Jodie Foster, que recogía el Premio Cecil B. DeMille en homenaje a toda su carrera, y que fue, sin duda, su salida del armario a los ojos de la opinión pública, que llevaba años rumoreando sobre su sexualidad. Aunque, eso sí, se inició con esa ambigüedad que caracteriza a esta interesante actriz:

Creo que tengo una urgente necesidad de decir algo que nunca he sido capaz de decir en público, que me pone un poco nerviosa, aunque quizás no tanto como a mi representante. Lo voy a decir con fuerza y orgullo, ¿vale? Y voy a necesitar vuestro apoyo... Yo... ¡estoy soltera!".

Pero, tras este juego con la polisemia del lenguaje, se lanzó a explicitar sus tendencias sexuales, en lo que supone una gran noticia para la visibilidad de la homosexualidad femenina, mucho más oculta de la opinión pública que la masculina y mucho más subversiva todavía, y que Jodie Foster permite normalizar con su gran discurso, donde ironizaba sobre la necesidad de dar una rueda de prensa para confirmar siempre una sexualidad que no se corresponde con la ideología heterocéntrica:

Espero que no estéis decepcionados porque este no sea un gran discurso de salida del armario. Hace miles de años que salí del armario, en la Edad de Piedra. Pero ahora, al parecer, me han dicho que de todas las celebridades se espera que den detalles de su vida privada.

Y, para el recuerdo, quizá quedará esa estampa de Glenn Close próxima a la ebriedad. O, quizá, la cámara le haya pillado en una postura extravagante. Pero lo cierto es que la botella de Moët Chandon reposaba sobre la mesa, así se logra un ahorro en la fiesta de después, pues no es preciso pagar cubatas: uno los lleva ya dentro de sí mismo. Como los llevaban también Sacha Baron Cohen o las propias presentadoras, Tina Fey y Amy Poehler, que subieron al escenario con un vaso de whisky entre sus manos.