Rise of the Guardians: la dualidad entre el bien y el mal

Rise of the Guardians es la propuesta de Dreamworks, junto con Madagascar 3, para competir este año con las producciones de Disney y Pixar. Se basa en la serie de libros ilustrados The guardians of Childhood, escritos por William Joyce. Pero, en lugar de realizar una adaptación al uso, han preferido hacer una especie de precuela de los libros: ponen en escena el origen de los guardianes, y los libros desarrollan la actividad posterior de este grupo de defensores de la imaginación. Y es que el autor, que ha participado en el guión y en la producción, ha preferido realizar una adaptación independiente de los libros, pues considera que cine y literatura son plenamente autónomos, y sus productos deben funcionar de manera independiente, sin instigar las comparaciones.

Es, sin duda, el perfecto producto para estas navidades, pues su relato está protagonizado por numerosos personajes procedentes de la mitología de la infancia, cuyo líder es la figura más icónica de la navidad, Santa Claus (con voz de Alec Baldwin). Pero el desfile de personajes no se reduce a motivos navideños: también encontramos al conejo de Pascua (Hugh Jackman), a Sandman y al hada de los dientes (Isla Fisher). Todos ellos son personajes que impulsan la imaginación de los infantes, y en esa protección de los sueños, deberán enfrentarse contra Pitch (Jude Law), una fuerza del mal que pretende terminar con los deseos de la infancia.

En esa lucha se unirá el joven Jack Frost (Chris Pine), una figura élfica legendaria, cuya labor consiste en crear las condiciones propias del invierno, instigando la nieve, la escarcha y el hielo, o mordiendo la nariz y los dedos de los pies de los habitantes. Un joven invisible a los ojos de los niños y que ve frustrada su labor al no obtener reconocimiento; por ello, su integración en el grupo de seres sobrenaturales servirá para encontrar su identidad.

Rise of the Guardians dispara su relato hacia dos direcciones: hacia lo colectivo y hacia lo individual. Por un lado, nos ubicamos del lado de unos guardianes que tratan de contener el influjo de las fuerzas del mal sobre los niños, lo cual supondría anular su capacidad para desear y soñar. Por otro lado, tenemos a un joven guardián que carece de recuerdos de su infancia y, por lo tanto, es incapaz de soñar y desear, pues ha perdido la mirada inocente del infante. De este modo, la lucha intersubjetiva se alimenta de la lucha individual, hasta hacer la segunda condición indispensabe del triunfo del bien: si Jack Frost no es capaz de rememorar su pasado y recuperar su capacidad de soñar, no podrá vencer al mal.

De este modo, se construye una correspondencia entre héroe y antihéroe: no son fuerzas diferentes, sino manifestaciones de un mismo ser. De hecho, tienen un físico y una apariencia similar, son los seres sobrenaturales más antropomorfos del film, pues ambos proceden de categorías morales, humanas. Y es que, en el fondo, el mal es una emanación del bien, ambos son indisociables, no pueden sostenerse como categorías opuestas y antitéticas: conviven en una gradación. De este modo, Pitch es un alter ego de Jack Frost: es la materialización de la incapacidad de Frost para el libre ejercicio del soñar. Porque la ausencia de memoria impide el desarrollo de la imaginación y el subconsciente, es un ser anulado. Así, Pitch es un doble perverso de Jack Frost, es el símbolo del miedo, de la incapacidad de desear; de hecho, el propio personaje juega con esta identificación.

El film juega, entonces, con una dualidad entre Jack Frost y Pitch, de modo que para vivencia de uno, deberá morir otro. Esta fusión del bien y el mal en una identidad dúplice es, sin duda, uno de los mayores logros del film, eludiendo así la maniquea lucha entre el bien y el mal como seres antitéticos y completamente diferenciados, aunque quizá estaría bien haber generado una mayor ambigüedad en el desdoblamiento héroe-antihéroe. Por otro lado, la estética del mal es muy atractiva, y desarrolla algunos motivos del expresionismo alemán, con sombras pronunciadas y contrastadas, figuras estilizadas y escaleras infinitas.

Y la estética del bien también es fascinante, pues el diseño de los personajes, con un gran detallismo y una imaginación asombrosa, es fascinante: cada uno muestra ya, en su apariencia, todas sus funciones y su papel en la trama. Visualmente, Rise of the Guardians es un prodigio, con un gran detallismo de los espacios y una perfecta construcción de atmósferas. Quizá algunos tramos de acción y peripecia sean algo prescindibles, pero, en general, es una buena obra de animación, excelente para verla estas navidades y ensalzar esa parte de la infancia que todavía persiste en la psique.

3 estrellas