De rouille et d´os (De óxido y hueso): la destrucción o el amor

Con el drama carcelario Un prophete (Un profeta), el director francés Jacques Audiard conquistó al público y a la crítica, alzándose con el Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes de 2009. A través de El Djebena (Tahar Rahim), un francés de origen árabe que es encarcelado, y que termina aliado con la mafia coreana que domina la prisión, Audiard logra un retrato de las duras condiciones de vida de la cárcel y del sistema de relaciones interno. Este año, Audiard regresó a Cannes con De rouille et d´os (De óxido y hierro), una historia de amor entre seres solitarios, entre un boxeador y una domadora de orcas, protagonizada por Marion Cotillard y Matthias Schoenaerts.

Pero De rouille et d´os es una historia de amor, que no una historia romántica. Porque lo más destacado de la cinta es la reinterpretación de los tópicos y estereotipos de la relación amorosa. Es la tragedia lo que impulsa el contacto; y es la distancia lo que la consolida. Nos encontramos con seres extraídos de la realidad, experimentando emociones reales, y no clichés: un hombre insensible, algo bruto, que apenas sabe interpretar los síntomas del amor; y una mujer que, ante la pérdida de partes de su cuerpo, se siente innecesaria en la estructura social. Y el director muestra una gran sensibilidad en la filmación de cada gesto de amor y soledad.

La obra parece una reinversión del mito de la bella y la bestia: tras el accidente que obliga a la amputación, la mujer se transforma de bella en bestia, y en su cuerpo se yuxtaponen los aspectos de belleza y fealdad por igual. La mujer es un recipiente de opuestos: conserva una dignidad que no se proyecta en la fisicidad de su cuerpo. En cambio, el hombre, que es una bestia en su interior, del que emana gran brutalidad de su actitud, todo ello contenido en una belleza exterior. Dos seres de contrastes se relacionan y, en su intercambio de emociones, lograrán una transformación: el desarrollo de la sensibilidad en el hombre y de la fortaleza en la mujer.

Dos opuestos que el propio título desarrolla: el hueso del boxeador y el óxido de la amputación, que juntos conviven e inician la ósmosis emocional. Me recuerda en gran medida a la ópera prima de la directora de cine clásico Ida Lupino, The Young Lovers, donde una pareja de bailarines se quiebra a causa de una enfermedad que paraliza las piernas de la mujer. Entonces, ella se autoaisla, porque ante la incapacidad de reconocerse, se ve incapaz de amar. En esta ocasión, Marion Cotillard hace un excelente trabajo, con un rostro siempre surcado de ojeras que muestra esa lucha consigo misma para poder iniciar su reinserción en la sociedad; incluso ha sido nominada a los Globos de Oro, en la categoría de Mejor Actriz de drama.

Para recoger esta dura historia entre seres contradictorios, el propio Audiard recurre a una violenta puesta en escena, que logra explicitar este conflicto entre el interior y el exterior de los personajes. Audiard utiliza una estética de gran dinamismo, próxima a los personajes y, ante todo, fragmentaria: las escenas se dividen en múltiples planos móviles que chocan entre sí, como las personalidades de los personajes chocan dentro de sí. Así, logra transportar al espectador a ese cúmulo de sensaciones en combate.

Así se desarrolla una primera hora que atrapa al espectador mediante el golpe en la retina: la puesta en escena lucha contra el espectador y, a la vez, lo sumerge en el relato. Una primera hora marcada por esta gran proximidad de la estética con la psicología de los personajes. No obstante, en algún momento sobran ralentíes y música enfática, que no hace sino repasar algunas sensaciones bastante obvias, y que bloquean la atmósfera.

Asimismo, a partir de la mitad del metraje deviene algo convencional, al salir de esa historia romántica desromantizada y tratar de abordar otros aspectos, la familia o el trabajo, a través del melodrama: entonces, todo el discurso se desmorona en el recurso a algunas convenciones del género, como la huida de un personaje, para promover la reconciliación. No obstante, De rouille et d´os te deja sin aliento en su visionado, permaneces constantemente atrapado por los puñetazos que propinan sus planos: aunque no llegue a la maestría de Un profeta, merece la pena sumergirse en esta historia que presenta el amor como refugio. Porque la vida, como bien señaló Vicente Aleixandre en uno de sus libros de poemas, a veces se presenta a través de una disyuntiva: la destrucción o el amor.

4 estrellas