ParaNorman: el absurdo miedo a lo Otro

ParaNorman (El alucinante mundo de Norman) es un prodigio del stop-motion. No en vano, los directores, Chris Butler y Sam Fell, y el equipo de animación, llevan más de tres años de intenso rodaje. Ahora bien, el resultado final es de una maestría absoluta en cuanto a detallismo y perfeccionamiento de la técnica del claymation, el stop-motion realizado con personajes de plastilina. Porque una de las mayores innovaciones de ParaNorman es, sin duda, el realismo de sus figuras: pese a contar con un argumento fantástico, ParaNorman logra, con su mímesis y naturalismo en los gestos, una verosimilitud que genera un visionado fascinante de la obra. Así, el estudio independiente LAIKA, acostumbrado a realizar obras en stop-motion, presenta este año una de las propuestas de animación más interesantes del año, en mi opinión por encima del nivel de las propuestas de Pixar (Brave) y Dreamworks Animation (The Rise of the Guardians).

ParaNorman parte de un personaje típicamente burtoniano: un ser excluido de la red social, marginado, por poseer un rasgo que lo hace diferente de la masa, en este caso la posibilidad de ver a los muertos. Norman explicita la profunda división de la sociedad: toda red social se teje mediante dos polos antitéticos, lo normal (el nosotros) y lo Otro (Norman), y funciona únicamente gracias a la existencia de esta escisión. La sociedad, gracias a su conocimiento de que hay algo más allá de sus márgenes que debe ser reprimido, funciona como un ente de conservación mutua. Y en un poblado pequeño es donde emerge la estrambótica figura de Norman, con un peinado siempre en pincho y que debe deshacer una maldición que ha recaído sobre el municipio, aunque reciba el rechazo de quienes van a ser ayudados por él.

ParaNorman explicita la imposibilidad de que el terror, en una época de desencanto, provoque terror, pues ya conocemos las fórmulas que lo generan. Y los directores de ParaNorman lo saben: por eso, el miedo ya no se aborda de forma directa, sino a través de un distancimiento por medio del humor. De hecho, la película de ParaNorman comienza con una parodia de un film de zombies que ve el personaje a través de la televisión; y es que los elementos generadores de terror sólo pueden emerger mediante la parodia, de modo que una película de terror sólo funciona, en ocasiones, si está adherida a la comedia, en ese subgénero denominado comedia de terror.

ParaNorman nos toma por espectadores inteligentes: no pretende generar pánico, sino humor ante el abuso de ciertas formas terroríficas que han perdido vigencia, demostrando así cómo se construye un género, el de terror, a través de ciertos artificios. Y el film los desmonta: el miedo se genera, en gran parte de las ocasiones, mediante un desequilibrio de la percepción entre protagonista y entorno, por lo que la cámara acoge la irrupción de elementos sobrenaturales inexplicables. Aquí seguimos a Norman, con su especial capacidad para ver a los muertos, pero esa percepción distorsionada provoca entrañabilidad más que extrañamiento al descubrir la reacción de quietud y seguridad de Norman ante tales estímulos. Por otro lado, también hay algunas referencias al cine de terror, como al atropello de I Know What You Did Last Summer (Sé lo que hicisteis el último verano), pero sin generar inquietud en los personajes.

Asimismo, el motivo fundamental de ParaNorman es el zombie, pero un zombie desprovisto de sus características fundamentales: si el zombie clásico se caracteriza por una pérdida de la voluntad, y se guía como una figura de un autómata, cumpliendo movimientos mecánicmos, el zombie de ParaNorman, si bien al principio parece disponer de una conducta estandarizada, al final desarrolla una cierta empatía y una cierta intelectualidad en su relación con los vivos, convirtiendo al zombie en un personaje próximo y no en un elemento de terror. El resultado de este diferente tratamiento del terror es el absurdo.

Un absurdo que también se forma mediante el contraste de dos épocas: por un lado, el de los zombies procedentes de la fundación de EEUU, el s. XVIII, la época de emergencia de gran parte de los motivos del género de terror, pues la ilustración todavía no ha llegado a todos los rincones para suprimir la fantasía en la percepción de la realidad y todavía pueden nacer fábulas irracionales (es entonces cuando aparece el cuento gótico o el motivo del vampiro); por otro lado, el EEUU contemporáneo, con su absoluto racionalismo y vitalismo en la concepción del mundo. Así, los zombies de creencias fantásticas provocan la parodia en su inserción en un ámbito de creencia matérica y dominio de la técnica. La creencia fantasmal se desublima en contacto con el materialismo puro, y de ello emerge el absurdo.

En realidad, de lo que nos está hablando ParaNorman es de la necesidad de conciliar el pasado para poder desarrollar una vivencia óptima del presente. Saber que el presente contiene el pasado, y que sin él no puede ejercerse el progreso. El absurdo que nace del contraste de dos concepciones del mundo debería ser menor, pues nuestra época ha tendido a un materialismo demasiado extremo y literal. Norman es una suerte de neurótico que reivindica otra visión del entorno, la del niño, la del neurótico, la del creador en definitiva, sobre la visión social dominante.

**

El otro extremo es la masa enfurecida de adultos, que sólo permite la visión monolítica y uniforme de la realidad: en este caso, el racionalismo. Y responde mediante la intolerancia hacia lo diferente: ParaNorman es un film sobre la intolerancia como motor, en definitiva, de un nuevo odio procedente del marginado. Un odio hacia lo Otro que genera un odio desde el margen hacia el centro, creando un cúmulo de violencia destructiva. Pero para ello está Norman, para bloquearla mediante la tolerancia y, ante todo, mediante el humor. Porque si algo logra este film es mantener un tono irónico durante todo el metraje, creando así una de las más originales obras de animación del año.

4 estrellas