Alfred y Anna: amor entre violines

Jose Manuel Suárez García es un director de cine de animación que ha colaborado en la realización de 30 años de oscuridad, un documental sobre Manuel Cortés, el alcalde de Mijas que, tras el estallido de la Guerra Civil, y sin ocasión para salir al exilio, debió esconderse en un hueco en la pared de su casa. Allí permaneció durante 30 años, a la sombra de la sociedad, como síntoma de la cara B del régimen franquista que trataba de imponer un orden a toda costa. Fue nominado a mejor documental en 2012, pero un año antes, ya estuvo en la gala, pero en esta ocasión dirigiendo una pieza de animación con Santiago Segura y Andreu Buenafuente, que servía como modo de presentación del Goya a la Mejor Película de Animación. Y, precisamente, Buenafuente ha colaborado en su último trabajo, la dirección de un cortometraje de animación, Alfred y Anna, cuyo tráiler ya está disponible en la red:

Alfred y Anna está preseleccionado para el Goya al mejor cortometraje de animación de este año, y está ubicado en Huminbird, un pueblo que carece de niños, pues las familias debieron emigrar a la ciudad. Allí vive Alfred, un profesor de música que no tiene alumnos, y que traslada su fracaso profesional al matrimonio, pues la pasión con Anna, se ha enfriado. Entonces llega un nuevo alumno que despierta la ilusión de Alfred por las clases, y que progresivamente le ayudará a recuperar también la intimidad con Anna.

Así, el cortometraje une, en su relato, éxito profesional con éxito amoroso, como si ambos fuesen de la mano en cuanto a la evolución del estado anímico del personaje. Es interesante, ante todo, por la forma de narrar la relación amorosa entre Alfred y Anna: a través del alumno, pues la intimidad entre la pareja evoluciona según las clases de violín. De este modo, se cuenta una historia de amor como sólo parece que puede contarse en la época contemporánea, sin abordarla directamente, pues siempre queda el peligro de caer en el cliché.

Cuenta con música de Roque de Baños, una banda sonora preciosa pero algo cargante, no por culpa de su melodía, sino por su acusada reiteración, pues sobrevuela todo el corto, donde ningún personaje habla. Y también cuenta con una canción de Pastora Soler, pero que no tiene mucha funcionalidad, pues sólo está en los créditos finales, no apoya ningún sentido narrativo. De todos modos, el diseño de animación es muy realista, está muy bien logrado, lo que hace del visionado de este cortometraje una agradable experiencia.