Un coloquio con el director italiano Marco Bellocchio

Durante años, el cine italiano perdió la relevancia internacional que había conseguido desde la eclosión del neorrealismo, en los años cuarenta, y el trabajo de los grandes autores de los años sesenta que nacieron de las cenizas del movimiento, como Federico Fellini, Michelangelo Antonioni, Pasolini o Bertolucci. Desde los años ochenta y hasta el renacer del cine italiano en los últimos 7 años, parecía alejado de la sociedad que lo alumbra; pero en esa época, algunas voces siguieron vociferando sus discursos con fuerza e ímpetu. Y uno de los creadores más interesantes de estos años es Marco Bellocchio, que desde los años sesenta ha construido una filmografía siempre implicada políticamente, pero sin olvidar la emoción. Su última obra, Bella Addormentata, continúa con las temáticas propias del realizador, y acaba de ser presentada en Madrid en la 5ª edición del festival de cine italiano.

La eutanasia

El film parte de la historia real de Eluana Englaro, una joven que estuvo 17 años en coma y cuya familia pedía la eutanasia para terminar con su estado en suspensión. No obstante, el gobierno de Berlusconi impidió llevar a cabo tal deseo, y para ello promovió una ley que bloqueaba la aplicación de la eutanasia; finalmente, esta ley no fue aprobada por falta de tiempo, pues Eluana murió antes de que la ley llegase al Senado. Y en el coloquio con el director, Bellocchio habló acerca de la crítica política que plantea en su film, señalando esa sumisión de la política a la religión:

El gobierno de Berlusconi no cambió la ley motivado por su idealismo, sino por mantener la alianza con el Vaticano. Fue el oportunismo político el motor de la ley.

Pero Bella Addormentata no aborda la historia de Eluana: su historia es el pretexto para la narración, pero no el relato fílmico. Su historia emerge a través de imágenes televisivas, pero el film se construye mediante personajes que viven situaciones y conflictos morales que giran en torno a la eutanasia, y donde es imposible aplicar un imperativo categórico universal. Así, Bella Addormentata no es una película sobre la eutanasia, pues la eutanasia es el pretexto para la emergencia de las grandes emociones humanas:

No es un film sobre la eutanasia, en el film no hay rabia, los personajes buscan una vida que merezca ser vivida. No es posible una ley universal, hay que acercarse a cada caso y ver si es justa o no la decisión.

El cine italiano en Venecia

Bella Addormentata formó parte de la Sección Oficial del Festival de Venecia de este año, donde se alzó con el Premio al Mejor Actriz emergente para Fabrizio Falco, que encarna a un joven revolucionario que lucha contra la ley anti-eutanasia de Berlusconi. Recibió una modesta acogida por la crítica, y se le reprochó a la película un defecto: se trataba de una obra autorreferencial, centrada en la política italiana y sin posibilidad de aplicación universal. Incluso se habló de presiones del Vaticano para evitar que este film fuese premiado en la Mostra, a causa de su crítica de las conexiones entre religión y política. Pero Bellocchio respondió a tal acusación en el festival:

Creo que el cine italiano actual no se comprende en la escena internacional. En mi caso, partí de un caso concreto, pero no es un film centrado únicamente en la política italiana. Aún así, no creo que haya una presión del Vaticano para evitar la concesión de premios a esta película en el Festival de Venecia, el jurado era lo suficientemente autónomo, pero sí hay una incomprensión del cine italiano por parte del jurado.

Política y religión

Bellocchio habló de política y religión, probablemente dos de las temáticas más recurrentes en su filmografía. No en vano, ha sido militante del partido comunista durante años, aunque en 2006 se presentó como candidato al Congreso de Diputados por el partido Rosa nel en las elecciones nacionales, de modo que varió su vocación política desde el comunismo hacia la coalición socialista. Pero política y religión no pueden separarse en su cine: y es que estamos en Italia, donde la cúpula del poder está contaminada por las presiones del Vaticano hasta el punto de hacer difícil la distinción de poder entre ambos Estados.

Esta fusión entre política y religión ya fue tratada en uno de sus últimos films, Vincere, que aborda una historia amorosa de Benito Mussolini con la joven Ida Dasler antes de acceder al poder, con la que tuvo un hijo ilegítimo, todo ello filtrado a través de una puesta en escena operística. En ella, funde imágenes de archivo con imágenes rodadas, retratando ese ansia de poder y fama de Mussolini a través de un simple gesto: el personaje sale al balcón desnudo tras tener sexo con la joven y se imagina una masa de italianos aclamándole desde la plaza, y que son simbolizados con las imágenes de archivo. En Bella Addormentata une imágenes televisivas, porque Bellocchio siempre recurre a imágenes documentales, de archivo, para enmarcar sus hitorias y crear una mayor conexión con la realidad y generar un discurso político.

Se supone que Ida Dasler y Benito Mussolini se casaron en 1914, pero tras la Primera Guerra Mundial, Mussolini inició una relación con Rachele Guidi, y abandonó a Ida. De este modo, fue ocultado el matrimonio por las aspiraciones políticas del dictador, e Ida fue recluida en un convento para pasar desapercibida a la opinión pública. Vincere habla, entonces, de la volatilidad del dogma religioso a causa de ciertos propósitos políticos, mientras que Bella Addormentata habla de lo contrario: la volatilidad de la ley según el dogma del Vaticano. En todo caso, política y religión fundidos, pero siempre con una diferencia en su tratamiento, tal y como señaló Marco Bellocchio en el coloquio:

La política es la comedia o la farsa, y la represento así, mientras que la religión para mí es una tragedia.

Isabelle Huppert

Y a una tragedia está condenada el personaje de Isabelle Huppert, el personaje más religioso del film, que conserva a su hija en coma embalsamada como una princesa de cuento. O, en realidad, el personaje que más se impone la necesidad de creer, y para ello suprime los espejos de la casa, pues se ve incapaz de mirarse al espejo como una creyente o una virgen, sino como una falsa católica. La religión es una tragedia para ella, el ideal del yo que se ha creado le lleva al colapso, a la infelicidad, a la mentira; en definitiva, a la anulación de su sujeto en favor de una creencia que es incapaz de apresar:

La mirada dura y fría de Isabelle Huppert era perfecta para encarnar a una mujer falta de fe que se obliga a creer, por eso la elegí a ella a propósito para la película.