Fallece Leonardo Favio, director clave del cine argentino

Tras varios años de movilidad reducida a causa de una polineuritis, el director, actor y cantautor Leonardo Favio ha terminado sucumbiendo por una neumonía, que ha provocado su fallecimiento a los 74 años de edad en un hospital de Buenos Aires. Ha dejado un film en el ecuador de su realización, El mantel de hule, donde abordaba la pobreza infantil en la provincia de Mendoza, lugar en el que nació. Pero queda a sus espaldas una de las filmografías que mejor ha capturado el vivir colectivo argentino, y que, junto a Fernando Ayala y Torre Nilsson, renovó la cinematografía del país. Es un nuevo cine argentino, paralelo a todos los nuevos cines que estaban surgiendo a lo largo de todo el globo.

Fuad Jorge Jury, el verdadero nombre bajo el apelativo artístico Leonardo Favio, tuvo la misma infancia que tienen los personajes infantiles de su cine. Su padre lo abandonó de joven, y permaneció recluido en un internado, de donde siempre huía o era expulsado. Incluso fue encarcelado por una serie de robos. Tratando de encontrar su camino, se internó en un seminario y después en la Marina, y terminaría mendigando, hasta que su madre, escritora de radioteatros, le consiguió pequeños papeles para interpretar. De allí emigró a Buenos Aires, donde comenzó a trabajar como extra de películas y terminaría rodando El amigo, su primer cortometraje. Aquí repasamos algunas de las obras fundamentales que dirigió:

Crónica de un niño sólo (1965)

Su primer largometraje es una poética reflexión sobre la libertad, a través de un niño recluido en un reformatorio a quien se le plantea la dicotomía entre la pobreza o el encierro. Es Les Quatre Cents Coups (Los cuatrocientos golpes), de François Truffaut, trasladado a la realidad social argentina, a través de un filtro neorrealista. Es interesante el espacio que deja la narración a la mirada de los personajes, mostrando el conflicto individuo-entorno y generando una doble proyección: la realidad es una proyección de la subjetividad y, a la vez, moldea la personalidad del personaje. Introduce tiempos muertos, que retratan una rutina del encierro, y ante todo, deja la cámara deambular con el personaje por los azares mínimos que surcan su camino. Para recordar es el momento en el que un niño toma una fotografía de Monica Vitti y la besa, lo que señala esa ligazón con el cine de Michelangelo Antonioni a través de una desdramatización de la narración.

Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... (1966)

Consierada la obra maestra de Favio, esta obra de título tan literario es un relato sobre un triángulo amoroso, próximo a Sunrise (Amanecer) de Murnau. Es un hombre enfrentado con los dos fantasmas femeninos, ninguno de ellos real: es la mamá y la puta, la esposa que otorga seguridad y porta el pelo largo, y la mujer que aporta aventura, y porta el pelo corto. Sin la presencia de ambas, el hombre, interpretado por Federico Luppi, no encuentra su cohesión.

Como su título ya explicita, está narrado como si se tratase de un cuento, alejado del psicologismo o del realismo. Estamos funcionando con arquetipos, y así se construye esa atmósfera irreal. Para ello, reduce al mínimo los diálogos y extiende la duración de los planos, y en ocasiones recurre a la voz en off para reducir los diálogos al mínimo y así impulsar un mayor extrañamiento en la atmósfera; de hecho, el romance entre Francisca y Aniceto se narra mediante la voz en off leyendo sus cartas. Ese silencio brutal de la sociedad mientras se masca el amor y la tragedia (uno no parece existir sin el otro) recuerda, inevitablemente, a los cuentos de Juan Rulfo, pese a la distancia que los separe.

Juan Moreira (1973)

Si el western es el género que permite la construcción del mito de EEUU, el arquetipo del gaucho, en los límites de la legalidad, expulsado de las partes más civilizadas del país, permite la conformación del mito argentino. Así, siguendo la estela del Martín Fierro, y con una puesta en escena que toma motivos del western, Leonardo Favio pone en escena la vida del gaucho Juan Moreira, encarcelado por reclamar lo que es suyo, y que toma la justicia por su mano al salir de prisión.

Favio nos sumerge en su auge y caída, el movimiento de todo héroe. A través de su camino, desde la ilegalidad hasta la aceptación social, a través de la política, y su definitiva expulsión, seguimos el deambular de un personaje y, a través de él, observamos los cimientos en los que se fundó la nación argentina. Todo ello con una poética puesta en escena, con escenas oníricas e imponentes cenitales que aplastan el mito a la tierra. Y es que, al fin y al cabo, el mito proviene, en primer lugar, de la sensación, y sólo después fue relato.

Perón, sinfonía del sentimiento (2000)

Leonardo Favio fue un declarado militante peronista, y por sus creencias políticas, debió exiliarse de Argentina durante toda la dictadura de Videla. No regresó hasta 1987, tras una gira por América Latina, habitando en Colombia gran parte de ese período. Defendió una cultura argentina autónoma, desligada del pasado colonial y de la dependencia de Europa, y en su cine se vislumbra esa búsqueda de los rasgos argentinos de la sociedad. Pero siempre mantuvo distancia en su arte: su cine nunca es político, pues siempre ha preferido preservar su poesía. En 2000 realizó un documental mastodóntico de más de 6 horas de duración sobre la figura de Perón, Perón, sinfonía del sentimiento. En él, reconstruye la personalidad del líder con gran romanticismo, mediante un metraje construido a través de imágenes de archivo y música procedente de la época, creando una sinfonía documental.

Aniceto (2004)

En su última obra, rodada en 2004, Leonardo pone en escena, de nuevo, el romance mítico de Aniceto y Francista, pero esta vez transformado a través de un filtro de mayor irrealismo: la danza. Todo está rodado en escenarios artificiales y es representado mediante el movimiento corporal, otorgando un fuerte hálito poético a la mínima narración.