Act of Faith: descubre el debut de Alan Moore en la dirección

Alan Moore se ha lanzado definitivamente a la dirección cinematográfica. Harto de ver cómo se modificaba el imaginario de sus cómics en su trasvase a la gran pantalla, donde adquirían un tono más épico que permitía una mayor comercialización, suprimiendo numerosos discursos subversivos presentes en sus trabajos (como, por ejemplo, el terrorismo anarquista de V de Vendetta), Alan Moore ha decidido tomar la cámara. Ya lo anunciábamos hace una semana, cuando fue publicado el tráiler de Jimmy´s End, su segundo trabajo en la realización; pero ahora podemos disfrutar de su primer proyecto, Act of Faith, disponible íntegro en la red:

Act of Faith es la primera pieza de un conjunto de cortometrajes, de unos 15 o 20 minutos de duración cada uno, que Alan Moore está creando junto con su amigo Mitch Jenkins, fotógrafo profesional que colabora en la dirección y se encarga de la dirección de fotografía. El propósito de Moore es construir una narrativa multiepisódica, formada por una sucesión de cortometrajes que van añadiendo complejidad, capa a capa, al conjunto. Y todo el proyecto tiene en común la temática y la textura: versará sobre el ocultismo y tomará el imaginario neo-noir como enseña visual.

Pero la recuperación del imaginario noir no se hace directamente, sino filtrado a través de un genio de la plástica cinematográfica: David Lynch. Lynch tomó el arquetipo de la femme fatale y lo duplicó: eliminó el estereotipo de femme fatale como mujer castradora, fascinante y peligrosa por igual, y que en el fondo es una proyección de los fantasmas masculinos, que desean la amante aventurera que estimule la pasión-dolor en ellos frente a la esposa fiel. Lynch decidió duplicar la identidad de estas mujeres, normalmente a través del sueño o la alucinación, y para vislumbrar tal cambio yuxtapone dos tonalidades de cabello: el rubio y el moreno.

El rubio, tradicionalmente, se ha asociado a la femme fatale, desde el film Platinum Blonde (La jaula de oro), de Frank Capra (1931), mientras la morena, que hasta entonces era la mujer peligrosa, la sirena, ahora pasa a integrarse en el hogar. Pero Lynch señala que ambas facetas son manifestaciones de una misma mujer, pues toda mujer dispone de su doble vertiente amor matrimonional / amor pasión; o, mejor dicho, ambas son manifestaciones de un mismo fantasma masculino proyectado sobre el género femenino: todo fantasma dispone de la vertiente amor matrimonial exaltado por amor-pasión. El fantasma del hombre funciona sólo en su dialéctica: la aventura sólo se desea en relación con la estabilidad, y viceversa. Esta es la dualidad femenina que nos presenta en la narración psicótica de Lost Highway (Carretera perdida), con el desdoblamiento a través del color del pelo de Patricia Arquette.

Este tipo de mujer ha creado Alan Moore para su cortometraje Act of Faith. La protagonista es maman et putain a la vez, como diría Jean Eustache, y aquí sin cambio de peluca. Por momentos se comporta como una hija de familia, recibiendo los mensajes telefónicos de sus padres, y entonces la asimilamos como una mujer real, inserta en un sistema social. Pero en otros tramos del metraje, fantasea con el teléfono y se viste, en casa, con ropa apropiada más para salir del hogar que para permanecer a él. Esta mujer, encarnada por Siobhan Hewlett, es, pues, dual, y lo vemos en su propia conducta, algo posible gracias a una cámara que nos muestra todos los aspectos de su vida.

Pero el sello de Lynch no está sólo en la mujer, sino también en la propia transformación de la estética noir. Ambos filtran los motivos de la narrativa noir a través de una exaltación de la vertiente sensorial de la imagen: estamos dentro de un torrente de sensaciones turbulentas, correspondientes a los canales subterráneos de la sociedad, al inconsciente perverso de la noche. Y, por ello, es preciso recurrir a una filmación de las luces (como la del contestador) que estallan en la oscuridad, a una cámara próxima al ser humano que recoge sus pequeños gestos con quietud, a una banda sonora constante e inquietante y, ante todo, a una iluminación atmosférica, que en este caso está construida mediante el rojo y el azul (un azul que recuerda al azul metálico de Mulholland Drive). De hecho, la escena con el teléfono y la lámpara parece directamente extraída de Mulholland Drive:

Act of Faith es lo que realiza esta protagonista, iniciando un juego de atracción de la muerte, aunque sin llegar a sumergirse en ella: se trata de un juego que Silvia Plath también realizaba, preparar los elementos para cometer el suicidio pero saber que, en un momento determinado, alguien va a irrumpir en el lugar y va a detener su descenso a la noche. Aquí, su novio trataría de impedir su muerte tras su llegada al hogar; pero la joven se pone nerviosa y todo el relato queda en vilo, en la duda.

Este acto supone esa necesidad de desarrollar un amor que fusione el Eros y Tánatos: la pasión es, como afirma George Bataille, una afirmación de al vida hasta llegar a la muerte, y la mujer no puede vivir el amor paciente, matrimonial, que se le asigna a la mujer-madre. También requiere una experiencia del amor-pasión que implica una muerte en cada acto sexual, donde los individuos pierden las fronteras del yo para crear una esfera dúplice de intimidad; y esto supone siempre una muerte del yo. Así, la mujer realiza ese suicidio, ese acto de muerte, para poder vivir la eclosión de la pasión erótica.

Este acto de fe supone, pues, acercarse a la muerte y a la pasión, e implica una confianza ciega en la pareja, en el otro, que se sabe la salvará de su desaparición. Y hay también una reflexión acerca de la fe en el acto último de la joven: la mujer se somete a unas condiciones de las que no hay escapatoria, se impone una vía hacia la muerte. Este cortometraje parece estimular una idea de la fe como vaciamiento del presente: la fe es confiar en las reglas dadas por una elección previa, y en las consecuencias de las mismas en el futuro, eliminando toda capacidad de reacción en el presente. El acto de fe es un acto que suprime la libertad del ser humano en el presente, al impedir otra elección renovadora.

Por ello, la fe es instrumental: el ser humano no siente fe por su simple vivencia, sino por una espera de llegar a la visión pura, que ciega si no se recorre el camino nocturno. Ese acto de fe es una preparación hacia la visión, pero alejado de toda signifcación cristiana: no es un acto de fe hacia el Dios cristiano, sino un acto de fe encaminado a la búsqueda del conocimiento, que es la visión pura, o la muerte, o el descenso a los infiernos. Tenemos que pensar que Alan Moore es, hoy en día, un mago, no un creyente, y pone en escena ciertas ideas próximas a la magia y la mística. En el próximo cortometraje, Alan Moore pone en escena esa visión, que no corresponde precisamente con un Paraíso, sino con un lugar donde emerge el fantasma de los sujetos, un espacio traumático pero libre similar a los que construye David Lynch en su cine.