Terraferma, de Emanuele Crialese: un neorrealismo teñido de color

El neorrealismo italiano todavía tiene sus embates en el cine contemporáneo producido por el país, como pudo observarse en Gomorra, de Matteo Garrone. Y Terraferma, la ganadora del Premio Especial del Jurado en el festival de Venecia de 2011, es otra manifestación de este movimiento, pero filtrado a través de un interesante filtro esteticista. Esta tercera obra del director italiano Emanuele Crialese, en la que cuenta con su colaborador habitual, el actor Filippo Pucillo, sirve como ejemplo de que el neorrealismo sigue vigente en el cine italiano, y que es posible la innovación en su seno.

Terraferma parte de un realismo documental, basado en el rodaje en localizaciones reales y en la dilatación del tiempo de las secuencias, aproximándolo al tiempo real. Y en este realismo, se cuela una estética pintoresca, basada en la recopilación de los arquetipos estéticos que ofrece la región, lo que le permite desarrollar una composición pictórica de la imagen. Los planos pretenden recoger un lienzo pintoresco, de escenas algo costumbristas, pero eludiendo el estereotipo, quebrado ante la violencia de la temática tratada: la inmigración ilegal.

En toda esta transformación estética de la realidad, se recurre a una manipulación de los colores, que estallan mostrando un contraste con la dureza de la historia retratada. Esta fundición de realismo y artificiosidad del color aproxima Terraferma al cine de Aki Kaurismaki, donde el color subraya la materialidad en la que, inevitablemente, se inserta el ser humano en el entorno capitalista, reproduciendo el contraste entre humanismo y geometría.

Pero la mayor búsqueda estética de Terraferma descansa en el análisis del paisaje. Terraferma, es fundamental para la narración como Stromboli lo era para la obra homónima de Roberto Rossellini. La isla es un perfecto escenario para un cine social, que permite el análisis de un microcosmos que refleja el macrocosmos del país y, a la vez, sirve como ejemplo de una colectividad paralizada en el tiempo, ante la disminución del contacto por su aislamiento.

Pero la isla tiene un papel más relevante: es una pantalla que refleja el inconsciente individual y colectivo. Exactamente como ocurría en Stromboli: el paisaje de la isla era una proyección del sujeto, en ese caso del personaje interpretado por Ingrid Bergman, y de la cerrazón que sentía en tal ubicación. Pero la isla de Terraferma refleja, no sólo la marginación del individuo, sino también la degradación de la sociedad por el rechazo de la inmigración. Y Emanuele Crialese siempre busca una estética de la naturaleza degradada, contaminada, una tierra baldía, señalando el caos en que se encuentra el colectivo por la problemática actual. Y, como no, el mar, siempre el mar, en su infinitud y su silencio.

El argumento plantea una serie de interesantes conflictos morales, más sugeridos que diseccionados, pero que, en definitiva, señalan el conflicto que un sistema legal construido por élites fomenta entre dos grupos oprimidos, ubicados al margen. Una familia de pescadores de la isla de Terraferma, tras la muerte del padre, descubre la nula rentabilidad de la pesca y decide enfocar todos sus medios hacia el turismo, pero eluden los permisos legales necesarios para ello, y terminan enfrentados con la ley. A la vez, esta familia encuentra una patera de inmigrantes ilegales y, al acogerlos, también quebranta la ley.

Por lo tanto, los miembros viven la dicotomía entre egoísmo insolidario y sumiso a una ley que, se supone, favorece al colectivo; o entre ayuda y reclusión a los márgenes del sistema. La conclusión definitiva es el inútil enfrentamiento que inician grupos igualmente confinados a la exclusión, cuando en definitiva es desde esos espacios alejados del epicentro desde donde se tiene que socavar una injusticia legalmente establecida. Por ello, Terraferma se convierte en una interesante obra, pictórica y realista a partes iguales, que plantea una serie de oposiciones entre ley del mar/ley del Estado, entre justicia individual y justicia colectiva, señalando que en la abstracción de la ley estatal, a veces el individuo y sus conflictos con el entorno desaparecen.

Fotos: Cinedor