San Sebastián 2012: Quartet, Dustin Hoffman dirige una residencia de músicos retirados

Tras una vida dedicada a la interpretación, con grandes títulos como The graduate (El graduado), de Mike Newell; Midnight Cowboy (Cowboy de Medianoche), de John Schlesinger ; Lenny, de Bob Fosse; Straw Dogs (Perros de paja), de Sam Peckinpah; o All the president men (Todos los hombres del presidente), el actor Dustin Hoffman ha decidido lanzarse a la dirección a sus 75 años. Y el resultado ha sido presentado este fin de semana en el festival de San Sebastián, donde recogió el premio Donostia. Se trata de Quartet, una comedia amable sobre un asilo con músicos retirados que viven la música como forma de eludir la muerte, que proyectan una gala en aniversario de Giuseppe Verdi; pero entonces llega una antigua cantante de ópera (Maggie Smith) que despierta rivalidades dentro del grupo.

Quartet forma parte de un grupo de películas surgidas en los últimos años que casi conforman, entre sí, un subgénero. Se trata de obras destinadas al público de la tercera edad, pues no en vano, es el que llena las salas de cine, pues debido a factores como las descargas en Internet, el alto precio de las entradas, el descenso del nivel de vida y la transformación de gustos, se ha producido un cambio generacional en la composición del público. De este modo, la tercera edad acude a los cines, motivados en parte por los descuentos en las entradas.

Las productoras se han dado cuenta y han comenzado a realizar, sobre todo en EEUU, un tipo de cine destinado a este público. ¿Y por qué se caracterizan este tipo de obras? Todas están protagonizadas por ancianos o gente madura y, ante todo, efectúa un tratamiento cómico de los dramas y achaques propios de la edad. Un humor amable transforma situaciones duras en amables secuencias que provocan comodidad en el espectador. Es, en definitiva, una defensa del vitalismo pese a la edad. De ahí que Dustin Hoffman, en la rueda de prensa que ofreció en San Sebastián, señale el siguiente discurso subyacente en Quartet:

No te mueres hasta que estas muerto (...). La vida es un juego que puedes tener con Dios, en el que le dices: no pienses que vas a poder conmigo en este momento, no me puedes parar.

Porque debemos interpretar Quartet desde este filtro, desde este nuevo subgénero emergente, y si pensamos en el target y en sus pretensiones, se puede afirmar que es una película bastante entretenida, con una puesta en escena dinámica y fluida y un ritmo muy ágil. Y, teniendo en cuenta que el director procede de la interpretación, es fácil comprobar el gran peso que le otorga a la actuación: la puesta en escena, en su dinamismo, permite espacios para la emergencia de la gestualidad de los actores, que logran el protagonismo del plano. No en vano, estamos ante un interesante reparto, encabezado por Maggie Smith y rodeado de Pauline Collins, Tom Courtenay, Billy Connolly y Michael Gambon.

Lo más destacado del film es la inclusión de músicos reales retirados entre su reparto, de modo que todos los secundarios son antiguos músicos de ópera y orquesta. Toda voz y talento es original. De este modo, se genera una suerte de realismo, al descubrir que el pasado de cada personaje se mimetiza con el pasado de cada actor. A través del filtro de la comedia se observa la situación de olvido a la que se someten muchos de estos cantantes o músicos, pues al fundar su talento en un arte en presente, en directo, del que quedan menos vestigios que en el cine o la literatura, son fácilmente relegados a la sombra. Lo curioso es observar cómo la cámara huye al filmar a los protagonistas a la hora de cantar, eludiendo un playback que hubiese sido poco verosímil.

La temática musical ayuda a generar atmósferas simpáticas y, sobre todo, incorpora una impresionante textura musical, tejida a base de obras de compositores como Verdi o Puccini. Estas piezas carecen de derechos de autor y pueden incluirse con total libertad, de ahí la gran banda sonora que presenta. Además, hay algunas composiciones de planos que reproducen escenas de ópera, como la ubicación en balcones del cantante en una relación de fascinación ante el objeto amado; la filmación del vocalista cantando desde una ventana al público, o la ovación de los ancianos a Jean (Maggie Smith) desde un palco improvisado ante su llegada al asilo.

Es, ante todo, una comedia amable, que se ve con agrado. El problema es, precisamente, esa excesiva amabilidad de las situaciones, que suavizan toda realidad de dolor, y el relato amoroso inserto en la narración, que resta importancia a la música como forma de salvación e introduce en el film un discurso convencional, prototipo de Hollywood: sólo en pareja se soporta la vejez.

Es mucho más interesante la primera parte del metraje, donde la música ejerce como catarsis que trasciende el tiempo, y aporta un discurso con cierta originalidad; pero al introducir la temática amorosa, lo hace sin sutilidad, con escasa atención al detalle y reproduciendo algunos estereotipos. No hay una aproximación interesante al amor entre personas de la tercera edad, sino una incorporación de los estereotipos que el cine mantiene en las relaciones amorosas adultas a una edad más avanzada. Y ahí, el film flaquea y deviene convencional. Así, Quartet funciona más en la narración grupal en torno a la música que en cuanto a la relación íntima amorosa.

Fotos: Heyuguys