Stolen: una cuenta atrás de mercadillo

No estoy seguro si ha sido el hecho de que dirigía Simon West o de que el guionista era DavidGuggenheim, pero como no sólo de cine independiente vive el cinéfago, ahí estaba un servidor viendo Stolen. Una película de acción en la que Nicolas Cage es un ladrón de bancos que tras una condena de 8 años decide dejar atrás su vida criminal para recuperar una relación inexistente con su hija Alison. El problema es que uno de sus antiguos compañeros quiere recuperar los ocho millones de dólares que habían robado cuando le cogieron, aparte de que le carcome un leve resquemor por haberle dejado sin una pierna. Convertido en un auténtico paria, la mejor manera que se le ocurre de recuperar el dinero es secuestrando a la hija del primero, marcando un plazo con el que se inicia la cuenta atrás del título en español: Contrarreloj.

Contrarreloj

Es posible que las expectativas fueran un tanto altas si consideramos que estamos ante una película del mismo guionista de Safe House, que además está dirigida por el responsable de The Mechanic, que ya apuntaba a una intención de Simon West por realizar películas de acción más convencionales. Pero aún así Stolen no consigue despojarse de los clichés de un género en el que la credibilidad y la verosimilitud quedaron olvidadas en el mismo lugar en el que Will Montgomery había dejado el dinero del robo al banco. Aunque debo confesar que me tragué toda la película con razonable interés. Lo que no consigue con el texto, termina por convencernos con secuencias de acción rodadas con mínima elegancia y montadas con inusitada vitalidad. Quizás se asemeje más a un telefilme, o a lo mejor por eso resulta más o menos simpática, pero el caso es que Stolen consigue entretener con tanto descaro como desparpajo.

El interés también puede provenir de la interpretación de Sami Gayle, en la que es su segunda interpretación cinematográfica después de Detachment, que resulta más convincente y conmovedora incluso que su propio padre, un esforzado Nicolas Cage (lo mejor es cuando habla en sueco), y ciertamente más sobria y contenida que Josh Lucas en un personaje totalmente desquiciado. El personaje de Danny Huston no es mucho mejor que una caricatura, aunque lo peor es que no se quite el sombrero (apuesto que ni para ir al cuarto de baño). O a lo mejor es que, en estos tiempos de indignación, me resulta reconfortante que la policía siempre salga perdiendo y se les presente como unos ineptos a la altura de Mortadelo y Filemón. El final resulta patético, pero si has llegado hasta él, tampoco es que estuvieras esperando caviar y champagne.

2 estrellas