Cosmopolis: un vampiro económico con la próstata asimétrica

No entiendo muy bien aquellos que comparan Cosmopolis, la última película de David Cronenberg, con A Dangerous Method, su anterior propuesta. Si bien es cierto que estamos ante un relato intelectual en el que es más importante la palabra que la acción, lo cierto es que, tanto en forma como en contenido, se me antoja mucho más cercano a aquellas retorcidas visiones metafóricas que de la sociedad exponía en filmes como Crash o Videodrome.

Cosmopolis (2012, David Cronenberg)

Más que una metáfora, Cosmópolis se erige como una perfecta alegoría del capitalismo en la que el dinero es representado por una rata, un millonario es lo más parecido a un vampiro al que no le preocupa lo que sucede a su alrededor, sabiéndose (o creyéndose) inmortal y a salvo de cualquier catástrofe, y la economía es una enorme limusina que no se detiene ante nada ni ante nadie.

Sarah Gadon

Aunque muchos deben tener sus dudas con respecto a la selección de Robert Pattinson para interpretar a Eric Packer y llevar el peso de toda la película, lo cierto es que resulta una elección de lo más adecuada y afortunada. Primero porque el cineasta canadiense sabe aprovechar perfectamente la imagen superficial que muchos atribuyen un actor que se diera a conocer a través de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Stephenie Meyer. Y segundo porque el protagonista de The Twilight Saga demuestra que es capaz de estar a la altura de las circunstancias sin amilanarse ante presencias tan convincentes como las de Sarah Gadon, que ya participara en A Dangerous Method y en Antiviral, la película de Brandon Cronenberg; Juliette Binoche, sensual y seductora como nunca; Samantha Morton, en un registro al que no nos tenía acostumbrados; o Paul Giamatti, tan convincente como siempre.

Juliette Binoche

Como es habitual y de la misma manera que si de una familia artística se tratara, Cronenberg recurre a sus colaboradores de siempre, como el compositor Howard Shore, el cinematógrafo Peter Suschitzky, el montador Ronald Sanders o la diseñadora de vestuario (y hermana) Denise Cronenberg, terminando por conferir a la película su concepto visual característico, del que quizás se había alejado ligeramente en A Dangerous Method.

Robert Pattinson

Cierto es que no se trata de una de esas típicas y fascinantes pesadillas que tanto sedujera a su amplia colección de seguidores, pero no creo que vayan quedar defraudados de un filme que ya no resulta premonitorio como los de antes, pero sí absolutamente elocuente al plasmar aquello en lo que se ha convertido el capitalismo y lo que muchos querrían hacer con él.

3 estrellas