Arbitrage (El fraude): el ejecutivo que tiene miedo de sus propias finanzas

Son ya bastantes las películas contemporáneas que están protagonizadas por un ejecutivo en decadencia. La apoteosis de este motivo lo encontramos en Cosmópolis, de David Cronenberg, donde acompañamos a un joven ejecutivo en su viaje hacia el apocalipsis económico. Shame, de Steve McQueen, aunque mantiene la adicción sexual como primer motor argumental, en su fondo subyace el retrato de una clase nacida al auspicio de la especulación y que, en su ambición, se topa con la neurosis. Y en San Sebastián, el siempre combativo Constantin Costa-Gavras presentó Le capital, centrado en un joven que se convierte, súbitamente y sin mucha experiencia, en presidente de una entidad financiera.

Así, la crisis económica actual es el motor que mueve todos estos personajes, ya sea de forma directa o como telón de fondo, impulsando a una competitividad extrema. Y en esta estela podemos ubicar Arbitrage (El fraude), la ópera prima de Nicholas Jarecki, y que cuenta con un interesante reparto, pues está protagonizada por Richard Gere y cuenta entre el casting con Susan Sarandon y con Tim Roth.

No es la crisis económica la temática principal del film, pero está ahí como un monstruo durmiente que, en ocasiones, embate con fuerza a los personajes. Porque Arbitrage parte de un ejecutivo que, ante la comisión de un fraude, necesita vender su imperio económico antes de que salga a la luz la estafa. Así, la crisis es la causa abstracta que le impulsa a la ilegalidad y, por supuesto, la que impone un plazo medido para la ejecución de su objetivo.

Arbitrage cuenta con todos los elementos del thriller clásico: un plazo fijado para la realización de un objetivo, una combinación de trama romántica y trama criminal. Y cuenta con un aire hitchcockiano, pues en realidad, no llegamos a descubrir una explicación fundamentada del fraude: el fraude funciona como un mcguffin, como una excusa argumental, un vacío significativo, que permite la construcción de una trama alrededor. Porque no importa la estafa, sino las consecuencias del fraude en el personaje.

Lo curioso es que este film desdobla las consecuencias en dos vertientes narrativas: la presión del fraude financiero y el plazo a cumplir se proyecta en una trama criminal, pues Robert Miller (Richard Gere) se ve involucrado en una muerte accidental. Pero debe evitar toda publicidad que impida la venta de su imperio, así que oculta el hecho. De este modo, Miller experimenta el miedo a través de la policía, que inicia su búsqueda y captura. Pero este temor criminal es, en el fondo, una materialización del miedo financiero.

La muerte sirve como una exaltación de los obstáculos en el propósito del personaje, y en mi opinión, tiene una doble consecuencia: hace más entretenida la obra pero a la vez menos arriesgada. Porque la manipulación económica en sí puede sustentar una obra crítica con la crisis, pero parece que Jarecki no quería perder a espectadores y ha necesitado recurrir a una trama romántico-criminal.

Lo interesante es que todo el metraje retrata el intento de un personaje por esconder un acontecimiento: toda la conducta del personaje es, definitivamente, una mentira hacia su entorno. Arbitrage trata de mostrar la doble capa que teje la realidad: la capa del éxito financiero y de la familia unida, y la capa del crimen, la decadencia y la estafa. Y el personaje, construido de la segunda, tratará de eliminar todo residuo de pesadilla para lograr su aceptación social.

En esta separación de la América contemporánea en dos capas que deambulan en horizontal, Arbitrage logra sus mayores logros a través de un personaje que finge, miente y, a la vez, experimenta un sentimiento de culpabilidad. Porque el film juega a identificarnos con él y, a la vez, nos espanta su conducta, de modo que sentimos la propia dualidad social en nuestro visionado. Además, estamos conducidos por un Richard Gere en estado de gracia, pues realmente, es una de las mejores interpretaciones que he visto de él en pantalla. Y con Tim Roth y Susan Sarandon de coro, nada puede salir mal.

Fotos: Entertainment maven