To Rome with love: Woody allen y el turismo de la ironía

Woody Allen continúa con su ruta turística por Europa, y con To Rome with Love (A Roma con amor), recala en la ciudad eterna, Roma. El propio Allen afirma que la intención de este tour por el viejo continente es retratar la experiencia de una ciudad como turista: señala que no dispone de un conocimiento suficiente de las ciudades europeas como para hacer un retrato sociológico o analizar todas las capas urbanas; él, en Europa, es un turista, y por lo tanto, ofrece la visión que un turista tiene en su descubrimiento de la urbe. De hecho, ya el propio título da pistas sobre este propósito: sustituye el destinatario humano por el destinatario urbano, pues esta obra es una postal en movimiento de Roma dedicada a la propia ciudad, eje de la narración.

¿Y cómo se esboza una visión turística de una ciudad en el celuloide? Pues a través del estereotipo. Woody Allen recoge todos los lugares comunes que pueblan las representaciones de las ciudades europeas y los desmitifica a través de la ironía. Es lo que hizo en Vicky Cristina Barcelona: la primera en acostarse con Juan Antonio (Javier Bardem), el estereotipo del macho español, fue Vicky (Rebeca Hall), la más fiel de las dos turistas, mientras que Cristina sufrió vómitos la noche en que trató de hacer el amor con él. Este vómito es un indicio del humor con el que Allen toma a sus personajes europeos, pues todo apuntaba a que Cristina (Scarlett Johanson), la mujer más sexual de las amigas, iba a ser la primera en intimar con Juan Antonio: estos personajes no hay que tomárselos en serio, sino como una ironía del estereotipo que representan.

Para hacernos consciente de esta sumersión en la mente del turista, Woody Allen convierte la puesta en escena en un escaparate de una tienda de souvenirs. Nos introduce en la percepción que el turista tiene de la ciudad, y por ello, los planos recogen un monumento en su totalidad: si un ciudadano romano puede aprehender su ciudad por calles, un turista siempre ve la ciudad por hitos. Así, en cada plano estalla la singularidad del edificio histórico, pues es el foco de atención de la mente del turista y, por lo tanto, la que debe ser para el espectador.

Asimismo, también recurre a una radiante luminosidad, más intensa que la normal, ensalzando el clima veraniego en el que tuvo lugar el rodaje. Porque un turista no está predispuesto a la experiencia traumática en la ciudad que le acoge temporalmente: todo el horizonte de expectativas es placentero, y por lo tanto, su optimismo se traduce en una iluminación fulgurante en la puesta en escena. En Vicky Cristina Barcelona, recurrió a un predominio de tonos pasteles, también intensificando esta relación armónica con el espacio. El resultado es una especie de liviandad consciente: Woody Allen quiere crear un retrato idealizado, reduccionista, falso, de Roma. Quiere ser ligero, le apetece serlo y lo es.

To Rome with love se construye a través de cuatro historias, que presentan un elemento en común: la irrupción de algo foráneo, externo, que obliga a una reestructuración de una vida. Aunque el hilo más fuerte entre relatos es el espacio urbano, Roma. Y cada historia plantea unos referentes cinematográficos y literarios diferentes:

Roberto Benigni

Es la única historia protagonizada por un ciudadano romano. Un padre de familia, de repente, se convierte en estrella de cine y es acosado por la prensa sin que él o el espectador conozca los motivos. Está filmada con un aire neorrealista, sobre todo las escenas del hogar, probablemente en homenaje de Woody Allen al movimiento cinematográfico surgido en Italia tras la 2ª Guerra Mundial.

Woody Allen reproduce, en esta historia, la estructura de la narrativa fantástica de Franz Kafka. El fantástico tradicional se funda en una irrupción del acontecimiento inverosímil quebrando el marco realista de la narración; pero Kafka impuso, a comienzos del s. XX, una revolución en el género: ahora, lo inverosímil deviene realista. En Kafka, al comienzo del relato se produce el suceso inverosímil, del que no se explican las causas, y a continuación, su narrativa se esfuerza por normalizarlo, hasta ver como algo cotidiano lo sobrenatural.

Es lo que se observa, por ejemplo, en La Metamorfosis, donde Gregorio Samsa se convierte en escarabajo sin conocer sus causas: "al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño itnranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto". Y, a continuación, ya no sucede nada que salte la lógica de la razón: sólo hay un hecho inverosímil, que después es asumido con una estética realista. Asimismo, este elemento extraño es percibido con normalidad por la sociedad, salvo el protagonista, el único en sufrir un extrañamiento frente a lo inverosímil.

Kafka señala, con este recurso, que la paranoia reside en la sociedad: es la sociedad la que contamina al sujeto, y no el sujeto quien es incapaz de sumarse a la dinámica social. Y en Woody Allen, Benigni deviene famoso sin saber por qué, pero todo su entorno lo trata automáticamente como tal. Sólo el personaje y el espectador están desorientados, mientras que la sociedad se esfuerza por mantener tal ficción; y es que, en el fondo, la fama es una ficción, y Woody Allen reucrre a Kafka para mostrar la inconsistencia de la selección del personaje que deviene famoso.

Jesse Eisenberg, Alec Baldwin y Ellen Page

Se trata de la historia de un triángulo amoroso entre el arquitecto Jack (Jesse Eisenberg) y las dos versiones clásicas de la mujer: la novia fiel y la infidelidad furtiva e intelectual (Ellen Page), aunque alternando el estereotipo, pues la primera es rubia y la segunda morena. Y, ante la indecisión, se presenta un arquitecto californiano, John (Alec Baldwin), cuya figura sirve a Jack como ideal del yo: John es la conciencia de Jack, guiando su conducta respecto a las historias amorososas. El problema de este relato es su previsibilidad: Woody Allen ya contó este conflicto de forma más compleja en Manhattan, oponiendo a su joven y dulce novia de 17 años (Mariel Hemingway) con la inteligente e irónica Mary (Diane Keaton).

En esta historia, hay un guiño directo a Persona, de Ingmar Bergman: Ellen Page narra sus experiencias sexuales con mujeres y Woody Allen no recurre a un flash-back para mostrarlas, del mismo modo que Liv Ullman relata una orgía vivida en una playa en su pasado únicamente a través de su voz. Ambos personajes están sentados en el sofá mientras narran su experiencia, y el erotismo de la escena estalla por la elusión de la imagen: sólo hay voz, lo que obliga al espectador y al otro personaje a imaginar, un acto mucho más subversivo que la explicitud sexual en pantalla. Aunque hay que precisar que en Bergman está mucho más logrado, pues el tono irónico de Allen quiebra este énfasis erótico.

Penélope Cruz

Una pareja de recién casados viaja a Roma y allí, cada uno se separará y vivirá una infidelidad paralela: el marido desarrollará una relación sexual-amistosa con una prostituta que entra por equivocación en su habitación (Penélope Cruz) y la mujer se codeará con su actor favorito. Es un calco del argumento de Lo sceicco bianco (El jeque blanco, 1952), de Federico Fellini. Y es que, en la ciudad de los estudios cinecittá, Woody Allen debía homenajear a su director italiano predilecto.

Woody Allen y Judy Davis

Woody Allen ironiza sobre sí mismo en su retorno al espacio frente a las cámaras, que no asumía desde Scoop (2006). Jerry (Woody Allen) viaja a Roma con su mujer (Judy Davies) para conocer al nuevo marido de su hija, Antonio, un italiano defensor de los derechos laborales, al que Allen tacha de naïf por sus ideas sindicalistas. Esta historia es un auténtico manifiesto del humor absurdo cuando Jerry decide llevar a la ópera a su consuegro a causa de su magnífica voz: revive el absurdo que había olvidado en el cenit de su carrera, donde predomina la ironía dialogada, y que parece haber comenzado a recuperar en Midnight in Paris, dondeo un personaje se cuela, de improviso, en el s. XVII en el Palacio de Versalles, en esa búsqueda del pasado idealizado.

En definitiva, una obra irregular, que presenta un humor mucho más visual que dialogado, recuperando la vertiente absurda de sus primeros años. Divierte su proximidad con lo surreal, y en su puesta en escena de estereotipos, aborda más los aspectos de la alta cultura que las imágenes más manidas del país, y lo hace con cierta originalidad e ironía. Inquieta por la vuelta a la normalidad de todo relato al finalizar la transgresión: parece que una salida de tono de los personajes sólo está permitida si su aventura llega a su fin. Y está plagado de referencias culturales que parecen haber perdido su efectividad. Pero yo tengo debilidad por el cine de este neoyorquino, y siempre le perdono todo; y quizá la falta de pretensiones de este film me permite ensalzar el disfrute en su visionado.

Fotos: Micropsia