Savages, de Oliver Stone: cuando el salvajismo se convierte en convención

Oliver Stone pretende golpear a base de conductas socialmente incorrectas, convirtiendo cada atmósfera en una calada de porro, y cada plano en un disparo de revólver. Para ello ha realizado Savages (Salvajes), obra con la que pretende recuperar la esencia de sí mismo. Exactamente lo mismo que ha intentado Brian de Palma con Passion, presentada en el festival de Venecia, con la que buscaba resucitar el tono de thriller erótico que tan célebre lo hizo en los setenta. Ambos directores, grandes realizadores que en la actualidad han visto un descenso en su creatividad, tratan de volver a sus orígenes, pero a veces, esto se traduce en un plagio de sí mismos que no logra la naturalidad y espontaneidad de sus mejores trabajos.

Savages (Salvajes) es un thriller amoral en el que dos amigos (interpretados por Taylor Kitsch y Aaron Taylor Johnson) mantienen un ménage à trois con una joven (Blake Lively) en Laguna Beach, y se dedican al tráfico de drogas. Con sus negocios entran en conflicto con el cartel mexicano de las drogas, de modo que los narcotraficantes mexicanos raptan a la joven y exigen como rescate el dinero que han obtenido con el contrabando en los últimos cinco años. El argumento pivota sobre el intento de recuperar a la novia promovido por estos dos jóvenes.

Todos los personajes se dedican a actividades que reciben censura social, y Oliver Stone desea ensalzar su vida al margen de la ley como uno de los pocos reductos de libertad que quedan en la sociedad estadounidense. Y, para ello, recurre a su dispositivo formal habitual: la eliminación de toda restricción a la hora de filmar. Oliver Stone no sigue reglas, ubica la cámara donde desea, le permite una movilidad absoluta y mezcla diferentes texturas en la imagen, lo que genera un gran dinamismo y una fuerte espontaneidad, y permite sentir en cierto modo la libertad de los personajes, como si las vidas que narrase se mimetizasen con la extrema movilidad de la cámara.

Pero esta cámara vertiginosa a veces se mueve a la deriva, y su posición no responde a ningún motivo de significación: es, simplemente, la velocidad y el ritmo, con travellings que son derrapes y panorámicas que son aceleraciones. El resultado es una sensación de pérdida, pues la cámara no parece apoyar ninguna narración ni crear significados, simplemente desea estar libre.

No obstante, a mi modo de ver, el mayor fallo parece residir en los personajes: Oliver Stone se toma en serio a sus personajes, cuando en el fondo son estereotipos. Son personajes apsicológicos, que responden únicamente a la pulsión irracional, y su falta de definición impide una empatía con ellos; son figuras que tratan de expresar su libertad, pero en su empeño devienen muñecos. Quizá falta algo de ironía en la puesta en escena, al estilo de David Lynch o Quentin Tarantino, pues nos encontramos con personajes ya reproducidos por el cine en infinidad de ocasiones. Sólo el exceso en la puesta en escena sirve como mínima marca de ironía.

Pero lo peor es que no resultan para nada salvajes. Porque estos personajes que se erigen en residuo del capitalismo son, a su vez, ya una convención. Sin ellos no funcionaría el sistema, pues el sistema se sostiene gracias a sus márgenes, que permiten mostrar la bonanza del centro ante la violencia que irrumpe en las fronteras. No me parecen unos personajes tan subversivos como el director pretende que lo sean.

Lo más destacado es el revival que hace de los años noventa, con esa estética ligera, liviana y desenfrenada, y que recuerda en numerosas ocasiones a Natural Born Killers (Asesinos Natos). Y en algún momento logra aproximarse a una vertiente alucinatoria, desenfrenada y psicótica, sobre todo en las secuencias de sexo o violencia, en los que ensalza la parte sensorial y se experimenta una cierta liberación. Pero la diversión es momentánea, y el metraje avanza con lentitud en ocasiones, lo que contradice la libertad de la cámara. Salvo algún detalle interesante, es una obra que se presenta como algo más salvaje de lo que es.

Fotos: My New Plaid Pants