Las películas seleccionadas para el Oscar a la mejor película de habla no inglesa

La Academia de Cine ha decidido que sea Blancanieves, de Pablo Berger, la que represente a España en la próxima gala de los Oscar. Y, mientras tanto, el resto de países publican la candidata para la gala, entre los que destaca la propuesta de Irán: su Academia de cine ha decidido no presentar ninguna propuesta, pese a disponer de una de las cinematografías más interesantes del panorama contemporáneo, como protesta por el video de Innocence of Muslims que ha generado una oleada de violencia en el mundo árabe. Con esta ausencia, pretende iniciar un boicot de los Oscar, atacando a través del mismo medio que ha impulsado la ira: el cine. Aquí va la propuesta de algunos de los países que ya han hecho pública su selección:

Portugal: sangue do meu sangue

Joao Canijo ganó, con este título, el Premio FIPRESCI en el pasado festival de San Sebastián de 2011. Y con esta obra, Portugal pretende optar a un galardón que nunca ha obtenido, algo sorprendente teniendo en cuenta la gran calidad del cine portugués contemporáneo. Se trata de un melodrama familiar realista, casi de un realismo crudo, sucio, y el director ubica la cámara siempre en una posición que parece natural, segando objetos y cuerpos, lo que despoja de artificios al metraje. En ella, Márcia, una madre soltera que trabaja como cocinera y comparte hogar con su hermana, descubre que su hija, que estudia enfermería y trabaja como cajera, está enamorada de un hombre casado mayor que ella.

Francia: Intouchable

Francia ha optado por el film en habla no inglesa que mayor éxito de público ha cosechado en la historia del cine, Intouchable (Intocable). Realizado por Eric Toledano y Olivier Nakache, y con una fusión de comedia y drama, narra la amistad tejida entre un aristócrata que ha quedado tetrapléjico y un inmigrante que se encarga de su cuidado.

Austria: Amour

El Haneke más humano hasta el momento nos trae esta historia de un amor en la decrepitud: la convivencia de un anciano con el alzheimer que desarrolla su esposa. Está filmado con la habitual precisión del director, pero dejando una gran libertad, dentro de la fijeza del plano, a la interpretación de los magníficos actores protagonistas, Jean Louis Trintignant y Emmanuelle Riva. Un film, también, sobre el encierro, pues no hay planos de fuera del hogar.

Alemania: Barbara

Elegida una de las mejores películas del año por la crítica FIPRESCI, Barbara es la versión femenina de Das Leben der Anderen (La vida de los otros), pues a través de la trayectoria vital de Barbara, el director, Christian Petzold, que ganó el oso de plata en el pasado festival de Berlín, logra crear un retrato de las dos Alemanias. Barbara es una doctora que estuvo presa en el Berlín occidental y al salir de prisión, es enviada a trabajar al Berlín oriental, donde debe adaptarse a las nuevas condiciones políticas y a una mayor restricción de la libertad. Pero al final se adapta a su nueva vida, quebrando en cierto modo la maniqueísta asociación de oriente-represión y occidente-libertad.

Dinamarca: A Royal Affair

Con guión de Lars von Trier, A Royal Affair, dirigida por Nikolaj Arcel, es un drama de época, ambientado en el s. XVIII, que gira en torno a un triángulo amoroso entre el rey Christian VII (Mikkel Boe Følsgaard), su joven esposa Carolina Matilde (Alicia Vikander) y el médico real (Mads Mikkelsen).

México: Después de Lucía

Fue, sin duda, una de las revelaciones del pasado Festival de Cannes, y una de las pocas películas salvables de la sección Un certain regard, que este año mantuvo una calidad bastante baja en sus propuestas. Se trata de la segunda obra de Michel Franco, y gira en torno a la joven Alejandra, que debe mudarse con su padre, en plena depresión por la pérdida de la esposa, desde la costa hasta la capital México D. F. Allí se verá abatida por incesantes estímulos nuevos y sufrirá problemas en sus nuevos entornos.

Chile: No

Pablo Larraín ha filmado el contundente rechazo de la sociedad chilena a la dictadura. O, lo que es lo mismo, su afirmación y defensa de la democracia. En No, aborda la campaña electoral de un publicista, interpretado por Gael García Bernal, que trata de impulsar el voto negativo a la continuidad de la dictadura. Para ambientar el film, Larraín ha recurrido al rodaje a través de una cámara de televisión de los años ochenta, que a través de su textura nos convierte en espectadores televisivos del momento, logrando una mejor retrospectiva del pasado.

Brasil: O Palhaço

El popular actor Selton Mell aborda, en su segunda obra, O Palhaço, el mundo del circo. Él mismo interpreta a uno de los protagonistas, Benjamin, que junto a Valdemar, forman una pareja de humor. Pero Bejamin piensa que carece de la gracia suficiente como para entretener al público, así que abandona la profesión para convertirse en funcionario, pero pronto comprenderá que su vocación real es la carcajada. Hay un deseo de aproximar el humor del film hacia el absurdo, a través de composiciones excesivamente simétricas y planos con una duración algo mayor a la habitual, que muestran una cierta ridiculez en los gestos de los personajes. Y se observa una influencia de Federico Fellini y sus ambientes circenses, tan bien desarrollados en La Strada, pues toma esa humanización del payaso y esa confluencia de múltiples personajes en la narración.

Rusia: Tigre blanco

Rusia ha obviado la mejor película que, sin duda, ha producido el país en este año: Faust (Faausto), de Sokurov. Faust ganó el León de Oro en el Festival de Venecia, y se trata de una adaptación de la obra dramática de Goethe, realizando una profunda disección de la figura de poder: el poder no está en el político, en el que ejecuta, que en este caso sería Faust; sino en el que seduce, convence en el entorno, el lobby, en este caso Mefistófeles. En ella, Sokurov recurre a lentes que distorsionan la imagen de manera diagonal y crea atmósferas que devienen puro tacto.

Pero Rusia ha preferido seleccionar Tigre Blanco, de Karen Shakhnazarov, ambientada en la 2ª Guerra Mundial y que versa sobre los combates entre Alemania, que poseía la potente generación de tanques llamada Tigre Blanco, y el ejército ruso, técnicamente menos eficiente pero que ejecutó una resistencia impávida a los ataques. Se trata de una obra que ensalza la lucha rusa, la nacionalidad, la unión de los ciudadanos, ante un enemigo externo, los alemanes, por lo que no impulsa una crítica contra la realidad rusa: su selección responde a la respuesta de unión que plantea el metraje. Estéticamente, acoge una puesta en escena propia del cine bélico de Hollywood, por lo que no desarrolla las grandes innovaciones que el cine ruso ha impulsado en el lenguaje cinematográfico.