The Dark Knight Rises: cambio careta de Guy Fawkes por máscara de Bane

La principal diferencia entre una película de superhéroes como The Avengers y otra como The Dark Knight Rises reside en que la primera le da la espalda al momento socio-político en el que está realizada, mientras que no sólo es imprescindible analizar la segunda teniendo en cuenta ese mismo contexto, sino que enriquece considerablemente su significado. Si por un lado estoy de acuerdo con mi compañero Carlos en que esta tercera entrega de Batman culmina a la perfección la trilogía de Christopher Nolan, el valor añadido de ésta y cada una de las películas que la forman es que funcionan a la perfección por sí mismas. La trilogía sería como una planta, cual semilla se introduce en Batman Begins, germina en The Dark Knight y florece esplendorosamente con The Dark Knight Rises. Pero si todas se complementan, cada una desarrolla su propio conflicto que funciona de manera independiente con respecto de las anteriores. No voy a utilizar spoilers, pero permítanme que identifique algunas secuencias de una manera genérica, que los que no hayan visto la película sólo identificarán cuando la vean, pero que servirá para que los que ya la han visto entiendan mi punto de vista.

El caballero oscuro: la leyenda renace

De manera independiente, The Dark Knight Rises es una película total y absolutamente indignada. Los criminales no están en las calles, sino en los despachos de las grandes corporaciones y entre los altos cargos del Gobierno, al igual que en la vida real. No es nada gratuito el lugar escogido por Bane para iniciar su revuelta contra la sociedad, de la misma manera que no lo es el lugar en el que hace su demostración de poder. Quizás alguno pondrá en duda el famoso axioma atribuido a Maquiavelo que dice que "el fin justifica los medios", pero hay que tener en cuenta que la sociedad de la película no está completamente al tanto de la mentira en la que vive, como demuestra el hecho de que Harvey Dent (Aaron Eckhart) es recordado como un héroe, cuando acabó siendo todo lo contrario.

Christian Bale

Por otro lado, no resulta nada gratificante, para los que vivimos en esta sociedad, al otro lado de la pantalla, que la policía acabe siendo el ejército del hombre murciélago cuando representa una de las claras herramientas de la represión al servicio de la maquinaria corrupta. Para desarrollar sus premisas, los hermanos Nolan tienen la precaución de destacar varios personajes dentro del cuerpo de la policía que se identifican con posturas contrarias. Personajes que progresivamente se irán distanciando hasta convertirse en antagonistas, puesto que mientras uno defiende que la mentira puede servir para el bien común, el otro no querrá formar parte de lo que considera una farsa. Conceptos diferentes sobre la legitimidad del otro axioma que cuestiona la película: el sacrificio del individuo por el bien de la sociedad. La secuencia del puente, con el autobús de huérfanos, sirve para demostrar que el Gobierno utiliza los mismos métodos que los terroristas. Los mismos.

Joseph Gordon-Levitt

Pero es la violencia y la legitimidad de su uso, el conflicto que acaba por erigirse como el verdadero tema, no ya en The Dark Knight Rises, sino de la trilogía completa. Quizás en Batman Begins pareciera que la postura de la Liga de las Sombras era un tanto desproporcionada y ciertamente parecieran más un grupo de terroristas que otra cosa. Pero todo cambia considerablemente con la demostración del Jóker (Heath Ledger), en The Dark Knight, de que la represión de la violencia puede resultar tan negativa y perniciosa como la represión de cualquier aspecto del ser humano. Por eso en The Dark Knight Rises acaba erigiéndose en un instrumento totalmente válido y legítimo de la mano de Bane, que defiende que la violencia es la herramienta del pueblo para luchar contra una maquinaria cuyas bases están establecidas para salvaguardarse a sí misma. La demonización de la violencia aparece como la herramienta de los poderosos (y los débiles) para mantener controladas a las grandes masas (y los fuertes), algo que está perfectamente defendido, reflejado y demostrado en un personaje como Daggett (Ben Mendelsohn).

Morgan Freeman y Marion Cotillard

Desde mi punto de vista los débiles son los Gobiernos (democracias y dictaduras) y las grandes corporaciones que establecen sus leyes para que el mundo funcione a su conveniencia, al servicio de sus interesas y sin importarles el sufrimiento de otros. Del pueblo, los fuertes, que no son realmente conscientes de que está en su mano cambiar la situación. En nuestra sociedad, la violencia es utilizada, por ejemplo, para restar legitimidad a una manifestación, que el Gobierno utiliza para desoír una protesta ciudadana. Entiéndase que, desde mi punto de vista, la película no pretende un retorno a la época en la que imperaba la ley del más fuerte, sino una asimilación de la violencia colectiva como arma para luchar contra la injusticia social. Antaño algunos impulsos sexuales eran reprimidos y catalogados como perversiones, que actualmente se consideran una forma sexual diferente, pero totalmente sana. ¿No es hora de que la violencia salga también del armario para que pueda ser utilizada en determinadas circunstancias, de la misma manera que el asesinato lo está en tiempos de guerra? Esta sería la premisa de Bane y la Liga de las Sombras: utilizar la violencia para erradicar la corrupción. Otra cuestión sería comprobar lo que sucede cuando la corrupción se apodera de este nuevo régimen, algo tan peligroso como podría ser la liberación descontrolada de la violencia y que también se apunta en la película.

Anne Hathaway y Michael Caine

Volviendo sobre The Dark Knight Rises, es indudable que toda la emoción que Christopher Nolan es capaz de transmitir con su película no sería nada sin la prodigiosa aportación de la partitura de Hans Zimmer, que a pesar de los ecos a la banda sonora de Inception, consigue arrebatar en todo momento al espectador y contribuye a un tercio de la excelencia del filme. Si Christian Bale, Morgan Freeman y Marion Cotillard defienden sus personajes con su solvencia habitual, quizás defraudan parcialmente las de Gary Oldman y Joseph Gordon-Levitt, que quedan compensados por las magníficas aportaciones de un poderoso como nuca Tom Hardy, una irresistible Anne Hathaway y un extraordinario Michael Caine.

Tom Hardy

Si Chistopher Nolan consigue sublimar el espectáculo con unas deslumbrantes secuencias de acción y una poderosa espectacularidad visual, con lo que respecta al desarrollo de la narración, siento decir que en el momento en que irrumpe el melodrama (en ese secretísimo giro final) merma considerablemente la emoción y la tensión de la película. Lo que se traduce en una resolución lenta, excesiva y demasiado larga, justo lo contrario de la contundencia del final de The Dark Knight que, con la sencillo inclusión de un flashforward, culminaba en una sola secuencia todas las líneas argumentales, sin dejar cabos sueltos y cerrando con celeridad y acierto la conclusión de la película. Un final completamente satisfactorio, que es lo único que le falta a The Dark Knight Rises. Por eso para algunos espectadores no debe haber dejado la misma brillante sensación de su predecesora, lo que no impide que consiga transmitir una abrumadora emoción que lleve a este servidor a desechar su careta de Guy Fawkes, en favor de una máscara como la de Bane. Mi nuevo héroe.

4 estrellas