The Awakening: el terror dramático

El desarrollo de un proyecto cinematográfico suele ser un proceso largo y accidentado en el que nada está decidido hasta que no se estrena la película. En este largo camino hacia la luz hay producciones que salen adelante con mayor rapidez y otras que necesitan algo más tiempo, generalmente por cuestiones más económicas que artísticas. Por eso, cuando dos cineastas coinciden en una misma idea nos apresuramos a hablar de plagio, aunque muchas veces se trata simplemente de coincidencias. Ya le sucedió a Alejandro Amenábar cuando vio The Sixth Sense, cuyo giro final era el mismo que él estaba trabajando para The Others, salvo que su película todavía no se había estrenado, lo que se debe simplemente a que M. Night Shyamalan se adelantó al cineasta español.

En el caso de The Awakening, titulada en España La maldición de Roockford, vuelve a suceder lo mismo y si a simple vista muchos pensarán que se trata de una película en la línea de The Woman in Black, lo cierto es que sus vinculaciones están mucho más cercanas al cine español con vocación internacional. Su secuencia inicial parece repetir la primera secuencia de Red Lights, para desarrollarse después mucho más cerca de Intruders, con una estética más bien cercana a The Innocents, la obra maestra que dirigiera Jack Clayton a partir de The Turn of the Screw, la novela de Henry James, que también emularan tanto Alejandro Amenábar en su película victoriana, como James Watkins en la suya.

Estamos hablando de la que es la ópera prima de Nick Murphy, que parte de ese concepto tan posmoderno de coger de aquí y de allá, para envolverlo en esta estética victoriana, muy cercana en algunas ocasiones a las películas de James Ivory, que tiene con el acierto de saber arrastrar al espectador de la misma manera que arrastra a su personaje protagonista. Igual que sucedía en la película de Rodrigo Cortés, la protagonista de The Awakening, Florence Athcart (Rebecca Hall), es una mujer incrédula dispuesta a desenmascarar cualquier fraude, compartiendo ambas mujeres un trauma relacionado con una maternidad frustrada. De la misma manera que Miss Giddens (Deborah Kerr) es superada por la represión sexual que arrastra en The Innocents, Florence sucumbe a los encantos de Robert Mallory (Dominic West), en una historia en la que los niños vuelven a estar en el origen del mal. Igual que sucede en la película de Juan Carlos Fresnadillo, pasado y presente confluyen en un mismo lugar y tiempo, aunque aquí siempre sabremos qué sucede en este momento y qué forma parte del pasado… o al menos hasta que se resuelva el giro final.

El acierto de Nick Murphy reside en que si en algún momento nos saltarán las alarmas que relacionan su película con alguno de estos títulos, aparte de que podamos encontrar forzada alguna de las situaciones o quizás exponga con excesiva celeridad las cartas sobre la mesa, progresivamente se va ganando la atención del espectador. Cuando todas las cartas se pongan boca arriba, ya no nos importará si hay o no hay fantasmas, ni de dónde surgen las conexiones entre los personajes que acaban por ser más cercanas de lo que a priori se podría pensar. Si el guión resulta en primera instancia algo forzado, y la aproximación visual no sea más que correcta, podremos encontrar en la interpretación de los actores principales la mejor baza para disfrutar de una propuesta como esta. No tanto por la labor de Rebecca Hall, que estando justa a veces pareciera que es ella la forzada, más que el guión, pero sí por el trabajo de Dominic West, capaz de trasmitir morbo y misterio a partes iguales, pero sobre todo por la magnífica Imelda Staunton, que consigue un personaje tan contundente como etéreo, tan real como enigmático.

Lástima que en la amalgama de influencias The Awakening, que consigue momentos realemtne inquietantes como los de la casa de muñecas, no se parezca más al terror psicológico que Sean Ellis desarrollara tan bien con películas como Cashback y The Broken, cuyo espíritu también parece ser emulado en muchos momentos.

2 estrellas