Take Shelter: el apocalipsis del miedo

Take Shelter es uno de esos films que luego de verse queda impregnado en la memoria. Lo logra porque la forma en que está entramada logra una excelente atmósfera de tensión in crescendo que termina por perturbar al espectador de una manera asombrosa. La cantidad de premiaciones en el ciruito independiente que ha cocechado, ahora se la percibe como un logro bien merecido e intuyo que seguramente en años venideros se convertirá en uno de esos clásicos impensables de ignorar. O al menos eso es lo que espero personalmente.

Varios son los que se han cansado de comparar este film, dirigido y escrito por Jeff Nichols, con aquellos primeros de Night Shyamalan lo cual es comprensible desde que ambos muy bien saben cómo mantener ese clima de misterio y tensión, esos personajes ensimismados que uno espera ver estallar en algún momento, ese detalle del suspenso por ver qué vuelta de tuerca podrá tener desde lo narrativo. Sin embargo lo que diferencia a Nichols de Shyamalan es que en todo momento se nos presenta un drama, una historia de miedos y terrores de un hombre al que le es imposible comunicarse abiertamente con aquellos que lo rodean; y de hecho todos los personajes de alguna u otra manera fallan en comunicarse con el otro. Es una historia que aun poblada de fantasmas y escenas estremecedoras nunca nos insta a pedir el elemento sobrenatural, el condimento de lo ajeno a lo normal. Y a pesar de que físicamente el extraordinario Michael Shannon ya es intimidante, su personaje en ningún momento juega un papel estereotipado o abundante en clichés.

Nichols se escuda de manera increíblemente inteligente tras una historia de aparente connotaciones apocalípticas mezclada con las típicas trampas sobre la lucidez del protagonista para, después de todo, susurrarnos por lo bajo otras cuestiones mucho más reales, y hasta quizá, más importantes: el infierno de la crisis económica, la de la falta de comunicación, la mirada inquisidora del vecino, la posibilidad de sobrevivir a las tragedias. El director elabora esas subtramas con pequeños detalles. Sin extensas e innecesarias explicaciones percibimos lo que él quiere, nos cuenta con gestos, con planos y encuadres, con pequeñas referencias en los diálogos. La condición física de la pequeña hija, por ejemplo; la que terminamos entendiendo que no es precisamente de nacimiento y que esa tenue frialdad entre los esposos podría relacionarse con ello.

Es notorio cómo con recursos casi mínimos este director, con la ayuda de la extraordinaria fotografía de Adam Stone, desarrolla un clima que innegablemente termina sembrando el miedo en el propio espectador. Si bien su ritmo puede parecer por momentos lento y cansino, esto es una herramienta más que alarga el terrible padecimiento con el que uno acompaña al protagonista. También es cierto que presenta un final un tanto forzado, tramposo para unos cuantos, pero que al fin de cuentas si se la mira con cuidado no deja de ser un fin extraordinario que tampoco olvidaremos y que deja a la audiencia con un balance extraño entre miedo y satisfacción.

Déjenme aconsejarles que de no haber visto aun este film, no dejen que les cuenten demasiado de él. No lo aconsejo por el final o por esa manía que al compararla con Shyamalan terminarán por esperar una sorpresa impensable; lo aconsejo porque la reacción que provoca esta película es casi física. El estado con el que uno termina tras verla es casi agotador, es un golpe sistemático que viene a cuenta gotas pero que finalmente termina erosionando nuestro ánimo y nos deja con preguntas. Y si esto es así es porque además el trabajo tanto de Shannon como de Jessica Chastain es realmente sobresaliente. Se podrá achacar que Shannon termina siempre, a fin de cuentas, cayendo en este tipo de perfiles pero de ahí a desestimar lo que realmente logra en este film es impensable. Su personificación de un hombre perseguido por pesadillas que terminan por insidir en su vida cotidiana, que lo van llevando por un camino de autorepresión terrible, es de lujo.

Para ver Take Shelter hay que estar decidido a ver un drama íntimo, un viaje de tormentos y de frustraciones. Un film de mirada sobrecogedora que se aleja de la acostumbrada manera en que este tipo de temática, que ha inundado Hollywood, en los últimos años es mostrada.

dos estrellas