Secuencias favoritas: el psicodélico viaje de Fear and Loathing in Las Vegas

Las películas de Terry Gilliam siempre han sido fieles a los orígenes del director. Como todos sabréis, Gilliam era uno de los genios que conformaban ese singular grupo de cómicos llamado Monty Phyton que cambiaron la forma de entender a la sociedad y características de los británicos durante los 60 y los 70. Una vez que cada uno de ellos tomó su camino, Gilliam se decantó por la dirección de largometrajes, algo que siempre le había interesado más que actuar ante las cámaras, pero siempre con un sello muy personal.

Después de varias cintas a cada cual más interesantes, entre las que destacan los futuros distópicos de Brazil y Twelve Monkeys, a finales de los años 90 calló en sus manos un libro que estaba esperando una adaptación idónea, y quién mejor que Terry Gilliam para hacerla. Se trata del libro del también muy peculiar Hunter S. Thompson Fear and Loathing in Las Vegas, publicado por primera vez en dos volúmenes en la revista Rolling Stone en 1971. En ella se narraba la historia del viaje que llevan a cabo el periodista y su abogado Óscar Zeta Acosta, alias Dr. Gonzo, a Las Vegas para cubrir un evento deportivo. Sin embargo se acaba convirtiendo en un viaje psicodélico con todo tipo de drogas de por medio en la ciudad del pecado, el ejemplo perfecto de la doble fachada del American Way of Life.

Sin duda era un material muy complicado de llevar a la gran pantalla: dos protagonistas que se pasan casi todo el metraje drogados, imágenes surrealistas, un ritmo frenético y un humor ácido que saber dar donde más duele. Si ya es bastante difícil hacer una adaptación de un libro normal, este se llevaba la palma. Pero afortunadamente supieron encontrar al director perfecto para el trabajo, porque ¿quién mejor que Terry Gilliam cumple con el perfil necesario para encajar todos estos elementos al servicio de una gran película?

Ya desde el primer momento, cuando los protagonistas se encuentran viajando a toda velocidad por el desierto de Nevada en dirección a Las Vegas, nos queda claro qué es lo que nos vamos a encontrar en el resto del metraje. Podemos ver qué hay en el maletero de los protagonistas: todo un arsenal de drogas, desde ron y whisky hasta cocaína y LSD. Esto último es lo que toma Johnny Depp justo antes de que ocurra lo que vemos en la escena elegida para la sección de hoy:

Al igual que ocurre en el libro, la película también consigue transmitirnos esa sensación de irrealidad que viven los protagonistas durante su viaje. Las imágenes se componen de planos desencuadrados compuestas por seres que se deforman, suelos que se mueven libremente, todo ello sin control y con la única intención de transmitirnos lo que vive el personaje, que al fin y al cabo es lo que se experimenta al tomar ese tipo de drogas psicodélicas. Cada plano está perfectamente construido y encaja dentro del entramado que tiene planeado Gilliam para que el espectador no pueda despejarse de esa sensación de agobio, de irrealidad incontrolable que puebla cada una de las vivencias de estos dos drogadictos alocados.

Aparte del gran material con el que cuenta la película, y del gran trabajo de Gilliam en la dirección, también hay que recalcar los dos papeles que interpretan tanto Benicio del Toro como Johnny Depp, alternándose los momentos de éxtasis con los depresivos. Depp tenía el difícil trabajo de dar vida a un personaje tan singular y controvertido como es Hunter S. Thompson, pero su interpretación le convirtió en un icono del cine de los 90, al igual que ocurrió con la Fear and Loathing in Las Vegas. Sólo verle a él interpretar un papel que, por otra parte, le viene como anillo al dedo, merece la pena ver la película.

Lo mejor de todo es que tiene mucho más. Este es sólo un pequeño ejemplo de todo lo que atesora la cinta en su metraje. El viaje de los dos protagonistas decae cada vez más y más, siempre cimentando su relación en la ingestión de drogas y todo lo que ello conlleva. Esto tiene unas consecuencias bastante cómicas, pero siempre con un tono de humor muy fino y especialmente oscuro, que construyen una película más atrayente.

Definitivamente es un visionado obligado para cualquier amante del cine, puesto que será capaz no sólo de ver lo bajo que es capaz de llegar un ser humano sin perder el sentido del humor, sino también como se logra conseguir transmitir todas esas sensaciones en una película, ya sea por el trabajo de los actores o por el del director.