Placer culpable: Last Action Hero y su complicado estreno

Ahora que Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger se llevan a las mil maravillas y hacen películas juntos, no está de más recordar aquella estúpida rivalidad que les enfrentaba en los años ochenta y noventa. Quizás el de origen italiano se metiera a público y crítica en el bolsillo con Rocky y First Blood, pero su peligrosa inclinación a repetir personaje y fórmula, sumado a su incapacidad para salir del género o fracasar cuando lo hacía, lograron que la carrera del segundo cobrara más interés. Quizás también porque aunque también tuvo algún que otro fracaso, sabía escoger mucho mejor sus películas, además de que no le iba nada mal cuando cambiaba de registro y hacía cine de comedia. De hecho, el placer culpable que propongo para hoy, Last Action Hero, está a mitad de camino entre la acción y la comedia, siendo un ejercicio metacinematográfico que parodiaba los recursos que ambos actores habían contribuido a crear con sus propias películas, pero que no fue muy bien recibida en su momento.

Dirigida por John MacTiernan, que había sido responsable de títulos como Predator, Die Hard o The Hunt for Red October, que posteriormente se convertirían en rentables franquicias, Last Action Hero cuenta la historia de un adolescente, Danny Madigan (Austin O'Brien), fan incondicional de Jack Slater (Arnold Schwarzenegger), el mayor héroe del cine de acción. A pesar de que su madre (Mercedes Ruehl) está siempre detrás de él, Danny nunca se pierde el primer pase de las películas de Jack, e incluso esta vez tiene la suerte de asistir a un pase especial, gracias al acomodador (Art Carney) de su cine habitual, que le ha preparado un pase privado un día antes del estreno. Éste le entrega una entrada, que no sabe que es mágica, y que le transporta directamente dentro de la pantalla, junto a Jack. Si Danny se da cuenta de que dentro de la película las cosas no son tal y como parecen cuando las ve desde su butaca y su héroe no es tan fabuloso, Jack Slater comprobará que la vida no se parece en nada a la ficción cuando traspase la barrera en sentido contrario. Lo malo es que él no es el único personaje que se escapa de la película. Confieso que no la he visto recientemente, pero intuyo que el paso del tiempo debe haber hecho menos mella en esta película que en otras de idénticas características, incluso las protagonizadas por Schwarzenegger o Stallone.

El guión original de Last Action Hero surgía de los primerizos Adam Leff y Zack Penn, que se proponían parodiar las historias de acción de guionistas como Shane Black, autor de Lethal Weapon y The Last Boy Scout, que irónicamente acabaría re-escribiendo su guión, figurando él como guionista junto David Arnott, y quedando la otra pareja acreditados como responsables de la idea original. ¿Sería esta la primera pieza clave para determinar el fracaso de la película? El caso es que el mismísimo William Goldman, uno de los guionistas más reputados de Hollywood, se encargó de hacer un tercer repaso para dotar de profundidad psicológica a los personajes, pero puede ser cierto que finalmente Last Action hero no acaba de ser más que un híbrido. Ni es una parodia intelectual, como se supone se pretendía por las referencias que se pueden encontrar con The Purple Rose of Cairo o Cinema Paradiso y las alusiones directas a Hamlet, Amadeus o The Seventh Seal -magnífica esta última-, ni la película de acción destinada a ser el blockbuster del verano como sus productores pretendían.

Pero un servidor la reivindica como una película de entretenimiento que ofrece algo más que pasar el rato. La suma de ironía más hipérbole me permite disfrutar de las secuencias de acción sin tener en cuenta ni la credibilidad ni la verosimilitud, de la misma manera que me fascina la posibilidad de que personajes de distintas películas puedan encontrarse en el mundo real, siendo algunos de ellos mucho más fascinantes e interesantes que los propios actores que les han dado vida.

Si atendemos a sus productores, el (siempre relativo) fracaso de la película se debe a que se estrenaba un fin de semana después de la que sí sería el acontecimiento mediático del año, Jurasic Park -ahora entiendo la broma del dinosaurio-, además de verse sobrepasada por un título con el que no contaban, como Sleepless in Seatle, que se hacía con el segundo puesto de las películas más vista en el fin de semana del estreno de Last Action Hero. Si me preguntan a mi, les diría que quizás el público no estaba preparado en aquel momento para una película de estas características. Schwarzenegger venía de protagonizar filmes como Total Recall y Terminator 2: Judgement Day, y aunque ya había participado en alguna comedia como Twins o Kindergarten Cop, no parecía el momento oportuno para cambiar a un registro más serio y dramático, mucho menos irónico. La crítica le fulminó y el público no le favoreció demasiado, pero obtuvo seis nominaciones... a los premios Razzie, aunque no ganó ninguno.

Un cinéfilo empecinado, como ya era un servidor en 1993, aparte de disfrutar con la parodia, la trama de la película y un fabuloso reparto que incluía a Charles Dance, F. Murray Abraham, Anthony Quinn, Ian McKellen o Joan Plowright, disfrutaba descubriendo los numerosos cameos entre los que se podía encontrar a Sharon Stone, Robert Patrick, M.C. Hammer, Melvin Van Peebles, Tina Turner, Bobbie Brown, Colleen Camp, James Belushi, Chevy Chase, Jean-Claude Van Damme, Danny DeVito, el propio Arnold Schwarzenegger haciendo de sí mismo, Humphrey Bogart a través de uno de sus personajes, los cartoons de Who Framed Roger Rabbit?, o el propio Sylvester Stallone en la publicidad de un videoclub en el que, dentro de la ficción de la película, él era quien había hecho Terminator.

Al menos en España hubo un ingrediente más para entorpecer el estreno de la película pues los dobladores se encontraban sumergidos en una huelga que obligó a que el doblaje no se realizara con las voces acostumbradas. Al menos a mi no me afectó pues siempre veo el cine en su versión original, incluso aunque se trate de cine español.