Placer culpable: It’s All Gone Pete Tong y su efecto Beethoven

Es probable que algunos de vosotros no hayáis oído hablar de la película que he elegido hoy para mi Placer culpable. Aunque llegó a estrenarse en salas comerciales (al menos en España la pudimos ver en algunas salas aunque llegara con tres años de retraso), la película tampoco gozó de una promoción desmesurada, pese a que la producción data de 2004 y pasó por festivales como Cannes o Toronto.

Sin embargo cada año se realizan muchísimas películas en todo el mundo y, evidentemente, es imposible verlas todas. Lo bueno es que a veces tenemos la suerte de que una de esas películas que encontramos por casualidad, en la reseña de alguna revista, nos despierta la curiosidad y nos anima a verla sin prejuicios, sin esperar una gran obra que sea la panacea del cine.

Eso es lo que me ocurrió a mi con It's All Gone Pete Tong: no tenía ninguna idea preconcebida al verla, sólo sabía que trataba del movimiento clubber en Ibiza y de uno de los djs más famosos de la isla, cómo llegó a lo más alto y cómo llegó a tocar fondo. Para cualquiera que le resulte interesante esta música y todo lo que la rodea, independientemente de los elementos cinematográficos, esta película debería despertar su curiosidad. Y más aún cuando en aquel momento se creó una leyenda sobre la película, a mucha más pequeña escala, del tipo de The Blair Witch Project.

Esto es porque el personaje protagonista, un dj llamado Frankie Wilde, supuestamente ha sido lo mejor que la había pasado a la isla en muchos años. La película se narra como un falso documental donde vemos el auge que tuvo ese dj y cómo llegó a cambiar la filosofía de clubs con germen en Ibiza pero extendiéndose a todo el mundo. Lo mejor y lo más importante es que para hacer más verídica la historia, en la película tenemos declaraciones reales de grandes pinchadiscos como Carl Cox, Dj Tiësto, Pete Tong o John Digweed que hablan de este personaje como si hubiera existido en realidad, afirmando que le cambió la vida y que ha sido el mejor dj que han visto nunca. En aquel momento los foros musicales y cinematográficos hervían de comentarios preguntándose si la historia era real o no, si esa leyenda del tal Frankie Wilde era realidad. Evidentemente, todo era falso.

Sin embargo la película nos da una sensación de verosimilitud en todo momento que nos hacen plantearnos la verdadera historia del personaje. Lo que está claro es que ese dj no existió en verdad aunque la historia sí que toma elementos reales para construirse. En ella podemos ver al protagonista haciendo todo tipo de salvajadas, de las cosas más inverosímiles que os podáis imaginar, debido a la locura, la falta de sueño y las altas dosis de droga que tomaba cada día. Esto, estoy seguro, es algo que ocurre a diario en ese mundo, y más si eres un pinchadiscos de ese nivel. Lo interesante de la película es que este dj poco a poco va perdiendo su audición debido al alto volumen de la música que escucha a todas horas, lo que le conduce a la locura más absoluta.

Pero esta locura del personaje se quedaría en nada si no tuviera una buena interpretación, y en eso Paul Kaye se lleva la palma. El actor, que ya físicamente encaja perfectamente en el personaje, va más allá de cualquier método de interpretación y no sólo le da vida al personaje, sino que es él mismo. Es tan creíble cuando vemos al protagonista en pantalla que ayuda en gran manera a hacernos creer que toda la historia de este falso documental puede ser real. Kaye es la clave de todo, de que el espectador entre en la película desde el primer momento, de que le acompañemos en sus momentos de éxtasis y en sus depresiones más profundas. Es de agradecer que en una película de este tipo, que simplemente podría haberse quedado en el mero ámbito del musical, también se haga especial hincapié en hacer un trabajo de calidad.

Y no me refiero sólo a la interpretación del protagonista, sino también al trabajo de guión y de dirección realizado por Michael Dowse. Un perfecto conocedor de esta filosofía de clubs que, si bien está parodiándola en todo momento, a la vez se muestra muy respetuoso con todo el ámbito artístico que las rodea. Una historia sólida con un personaje protagonista muy bien trabajado y con unos secundarios que le ayudan a avanzar en la historia. Además intercala perfectamente las entrevistas con djs reales para dotar de mayor verosimilitud a la historia, algo que es de agradecer.

En definitiva, para cualquier que lea la sinópsis de la película o algunos artículos, se puede quedar con una película sobre la música electrónica, sobre la vida de un dj trastornado por las discotecas ibicencas. Sin embargo la historia va más allá, y hay un gran trabajo detrás de la cinta que la han hecho merecedora, a mi parecer, de encontrarse entre nuestros Placeres culpables.