Secuencia favorita: domando al indomable Will Hunting

1997 fue un año de buenas y grandes películas, en los cines pudimos disfrutar de As Good as It Gets (Mejor... Imposible), The Full Monty, L.A. Confidential y Good Will Hunting (El indomable Will Hunting). Por desgracia todas ellas se vieron eclipsadas por el Titanic de James Cameron. Aún así, todas ellas consiguieron arañar algún premio en la 70th edición de los premios Oscar. Good Will Hunting (El indomable Will Hunting) tenía nueve nominaciones y se llevó a casa dos de los grandes premios: Mejor Guión Original, para los jóvenes Ben Affleck y Matt Damon; y Mejor Actor Secundario para un comedido Robin Williams.

La película dirigida por Gus Van Sant se centra en Will, un joven de los suburbios de Boston, que trabaja en la construcción pero que posee una asombrosa inteligencia, y está particularmente dotado para las matemáticos. Gerard Lambeau (Stellan Skarsgård), un profesor de la universidad donde Will limpia, se percata de sus facultades y decide aprovechar su gran capacidad matemática pero él chico se resiste porque disfruta de sus amigos, de una vida sin complicaciones, de la bebida, de alguna que otra pelea ocasional y de Skylar, una joven a la que acaba de conocer. Gerard dándose cuenta del incontrolable y problemático carácter del joven le busca un psicólogo para controlar sus accesos de ira y guiarle por el camino correcto. Will no encaja con ninguno de ellos hasta que llega Sean Mcguire (Robin Williams), un antiguo amigo de Lambeau que ha perdido a su mujer por culpa del cáncer. La relación entre ambos será fundamental, tanto para el chico como para Sean.

A través de las sesiones el psicólogo le ayudará a superar su rabia, a vivir con su pasado, a quererse como persona y a confiar en los demás. Será algo más que su guía, será su mentor, su amigo, su apoyo. Claro está que para llegar a ese punto primero tienen que romper el hielo y Will tiene que aprender a confiar en Sean, por eso, un día lo cita en el parque. Esa escena es muy poderosa, porque Will apenas habla, se limita a escuchar y mirar fijamente al suelo. Mientras Sean le habla de la vida, del amor, del sufrimiento y de la confianza. Sean es directo y sincero algo a lo que Will no está acostumbrado, por eso las palabras del psicólogo le hacen pensar y recapacitar. Se inicia así la relación entre ambos, con un salto de fe por parte de Will y una charla en un banco. Hay muchas escenas y momentos a destacar dentro de esta película pero de todas ellas me quedo con esta escena.

Tras un primer encuentro un tanto violento, en el que Will se burla de Sean usando una pintura que hay en su estudio. Vemos como el hombre adulto se da cuenta de que está lidiando con un chico asustado y engreído, muy inteligente que aún no ha empezado a vivir, que aún no ha amado y que desea, aunque no lo sepa aún, cariño. Sean es consciente de que por muy listo que sea Will, nunca ha experimentado la vida y que se protege del mundo detrás de los datos, de su rabia y de su fuerza física. Con esta charla Sean consigue hacerle pensar, entrar en su mundo y retarle, lo suficiente como para que acepte seguir con el tratamiento.