Extremely Loud & Incredibly Close: el melodrama terapéutico

Por sí misma, Extremely Loud & Incredibly Close es un melodrama interesante que huye de la sensiblería excesiva y el sensacionalismo sentimental, resultando además muy terapéutico. No hace falta que tu padre haya fallecido en el 11-S para haber pasado por alguna experiencia similar. Y no es que lo diga yo, es que es una de las premisas de la propia película, como se desprende de la resolución de la trama de la llave. Pero si tenemos en cuenta que detrás de ella se encuentra un guionista y un director como Eric Roth y Stephen Daldry, quizás hubiéramos esperado algo mejor.

A pesar de no tener una trama argumental consistente, Extramely Loud & Incredibly Close engancha al espectador gracias a unos personajes muy bien construidos, que se mueven en un mundo diseñado con tanto gusto como credibilidad, desde el diseño de producción de K.K. Barrett, que ya se preocupara de espacios exquisitos en los filmes de Spike Jonze y Sophia Coppola; hasta la fabulosa banda sonora de Alexandre Desplat, con ecos a la que Philip Glass compusiera para The Hours; incluyendo la estupenda fotografía de Chris Menges, que ya colaborara con Daldry en The Reader, así como también lo hiciera Claire Simpson, responsable del montaje de la película.

Me quito el sombrero ante la interpretación del joven Thomas Horn como Oskar Schell, un niño inteligente -casi un nerd en toda regla-, pero con problemas psicológicos que sus padres combaten con comprensión y cariño en lugar de con médicos y terapeutas. Si sus padres en la ficción, Tom Hanks y Sandra Bullock, están como se espera de ellos -resaltando quizás la interpretación de ella-, también están estupendas las otras dos parejas de la película, la que forman la maravillosa Viola Davis y Jeffrey Wright, así como la de los veteranos Max von Sydow y Zoe Calswell, una actriz de actividad increíblemente intermitente pero extraordinariamente consistente, que tan sólo ha participado en filmes como The Purple Rose of Cairo y Birth, aparte de incursiones televisivas y poner voz a un personaje de Lilo & Stitch.

Sin embargo, por extremadamente fuerte que lo digan y por muy cerca que estén de conseguir sus objetivos, la película deja una sensación de que podría haber sido más y de que llega un poco tarde. Al menos un servidor esperaba más de la cuarta película de Stephen Daldry, director de filmes como Billy Elliot, The Hours o The Reader, así como de un guionista como Eric Roth, que si ya había practicado el melodrama con mejor o peor fortuna en filmes como Mr. Jones o The Horse Whisperer, también había sido capaz de desarrollar guiones tan elaborados y complejos como los de The Insider, Forrest Gump, The Good Shepherd o The Curious Case of Benjamin Button, además de haberse acercado anteriormente al 11-S, aunque fuera desde lejos, en un filme tan arriesgado como Munich.

Si bien no creo que haya ninguna discusión sobre la superioridad de Extremely Loud & Incredibly Close frente a aquella patética muestra de patriotismo recalcitrante que fuera World Trade Center, parece que la propuesta llega un poco tarde. O si acaso, que el pretexto del trauma pesa demasiado sobre el verdadero tema de la película, al tratarse de un acontecimiento tan fácilmente reconocible en todo el mundo para hablar sobre los traumas y la necesidad de hablar de ellos para poder llegar a superarlos verdaderamente, que es el verdadero tema de la película y no específicamente los atentados del 11-S. De hecho, el trauma de Oskar no es muy diferente del de cualquier otro de los personajes que visita en su periplo buscando una cerradura. En cualquier caso, el tema de la película resulta perfectamente coherente con la filmografía de Daldry que siempre ha girado entorno a los dramas y traumas emocionales de sus personajes y los problemas tenían para superarlos.

Se agradece que la película eluda la demonización de cualquier colectivo social o cultural, responsabilizando del que fuera para el protagonista "el peor día" a nada ni a nadie, más que al azar, como explica muy bien a Oskar su propia madre. Muy positivo es también el mensaje que obliga al personaje a buscar en sí mismo la respuesta a sus propios problemas y no en los demás, así como a perdonar y olvidar, algo que quizás se deba a que tanto director como la mayor parte del equipo son europeos, que no vivieron en primera persona el trauma del 11-S, pero sí desde luego muchos otros.

3 estrellas