Enter the Void: existencialismo psicodélico impresionista

Casi es de agradecer que Gaspar Noé no sea un director excesivamente prolífico. Cineasta francés de origen argentino, hijo del pintor neoexpresionista Luis Felipe Noé, pareciera que el director de Irreversible no sólo está conforme con compartir con el espectador su punto de vista sobre la vida, sino que pretendiera someterle con cada una de sus obras a una experiencia intensa, impactante y sobre todo impresionista. En este sentido es uno de los pocos cineastas contemporáneos que ha recogido el legado de los representantes de la vanguardia francesa como Louis Delluc, Germaine Dullac, Marcel L'Herbier, Jean Epstein y, sobre todo, Abel Gance.

Como muchas otras vanguardias que surgieran en Francia en el período de entre guerras, el impresionismo aspiraba a que se considerara al cine como un arte comparable a otras expresiones artísticas. Se trataba de expresar con imágenes en movimiento aquello que otros expresaban a través de poseía, música o pintura. La intención de los impresionistas era transmitir las sensaciones y emociones de los personajes, para lo que generaban sencillas historias, de tres o cuatro personajes, para las que utilizaban todos los medios técnicos a su alcance con el objetivo de transmitir a la mayor exactitud la experiencia al espectador. A pesar de la sencillez de los planteamientos argumentales, la mayoría de las veces las películas alcanzaban una extensa duración.

Todas estas características las podemos encontrar en Enter The Void, el último largometraje dirigido por Gaspar Noé, que si se fuera con las manos vacías del festival de Cannes, pudo recoger el Premio Especial del Jurado en el de Sitges, así como un premio por la fotografía para Benoît Debie. Si en Irreversible el pretexto de contar el periplo de una pareja, desde su trágico final hasta su bucólico principio, servía para confirmar la premisa con la que se iniciaba la película, "el tiempo lo jode todo", en Enter the Void la premisa está proclamada desde el mismo título.

Tras una vibrante y espectacular secuencia de créditos, que consigue arrebatar por sí misma al espectador, conoceremos la historia de dos hermanos, Oscar (Nathaniel Brown) y Linda (Paz de la Huerta), que una vida repleta de momentos trágicos y tremebundos no impedirán que salgan siempre adelante, aunque sea en los ambientes más sórdidos, tremebundos y deprimentes de Tokio. En este periplo Gaspas Noé nos llevará de lo particular a lo general, pero siempre desde un único punto de vista, el de Oscar. Y es que, a pesar de que Oscar fallece en un tiroteo con la policía, se niega a romper la promesa que una vez le hizo a su hermana cuando juró que nunca le abandonaría. Quizás haber leído The Tibetan Book of the Dead le ayuda a permanecer junto a ella buscando el camino para volver a su lado. Pero ¿quien querría volver a una vida así?

Los que se hayan llevado las manos a la cabeza pensando que les he destrozado la película pueden respirar y estar tranquilos, porque es Gaspar Noé quien les destrozará la tarde en una experiencia tremendamente turbadora que si en algunos momentos puede parecer algo larga, no será hasta los últimísimos tres planos de la película cuando lleguen a comprender verdaderamente el sentido de su propuesta. Enter the Void es una película tan impactante como perturbadora que aunque conseguirá joderte el día -aludiendo aquella premisa de Irreversible- esconde esa necesidad del ser humano de olvidar todo lo negativo para concentrarse única y exclusivamente en el amor y las cosas positivas de la vida.

5 estrellas